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«Breaking Bad» y «Casa de mi padre»: ¿el español conquista Estados Unidos?


Una de las cosas que más me divierte de la cruzada contra el anglicismo en el mundo hispanohablante es su contrapartida —igual de histérica— en Estados Unidos: la lucha contra la creciente influencia del español debido a las oleadas de inmigración tanto legal como ilegal desde el sur del río Grande. La semana pasada, el candidato presidencial republicano Rick Santorum, al ser interrogado sobre la posible incorporación de Puerto Rico como estado, expresó su apoyo, aunque con la salvedad de que se respete la ley federal y adopte el inglés como lengua oficial. Nadie ha acusado a Santorum de ser un intelectual, mucho menos de ser un experto constitucionalista. Pero una de las cosas más simpáticas de Estados Unidos es que no tiene idioma oficial. A los padres de la patria norteamericana —viviendo en la feliz etapa previa al romanticismo y el nacionalismo— ni siquiera se les pasó por la cabeza la necesidad de indicar en su Constitución que el idioma inglés tendría que ser la lengua oficial del gobierno que estaban fundando. Pese a lo candente que siempre es el tema de la identidad cultural, el movimiento de consagrar oficialmente el anglosajón moderno como idioma legal no ha hecho demasiados avances.

¿Hasta dónde llega el grado de influencia del español en la patria de Noah Webster? Creo que la evidencia es mixta. Tomemos dos ejemplos, uno de la televisión y otro del cine.

El primero es el empleo de larguísimas escenas en español pero sin ninguna clase de subtítulo al principio de varios capítulos de la serie Breaking Bad. He visto dos o tres comentarios sugiriendo que la ausencia de subtítulos se debe al creciente bilingüismo de Estados Unidos. Pero esto es una forma errónea de interpretar estas escenas.

Breaking Bad se ha caracterizado desde el principio por la presentación al principio de cada capítulo de una imagen incomprensible, a menudo surrealista, que carece de cualquier contexto. Esta imagen se olvida inmediatamente y luego surge de nuevo, de forma inesperada, en el momento más álgido del capítulo. La técnica me recuerda bastante los comienzos de Dos metros bajo tierra, que comenzaba siempre con la muerte de la persona que sería velada durante ese capítulo en las pompas fúnebres de los hermanos Fisher. Aunque tangencialmente relacionada con el resto del capítulo, lo importante es que esta escena funcionaba como una forma a la vez brutal de recordarnos nuestra mortalidad (el tema de la serie) y un modo impactante de comenzar cada episodio.

Breaking Bad lleva esta misma técnica un paso más allá y la elabora de forma mucho más audaz. Un capítulo, por ejemplo, comienza con una imagen de un conejo de peluche con un ojo faltante que flota en una piscina. Esta imagen se queda en el aire hasta que, 40 minutos más tarde, el espectador comprende que el peluche es parte de los restos macabros de una colisión entre dos aviones.

Las largas escenas en español son realmente herramientas dramáticas para provocar este mismo efecto del extrañamiento. Se trata de quebrar las convenciones realistas para crear un tipo de experiencia estética más compleja, de segundo nivel, «meta» y posmoderna. Breaking Bad experimenta más con los límites de la ficción que la mayor parte de la televisión que jamás se haya hecho. Por eso creo que esas escenas no tienen nada que ver con la creciente influencia del español. Igual podrían haberse filmado en silencio o en sueco. La apuesta de los realizadores es lograr seguir contando una historia a un público angloparlante incluso aunque se supriman elementos tan esenciales como el diálogo.

Pasemos a otro caso. Esta semana se estrenó una comedia llamada Casa de mi padre, protagonizada por Will Ferrell. Tengo entendido que se trata de una parodia del género de la telenovela y está hablada principalmente en español (esta vez con subtítulos). Hablando en el Daily Show, Ferrell contó que no aprendió español sino que simplemente recitó el guion fonéticamente (cosa evidente para cualquier hispanohablante). Ferrrell también se presentó en el programa de Jimmy Kimmel, donde mantuvo una larga entrevista en español puramente fonético y subtítulos en inglés con el anfitrión. (Juzguen ustedes si la entrevista da una idea sobre la calidad de la película. A mí, personalmente, Will Ferrell nunca me ha hecho reír, a pesar de que soy devoto de Saturday Night Live desde que tenía diez años. Pertenece más a la tradición del clown que al del comediante stand-up.)

Sin embargo, más que evidencia de la potencia del español, creo que indica la fuerza de la cultura latina. Lo primero que uno tiene que preguntarse es cómo un público angloparlante que no ve telenovelas latinoamericanas en ningún idioma va a reírse con una parodia de este género. La respuesta es que muchos norteamericanos han visto telenovelas en español igual que muchos de nosotros, mientras surfeamos los canales de cable. Y aunque yo no he visto muchas, conozco sus convenciones. Pero si la película triunfa (y hay pocos motivos para esperar que sea un éxito, porque las críticas son uniformemente negativas), es porque incluso el angloparlante monolingüe comprende la gestualidad exagerada y las técnicas granguiñolescas de la telenovela sudamericana: entiende que la pareja se está peleando; entiende que el villano es villano porque la música tenebrosa se lo indica; comprende que la madre y la hija están compartiendo un momento de nostalgia porque el violín se lo dice de forma nada sutil.

Más que bilingüe o plurilingüe, mi impresión es que Estados Unidos se está volviendo un país pluricultural, con una mayoría firmemente angloparlante y monolingüe que sin embargo está conectada, o al menos yuxtapuesta, con muchas culturas procedentes del resto del mundo.

Acerca de Miguel Llorens

Soy un traductor financiero autónomo especializado en documentos financieros, renta variable, renta fija e informes anuales. He trabajado como traductor de plantilla para Goldman Sachs, RGFT (ahora CLS Communications), H.B.O. y el Open Source Center. Para conocer más sobre mis servicios, visite traductor-financiero.com. También estoy en Twitter y LinkedIn.