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Fundéu ataca de nuevo: traducción, voz pasiva y consejas de viejas


Quod natura non dat, Salmantica non praestat.

You can take the boy out of Texas, but you can’t take Texas out of the boy.

Uno de los gajes de este oficio es que uno está expuesto de forma periódica a las recomendaciones paternalistas de Fundéu sobre cómo esquivar el pecaminoso anglicismo. Para esta clase de instituciones, la traducción es un problema y un peligro, no una actividad cultural enriquecedora. Cual celosos guardacostas lingüísticos, los empleados de Fundéu están constantemente a la caza del extranjerismo coleado en alguna patera procedente del Canal de la Mancha.

El problema con las instituciones no sujetas a control democrático es que se les suele ir la mano. Se otorgan a sí mismas más que suficiente soga para ahorcarse. Un ejemplo de la normatividad desbordada lo tenemos en una pieza publicada hace algunos meses: La traducción, consejos básicos, firmada por dos profesores de periodismo de la Universidad Europea de Madrid. Antes que nada, llama la atención que dos catedráticos que no son traductores sean los convocados a instruir al público sobre lo que se debe y no se debe hacer al ejercer la actividad de la traducción. Y a partir de allí, todo es cuesta abajo.

El texto arranca con un consejo inicial de una condescendencia tan sublime que flirtea con lo insultante. La recomendación inicial es nada más y nada menos que hay que «ser fieles al original».

A partir de allí, la caída es prácticamente vertical.

Siguen recomendaciones completamente insondables por su absoluta falta de conocimiento de la lingüística:

…es habitual que quienes traducen del inglés incluyan muchas más oraciones en voz pasiva de las que habitualmente emplea el español. Algunas son sencillamente incorrectas (las que se forman con verbos intransitivos en español); otras, poco naturales en nuestra lengua, que tiende a la voz activa tanto como el inglés a la pasiva.

Francamente, estamos en el reino de lo que podríamos llamar «realismo mágico gramatical». Esto es una ruidosa colisión entre la normatividad en castellano con la guerra que sus primos hermanos ingleses han luchado desde hace siglos contra la voz pasiva. Lo que los une: la lucha totalmente histérica en ambos idiomas contra la voz pasiva (fruto de un prejuicio tonto sin ningún fundamento científico). Realmente asombra el desparpajo con el que los autores lanzan al aire estos datos absolutamente espurios.

Lo más chocante es que la afirmación en cuestión es completamente empírica y verificable. Cabe la pregunta: ¿en qué estudios lingüísticos se basa esta proposición de que «el inglés tiende más a la voz pasiva que el español»? Pues yo te lo puedo decir: absolutamente en ningún estudio empírico, aparte de la fértil imaginación de los autores y el pesado fardo de la tradición de sinsentidos normativos que ellos se encargan de transmitir de forma completamente acrítica.

Estos hispanohablantes ignoran que los mismos fundamentalistas del idioma inglés llevan siglos luchando contra la voz pasiva basados en argumentos tan imaginarios como baladíes («la voz pasiva es débil, es indicativa de pensamientos pasivos», etc.).

Si nos obsesiona tanto la voz pasiva (y poseemos un mínimo de curiosidad intelectual), no creo que sería tan difícil asignar a un ordenador, un programa básico de análisis de corpus lingüísticos y un becario nimileurista la tarea de generar algunos datos sobre la frecuencia de la voz maldita en los respectivos idiomas. Hasta entonces, el reino de las recomendaciones de uso seguirá inmerso en un Hades precopernicano donde también conviven los horóscopos, el cartílago de tiburón, el vudú y la homeopatía.

Pero, sorpresa, he aquí que hace ya más de veinte años una lingüista llamada Carmen Gómez Molina analizó diversos corpus para medir la frecuencia del uso de la pasiva y llegó a la siguiente conclusión (tajante):

El número de construcciones pasivas en inglés no es superior al calculado en los corpus españoles, y en el alemán parece haber menos. (…) Hasta que se demuestre lo contrario, no parece que el español emplee menos fórmulas pasivas que las lenguas con las que se le compara de costumbre. Incluso a veces sucede lo contrario, sin diferencia de género y en cada género en particular. Las intuiciones y la repetición de lugares comunes deberían evitarse. (Josse De Kock, Carmen Gómez Molina, Las formas pronominales del verbo y la pasiva, pp. 99-100)

«Las intuiciones y la repetición de lugares comunes deberían evitarse.» En mis sueños más autoritarios, los fanáticos de la normatividad tendrían que tatuarse esta oración en la frente.

Resulta que a veces aunque la naturaleza no lo haya dado, Salamanca sí lo presta, pero hay que estar lo suficientemente avispado para aceptar dicho préstamo. Ahora bien, mi pregunta es la siguiente: si el Estado español invirtió dinero hace dos décadas para que dos catedráticos salmantinos llegasen a esta conclusión científica, ¿cómo es posible que un cuarto de siglo después la noticia no haya llegado a la Escuela de Periodismo de la Universidad Europea de Madrid? ¿Será un problema de comunicación? ¿Quizás el mal estado de las carreteras que comunican a Madrid con Salamanca? ¿Falta de disponibilidad de Internet en una de las dos ubicaciones? No lo sé.

Cuando yo estudiaba en pregrado, uno de las formas más facilonas de sentirse superior era reírse de la ignorancia de los estudiantes de comunicación social. No sé si esos estereotipos seguirán vigentes, pero, de ser así, quizás un paso hacia adelante para superarlos sería incluir algún cursillo sobre lingüística dentro de la carrera. Y quizás no estaría de más hacer la misma recomendación a las escuelas de traducción e interpretación, ya que sus graduados no se quedan muy a la zaga a la hora de transmitir estas consejas de viejas durante su diario quehacer.

En resumen, resignémonos a que los académicos de la lengua (que no científicos de la lengua) siempre verán la traducción como una actividad sospechosa que se debe vigilar con el mismo cuidado con que la policía inglesa vigila las puertas de la embajada de Ecuador en Londres. Pero ruego encarecidamente a los señores de Fundéu que antes de lanzar al ciberespacio un texto que 1) obtendrá una difusión extensa debido al prestigio de Fundéu y la ansiedad un poco histérica que siente la gente al usar su propio idioma, y 2) permanecerá rebotando por Internet durante muchos años debido a la persistencia de los mensajes electrónicos, consulten a un lingüista de trayectoria reconocida o a una traductora de buena reputación. Solicito humildemente que, a la hora de advertir a los traductores que anden con cuidadito, al menos tengan la cortesía de emplear a personas realmente cualificadas para al menos no seguir esparciendo leyendas y mitos estúpidos sobre el lenguaje.

Acerca de Miguel Llorens

Soy un traductor financiero autónomo especializado en documentos financieros, renta variable, renta fija e informes anuales. He trabajado como traductor de plantilla para Goldman Sachs, RGFT (ahora CLS Communications), H.B.O. y el Open Source Center. Para conocer más sobre mis servicios, visite traductor-financiero.com. También estoy en Twitter y LinkedIn.

«Gran Bretaña» es y no es el «Reino Unido», o las trampas de la normatividad


Cuando le preguntas a un inglés cuál es la diferencia entre Gran Bretaña y el Reino Unido, responde como un soldadito bien entrenado que Gran Bretaña es la isla donde se encuentran Inglaterra, Escocia y Gales, mientras que el Reino Unido, en contraste, es la entidad política que reúne a Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte. Esta distinción queda reflejada en una advertencia emitida por la Fundéu hace algunas semanas:

Términos que no deben emplearse indistintamente.

Recuérdese que Gran Bretaña está formada por Inglaterra, Escocia y el País de Gales; y el Reino Unido por Gran Bretaña e Irlanda del Norte.

Por tanto, Gran Bretaña no es sinónimo de Reino Unido, puesto que se deja fuera a Irlanda del Norte y que tampoco lo es Inglaterra, que solo es una parte del país, como lo son Gales, Escocia e Irlanda del Norte.

Ahora bien, esto es técnicamente correcto, por cuanto corresponde con el concepto estricto que se emplea para hablar de este país. El problema es que la regla según la cual «Gran Bretaña» no coincide con el «Reino Unido» no se respeta en muchos usos de estos términos por parte de los mismos británicos. Si se escucha a un inglés hablar de «Britain» e incluso «Great Britain» y se le pregunta si está excluyendo explícitamente de su afirmación a Irlanda del Norte, en el 99% de los casos te dirá que no, que estaba usando estos términos en sentido laxo. Gran sorpresa: el uso lingüístico se desvía con frecuencia de la norma y el concepto. Por eso, traducir sus afirmaciones al español como «Gran Bretaña» en lugar del «Reino Unido» sería incorrecto. En este caso, «Great Britain» es el «Reino Unido», en contradicción directa de la advertencia de Fundéu. Dicho de otro modo, el traductor o revisor que imagina que el término «Britain» en muchos de sus textos se debe traducir como Gran Bretaña se está equivocando rotundamente. En muchos casos, debe traducir este término usando «Reino Unido», porque el hablante no está excluyendo a Irlanda del Norte de su afirmación. Lo que quisiera ilustrar es que afincarse excesivamente sobre las definiciones lexicográficas sin tener en cuenta el contexto del uso te llevaría a cometer errores de traducción. Y lo que distinguirá a un buen traductor de un gran traductor es tener esa sabiduría que no está en los libros. Es importante saber apartarse de nuestros doctos diccionarios y normas cuando así lo dicten el sentido común y el respeto por las idiosincrasias del uso.

Me parece un ejemplo perfecto de los errores en los que podemos incurrir al creer que hay una correspondencia unívoca entre nuestros conceptos, nuestras palabras y nuestra realidad. Y creo que esta es una de las principales flaquezas de la normatividad a ultranza de ciertas instituciones lingüísticas: creer que la definición del diccionario tiene alguna clase de precedencia sobre el uso, o que incluso refleja tanto el uso como el concepto exhaustivamente. Un diccionario no es una autoridad, ni una descripción del uso, ni una descripción completa de nuestros conceptos. Es un poco de todas estas cosas a la vez y ninguna. Y por eso debemos aprender a utilizarlo como una herramienta y no como una recopilación de leyes. Desconfía de todo aquel que bese el libro después de cerrarlo.  

Aprender reglas es fácil. Los chimpancés son tan buenos como los seres humanos para eso. Es muchísimo más difícil prestar atención a las sutilezas del uso y las trampas conceptuales del lenguaje. Una de estas dos habilidades es la que distingue a un profesional realmente útil. Adivina tú cuál es cuál.

Acerca de Miguel Llorens

Soy un traductor financiero autónomo especializado en documentos financieros, renta variable, renta fija e informes anuales. He trabajado como traductor de plantilla para Goldman Sachs, RGFT (ahora CLS Communications), H.B.O. y el Open Source Center. Para conocer más sobre mis servicios, visite traductor-financiero.com. También estoy en Twitter y LinkedIn.

¡Hombre, un traductor!


(La siguiente pieza fue escrita por los blogueros invitados Ruth Gámez y Fernando Cuñado de http://www.traduccionjuridica.es.)

Esta exclamación es algo que escuchamos a menudo cuando visitamos clientes y potenciales compradores de nuestros servicios. Sí, somos traductores y visitamos clientes.

Hace algunas semanas participamos en un interesante intercambio de opiniones sobre el tema del marketing de los servicios de traducción. Tal cosa sucedió en Twitter donde, hay que reconocerlo, últimamente suceden algunas de las cosas más interesantes, y en él participaron varios colegas. Fruto de este debate, el autor de este blog (@miguelllorens) nos invitó a compartir nuestra experiencia con sus lectores, lo que le agradecemos humilde y sinceramente.

Circulan hoy un sinfín opiniones acerca de la eficacia de las redes sociales como instrumentos de marketing y captación de clientes. Algunos gurús de las nuevas tecnologías aseguran que es posible captar innumerables clientes y hacer crecer nuestro negocio usando exclusivamente, o de forma primordial, estos medios. Otros profesionales (entre los que nos encontramos) defienden que la labor de captación de clientes es mucho más eficaz usando métodos tradicionales. No estamos en contra de las redes sociales ni somos traductores del tipo San Jerónimo, del que hablaba hace poco nuestra amiga Isabel (@igcutillas). Pensamos que las redes sociales sirven para muchas cosas: informarnos, aprender, compartir conocimientos, conocer colegas y darnos a conocer. Pero no creemos que sean, ni mucho menos, los mejores instrumentos para que un traductor autónomo capte nuevos clientes y haga crecer su negocio. Al menos nosotros no lo hemos conseguido hasta la fecha. Y no será por no intentarlo. Será por falta de pericia, será por falta de conocimientos o por no haberlo hecho adecuadamente. Tal vez. Pero, también es cierto que nueve de cada diez traductores entrevistados reconocen haber captado uno o ningún cliente después de años posteando blogs magníficos y teniendo una gran corte de seguidores en Twitter. Parece que no estamos solos en nuestra impericia.

Cómo lo hacemos nosotros, entonces. Pues bien, no pretendemos descubrir nada nuevo en este artículo ni inventar la rueda. Lo único que hacemos es lo siguiente: (i) seleccionamos clientes que sean potenciales compradores de nuestros servicios; (ii) tratamos de identificar a la persona encargada de contratar las traducciones en dicho cliente (para esto LinkedIn puede ser útil); (iii) llamamos por teléfono a la empresa o buscamos algún contacto que nos haga llegar hasta esa persona para tratar de concertar una entrevista; (iv) nos ponemos el traje y vamos a visitarles. Cuando los pasos (ii) y (iii) son muy complicados, y a menudo lo son, nos los saltamos y pasamos directamente al (iv).

Es verdad que existen otras fórmulas: contacto telefónico, referencias de otros colegas, pruebas de traducción. Válidas, sobretodo, para trabajar con agencias de traducción (ver entradas recientes en los blogs de @pabletepucela o @Martine_FC). Debemos aclarar aquí que nosotros trabajamos, casi exclusivamente, con clientes directos.

Las razones por las que utilizamos este método para hacer crecer nuestro negocio son dos. La primera es porque a nosotros nos funciona. Sí, es cierto, no es muy científico, lo reconocemos. Pero también es cierto que de cada diez visitas presenciales que hacemos solemos conseguir entre uno y dos nuevos clientes. Un ratio de conversión del 10 % o el 20 % en una acción de marketing es un ratio muy alto, pero hay que tener en cuenta que son acciones muy enfocadas que conllevan un arduo trabajo previo y posterior. ¿Cuántos tuiteos, comentarios en facebook o contactos en LinkedIn hacen falta para obtener este ratio? Lo más probable es que nadie lo sepa.

La segunda razón es porque pensamos que la relación traductor-cliente es una relación comercial basada, primordialmente, en la confianza. No en el precio, como algunos creen. Años de experiencia nos han llevado a la conclusión de que las empresas que contratan asiduamente traducciones necesitan confiar en su proveedor. Los servicios del traductor son muy valiosos y, en ocasiones, muy críticos para el negocio de nuestros clientes. Aunque lo primero que nos pidan siempre sea el mejor precio (lo que tiene mucho sentido cuando no nos conocen), nosotros sabemos, y ellos saben, que lo que necesitan es poder confiar a ojos cerrados en su proveedor de traducciones. Esta confianza es difícil de generar por correo electrónico. Una visita personal de contacto ayuda a ponernos cara y facilita iniciar una relación comercial. Un trabajo impecable posterior ayuda a cimentar la confianza de nuestro cliente. Y una visita ocasional cuando ya llevamos tiempo trabajando juntos sirve para crear una relación personal de confianza y beneficio mutuo.

Así trabajamos con casi todos nuestros clientes. No es que sea la forma más fácil de hacerlo, pero creemos que es la mejor y la más rentable a largo plazo. Esta estrategia conlleva invertir tiempo, dinero y esfuerzo. Pero, gracias a ella hemos ido creando, poco a poco, una cartera de clientes que confía en nosotros y que, en la mayoría de los casos, no nos pregunta el precio de la traducción antes de encargarla.

Puede que dentro de algún tiempo seamos capaces de conseguir el mismo nivel de eficacia usando las redes sociales ¡Quién sabe! Entre tanto, tendremos que seguir leyendo a @edans y continuar aprendiendo de los expertos. Se admiten todo tipo de sugerencias.

Ruth Gámez y Fernando Cuñado son traductores autónomos y licenciados en Derecho. Se dedican a la traducción jurídica de inglés y francés. Puedes contactar con ellos a través de su página web (http://www.traduccionjuridica.es) o seguir su cuenta en Twitter (@traduccionjurid).

Fundéu y la traducción de «fiscal compact»


Jeff: Webster’s dictionary defines… Annie: Stop! “Webster’s dictionary defines”?! That’s the Jim Belushi of speech openings! It accomplishes nothing, everybody keeps using it, and nobody knows why. —Community, “Urban Matrimony and the Sandwich Arts”


Dicen que para quien tiene un martillo, todos los problemas parecen clavos. Yo añadiría que quien tiene un martillo y carece de oficio útil empieza a ver clavos donde ni siquiera hay problemas. Y se lanza a martillar salvajemente sobre todo cuanto Dios creó, como un niño inquieto que no se ha tomado su medicamento antihiperactivo.

Uno de los problemas con la lucha contra los falsos amigos es que lleva gradualmente a la sospecha paranoide de que todos los amigos son falsos.

Hace un par de meses, circuló el siguiente ukaz de la Fundéu, típico de esta época de crisis de deuda soberana (lo copio en su totalidad):

La expresión pacto fiscal, traducción habitual en los medios de fiscal compact, puede resultar ambigua en español, por lo que se recomienda traducirla por pacto presupuestario.

El adjetivo fiscal tiene en inglés un doble sentido, que puede dar lugar a cierta confusión cuando se traduce al español. Por un lado alude a lo ‘relativo a aspectos tributarios o impositivos’, pero por otro, a ‘la relación entre ingresos y gastos públicos’, es decir, a la política presupuestaria de un país, que en inglés se denomina fiscal policy.

En el caso del fiscal compact, pacto que se abordó en la cumbre del pasado 30 de enero como parte del nuevo Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza en la Unión Económica y Monetaria, no solo los medios, sino también diversas instituciones lo tradujeron como pacto fiscal, cuando, dado que se refiere al control presupuestario de las Haciendas públicas, hubiera resultado más apropiado traducirlo por pacto presupuestario.

Se recomienda por tanto, tal como propone el servicio de terminología del Consejo de la UE, traducir el adjetivo inglés fiscal por presupuestario, de la Hacienda pública o de las finanzas públicas y restringir el uso de los adjetivos españoles fiscal, impositivo, tributario y contributivo para traducir el término inglés tax.

Demasiada tela para tan poco tiempo. ¿Por dónde empezamos? Comencemos por esta afirmación, que es la premisa básica:

El adjetivo fiscal tiene en inglés un doble sentido, que puede dar lugar a cierta confusión cuando se traduce al español. Por un lado alude a lo ‘relativo a aspectos tributarios o impositivos’, pero por otro, a ‘la relación entre ingresos y gastos públicos’, es decir, a la política presupuestaria de un país, que en inglés se denomina fiscal policy.

Primero, hay que decir que, en lo que a dobles sentidos se refiere, estamos en terreno movedizo. Cualquier persona mínimamente cuidadosa se daría cuenta de que estos dos sentidos están íntimamente relacionados. Los aspectos tributarios o impositivos son una parte esencial de la relación entre ingresos y gastos públicos, de modo que nos vendría bien movernos con cierto cuidadito. El problema es que el traductor no especializado en finanzas, a quien nada de esto le interesa, le resulta más fácil registrar el dato “fiscal en inglés no es igual a fiscal en español” y seguir de largo.

Pasemos ahora al análisis. Lo primero que quisiera señalar es que es falso que el adjetivo fiscal en inglés tenga un doble sentido. Consultemos los diccionarios monolingües en inglés para comprobarlo.

Esta definición está tomada del Webster:

Definition of FISCAL

1

: of or relating to taxation, public revenues, or public debt

¿Alguien observa aquí algún doble sentido? Yo lo que veo es una constelación de significados con un parentesco estrecho.

Veamos dictionary.com:

fiscal [fis-kuhl]    adjective

1. of or pertaining to the public treasury or revenues: fiscal policies.

2. of or pertaining to financial matters in general.

¿Dónde está ese traicionero doble sentido? Hasta ahora, en las cabezas de Fundéu. Visitemos los diccionarios Cambridge para no despreciar el inglés británico:

fiscal

adjective /ˈfɪs.kəl/ specialized

Definition

connected with (public) money

Podríamos multiplicar los ejemplos, pero creo que queda demostrado que no hay tal doble sentido en inglés. Lo que sí hay es un sentido restringido de la palabra y otro uso más general. En el sentido restringido, la palabra se refiere exclusivamente al tema tributario, a las tasas impositivas y los diferentes tributos que movilizan los gobiernos para recaudar fondos. En el uso más amplio, se refiere tanto a los impuestos que recaudan como los gastos en que incurren los gobiernos. Ahora bien, esto no es evidencia de un doble sentido. El hablante de inglés percibe la diferencia, que es bastante sutil, gracias al contexto sin mayores problemas. Tanto es así que ningún diccionario inglés ha considerado que esta elasticidad sea lo suficientemente acentuada como para merecer una mención o, alternativamente, la división en dos acepciones distintas (alguien mínimamente familiarizado con el tema financiero añadiría que se trata de una distinción escolástica).

Ahora bien, pasemos del otro lado de la puerta, al castellano. ¿Hay una distinción nítida en el uso del adjetivo «fiscal» en español que exija restringirlo solo a los aspectos relativos a los impuestos?

Veamos el DRAE. No tiene una entrada para el adjetivo, pero el sustantivo «fisco» indica lo siguiente:

fisco.

(Del lat. fiscus).

1. m. Erario, tesoro público.

2. m. Conjunto de los organismos públicos que se ocupan de la recaudación de impuestos.

Diferentes fuentes en línea que se consultan con rapidez tampoco revelan una distinción tajante entre lo fiscal como presupuestario y lo fiscal como recaudatorio:

fiscal adj.

1   Relativo al fisco: licencia fiscal; reforma fiscal.

Diccionario Manual de la Lengua Española Vox. © 2007 Larousse Editorial, S.L.

fiscal

adj. Relativo al fisco o al oficio de fiscal.

Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.

fiscal

adj fiscal ['fiskal] relativo a la hacienda pública

ayuda fiscal

Alguien quizás está levantando la mano para objetar que las definiciones españolas hablan del fisco, que solo recauda impuestos, pero el fisco pertenece a las atribuciones de hacienda, que Wikipedia describe del siguiente modo:

La administración fiscal o fisco al conjunto de órganos de la administración de un Estado encargados de hacer llegar los recursos económicos a las arcas del mismo, así como a los instrumentos con los que dicho Estado gestiona y recauda los tributos, englobando tanto los ingresos como los gastos, lo cual supone tanto la planificación de los tributos y demás ingresos del estado (precios públicos, loterías, sanciones, etc.), como la elaboración de los Presupuestos Generales del Estado para su aprobación por el órgano correspondiente (Congreso, Parlamento u otro). La hacienda pública depende normalmente del Ministerio de Economía y hacienda (aunque esto dependerá de la organización del Gobierno por la que se opte).

Dicho de otro modo, lo fiscal se refiere tanto al egreso (presupuesto) como al ingreso de fondos (impuestos) de las arcas del Estado.

¿Entonces a qué viene la eterna vigilancia que ahora obliga a miles de traductores a andar con un poco más de desconfianza en su uso de términos tan cotidianos como el adjetivo «fiscal»?

La normatividad es una herramienta de cohesión cultural diseñada para evitar que haya un grado de heterogeneidad tan grande que entorpezca la comunicación dentro de una misma lengua. Pero el logro de ese objetivo se ve obstaculizado por la acumulación de recomendaciones inútiles o simplemente erróneas.

Acerca de Miguel Llorens

Soy un traductor financiero autónomo especializado en documentos financieros, renta variable, renta fija e informes anuales. He trabajado como traductor de plantilla para Goldman Sachs, RGFT (ahora CLS Communications), H.B.O. y el Open Source Center. Para conocer más sobre mis servicios, visite traductor-financiero.com. También estoy en Twitter y LinkedIn.

Ceci n’est pas une traduction


El anglicismo innecesario y el exceso de anglicismos son vicios que añaden vulgaridad al texto, no cabe duda. A mí particularmente me choca el uso de la palabra «commodities» en lugar de «materias primas». La palabra en inglés no añade nada conceptualmente al español. Sin embargo, el traductor financiero que no esparce el término commodities al menos un par de veces en un informe sobre la evolución del algodón o el petróleo está colocando un letrero inmenso sobre su texto que dice «ESTO ES UNA TRADUCCIÓN».

Hay un poema de Borges que reza «La meta era el olvido. Yo llegué primero». De un modo paralelo al poeta menor de Borges, la meta del traductor es la invisibilidad. Ceder a algunos de los vicios de la comunidad para la que se traduce tal vez te ayude a alcanzar esa meta primero. Es una forma sutil de colgar un letrero disimulado y engañoso que dice «ceci n’est pas une traduction».

Acerca de Miguel Llorens

Soy un traductor financiero autónomo especializado en documentos financieros, renta variable, renta fija e informes anuales. He trabajado como traductor de plantilla para Goldman Sachs, RGFT (ahora CLS Communications), H.B.O. y el Open Source Center. Para conocer más sobre mis servicios, visite traductor-financiero.com. También estoy en Twitter y LinkedIn.

¿El globés de Mourinho conquista Inglaterra?


La empresa de gestión de activos Henderson Global Investments ha lanzado una campaña publicitaria en el Reino Unido basada en la imagen de Jose Mourinho, técnico actual del Real Madrid y ex entrenador del Chelsea. La campaña descansa en el hecho de que la misma palabra, manager, se emplea para describir tanto a las empresas gestoras como a los entrenadores de fútbol. Los anuncios funcionan gracias a esta polisemia. El chiste es que se pueden referir tanto a la elevadísima autoestima del técnico portugués como a la empresa de administración de fondos de inversión.

Lo curioso es que todas las citas en inglés de la campaña contienen errores gramaticales. Los encargados de la publicidad de Henderson no corrigieron los errores de Mourinho.

Un anuncio dice: «Which manager

Mourinho inglés globés gestión de activos

is ‘special one’? Is this trick question, my friend?» («¿Cuál técnico es el especial? ¿Bromeas, amigo? »). Las reglas del inglés correcto exigen algo más por el estilo de «Which manager is the ‘special one’? Is this a trick question, my friend?»

Otro dice: «I ask my team for 110%. If they give me more is OK too» («Le pido a mi equipo que se esfuerce al 110%. Si se esfuerza más, no me quejo»). Esta última oración exige ser reescrita como «I ask my team for 110%. If they give me more, that is OK too».Mourinho inglés Henderson gestión de activos publicidad

¿Significa esto que el globés, la versión del inglés hablada por quienes no tienen ese idioma como lengua materna, se está imponiendo al inglés escrito incluso en el Reino Unido? De ningún modo. La campaña se centra en la imagen de Mourinho y la imagen que tienen los ingleses del estratega portugués es la de un extranjero con un ego hipertrofiado que habla el idioma con el descuido propio de alguien más allá del bien y del mal. Mourinho es la clase de persona a la que le puedes corregir el globés y pasará totalmente de largo porque él hace más o menos lo que le viene en gana.

Por eso es que la campaña contiene citas macarrónicas: el inglés deficiente es parte de la imagen del técnico. La agramaticalidad del globés mourinhista es un mensaje metalingüístico. Una perla que recuerdo de mis lecturas Roland Barthes es que la literatura a menudo emplea ciertas convenciones no realistas para connotar cierta información de forma inmediata. Por ejemplo, Hercule Poirot a menudo termina sus oraciones con un «n’est-ce pas». Lo que señalaba Barthes es que nadie habla así; ningún francés esparce frases francesas al azar en sus oraciones cuando habla inglés. La frase intercalada de forma arbitraria es un significante que le recuerda al lector de Agatha Christie que el detective es belga, extranjero y hasta un poco ridículo.

Es más: las supuestas citas de Mou ni siquiera son textuales. Por ejemplo, la cita famosa que dio pie a que conozcan a Mourinho irónicamente como The Special One no coincide con la del póster. En su rueda de prensa inicial al frente del Chelsea, el portugués en realidad afirmó lo siguiente: «Please don’t call me arrogant, but I’m European champion and I think I’m a special one». ¿Arrogante? Sí. ¿Agramatical? No.

Para usar la terminología semiótica, los errores gramaticales en la campaña de Henderson transmiten diversas connotaciones: ‘extranjero’, ‘arrogante’ y ‘presumido’, pero también ‘victorioso’, ‘eficiente’ y ‘exitoso’. (También puede denotar ‘exotismo’ o, en el caso de un ídolo del cine como Antonio Banderas o Sophia Loren, ‘sensualidad mediterránea’).

Por supuesto, esto no significa que uno simplemente pueda transmitir una imagen de sensualidad o éxito al violar impunemente las leyes de la gramática inglesa. El globés es una herramienta necesaria pero peligrosa. Y en caso de duda, contrate a un traductor o revisor profesional para que redacte sus textos del español al inglés.

Acerca de Miguel Llorens

Soy un traductor financiero autónomo especializado en documentos financieros, renta variable, renta fija e informes anuales. He trabajado como traductor de plantilla para Goldman Sachs, RGFT (ahora CLS Communications), H.B.O. y el Open Source Center. Para conocer más sobre mis servicios, visite traductor-financiero.com. También estoy en Twitter y LinkedIn.

Steve Jobs, los ingenieros y la tecnología traductoril


Y si se lo llevaran de allí a la fuerza–dije-, obligándole a recorrer la áspera y escarpada subida, y no le dejaran antes de haberle arrastrado hasta la luz del sol, ¿no crees que sufriría y llevaría a mal el ser arrastrado, y que, una vez llegado a la luz, tendría los ojos tan llenos de ella que no sería capaz de ver ni una sola de las cosas a las que ahora llamamos verdaderas?

–Platón, La República

El libro de Walter Isaacson sobre Steve Jobs es una biografía autorizada que sin embargo transmite suficientes aspectos negativos sobre el fundador de Apple como para equilibrar la erupción hagiográfica que estalló después de su muerte hace unos pocos meses. Jobs nunca leyó el libro y el trato con Isaacson consistía en que ni Jobs ni Apple tendrían injerencia alguna sobre el contenido.

Portada traducción de biografía de Jobs

Portada de la traducción al español de la biografía de Jobs

El resultado es bastante interesante, un retrato exhaustivo de una de las personalidades clave de los últimos 100 años. Muchas anécdotas son negativas: no era un buen padre, lanzaba berrinches épicos cuando las cosas no salían como él quería, se atribuía el crédito por las ideas de otros, lloraba como un malcriado cuando no lograba imponerse y era abusivo con sus empleados.

Comprendo que Jobs suscite pasiones, tanto a favor como en contra. Dos pensadores que admiro mucho, Evgeny Morozov y Jaron Lanier, recientemente formularon serios reparos a lo que podemos denominar el «modelo Apple». El primero, en una reseña de la biografía de Isaacson, cuestiona la tendencia hacia el mundo dominado por las apps dentro de dispositivos vallados, un fenómeno que tendería a deprimir la libertad anárquica de la Red. Lanier, por su parte, se pregunta si los dispositivos de alta factura de Apple son la contrapartida elitista a los servicios de baja calidad (pero gratuitos) que proporciona Google a una escala más vasta para las masas crowdsourceadas y semiempleadas (véase The Local-Global Flip).

Ambos temas rebasan de lejos lo que se puede abordar en una entrada de blog. Baste con decir que la carrera de Jobs tocó demasiadas facetas de la vida moderna como para no suscitar reacciones fuertes. Sin embargo, quisiera centrarme aquí en un aspecto clave del libro de Isaacson: la forma en que vivimos actualmente y nuestras actitudes frente a la tecnología y la ciencia informática.

El leitmotiv dominante que recorre la biografía es que Jobs y Apple lograron forjar una síntesis única entre el arte y la tecnología. Cito dos fragmentos entre cien pasajes que ilustran este mismo punto (las citas están tomadas de la traducción al español de David González-Iglesias González publicada por Debate):

En la mayoría de las otras empresas, la ingeniería tiende a ser la que determina el diseño. Los ingenieros plantean sus requisitos y especificaciones, y entonces los diseñadores crean cubiertas y tapas que puedan acomodarlos. Para Jobs, el proceso tendía a funcionar en sentido inverso. Durante los primero días de Apple, Jobs había aprobado el diseño de la carcasa del primer Macintosh, y los ingenieros tuvieron que conseguir que sus placas y componentes cupieran en ella (…) «Antes de que Steve regresara, los ingenieros decían: “Aquí están las tripas” (el procesador y el disco duro), y entonces se las mandaban a los diseñadores para que las metieran en una caja —comentó el director de marketing de Apple, Phil Schiller—. Cuando haces las cosas así, obtienes productos horribles.» (pp. 433-434)

En la última presentación del iPad en la que participó Jobs, esta obsesión volvió a aparecer:

Con su última diapositiva, Jobs resaltó uno de los temas habituales de su vida, que quedaba ejemplificado en el iPad: una señal de tráfico que mostraba el cruce entre la calle de la Tecnología y la calle de las Humanidades. «El motivo por el que Apple puede crear productos como el iPad es que siempre hemos tratado de situarnos en la intersección entre la tecnología y las humanidades», concluyó. (p. 618)

Podría extenderme con quince o veinte otras citas que van por el mismo camino. El punto queda resumido por Lanier con mucha elegancia en una especie de obituario crítico de Jobs:

Quizás resulte sorpresivo que tan pocos directivos tecnológicos hayan logrado vapulear a los ingenieros lo suficiente como para hacer valer los principios de elegancia y simplicidad tal y como los entienden los no ingenieros. El éxito comercial de Apple ha creado una mejor atmósfera para esta clase de cosas en todas las compañías. Pero cabe la pregunta de cómo hizo Jobs para lograrlo.

Mi impresión, basada en diversas interacciones presenciadas a lo largo de muchos años, es que Jobs intercambió una forma de frikismo obsesivo y guiado por principios por otra. Durante los primeros años de los ordenadores personales, un diseñador o especialista en marketing que hacía una solicitud a los ingenieros desperdiciaba su tiempo. Los ingenieros tenían criterios y datos inexpugnables y eso tenía precedencia sobre las opiniones e intuiciones comunes y corrientes. Jobs no hizo ninguna solicitud. Por el contrario, impuso unos criterios aun más rígidos y exigentes.

Jobs ganó la carrera armamentista en la obsesión por el control. Sigue siendo la única figura que yo he visto que no era ingeniero y que ganó esta carrera contra los ingenieros de forma absoluta.

La tesis de esta entrada es que el divorcio entre tecnología y humanidades (y la tiranía de los ingenieros) se observa de forma particularmente trágica en el campo de la tecnología supuestamente diseñada para ayudar al traductor. Los valores de elegancia y enfoque en el usuario no se observan en ninguno de los productos que yo he tenido la ocasión (o más bien desgracia) de probar. Los ingenieros informáticos, que nunca son traductores, simplemente vienen con la solución previamente empaquetada y la depositan a los pies de los usuarios. Y cuando el usuario se queja de la baja calidad o de la falta de atención a las preocupaciones profesionales del traductor individual, los fabricantes de software se encogen de hombros con irritación y dicen: «A ver, dejad de lloriquear. Hora de apañarse».

Observemos la interfaz del programa líder en el mercado:

Trados pantalla traducción inglés traductor financiero

No es que sea un crimen contra la humanidad, pero es un atentado contra el buen gusto. Parece una pesadilla que tuvo Bill Gates durante una indigestión después de ver una exhibición bilingüe de Mondrian. Queda claro que no se ha hecho el más mínimo intento por crear una interfaz elegante que haga que sea placentero trabajar. Como dicen los argentinos frente al fútbol eficiente pero pedestre: no hay fantasía. Hasta hace poco yo utilizaba un portátil con una pantalla de 17 pulgadas y confieso que, pese a la multitud de miniajustes, nunca me sentí totalmente a gusto con esta interfaz. Ahora tengo un ordenador de 18,3 pulgadas y espero que esto alivie un poco la situación,

traducción tecnología traductor financiero

El Leviatán informático: ¿soberano benigno o déspota ilustrado?

pero sigue de todos modos en pie la observación de que el líder en el software de localización vive en un mundo prejobsiano. O más bien hobbesiano, donde el ingeniero domina el paisaje como un Leviatán inmutable y los requerimientos del campesinado traductoril quedan relegados a un segundo o tercer plano.

El Movimiento de Baja Calidad representa un estadio superior de este desprecio por el consumidor. Los intentos bizantinos de un Kirti Vashee o un Renato Beninatto por redefinir un concepto tan sencillo como «la calidad» simplemente equivalen a la misma encogida de hombros un tanto irritada del ingeniero. El bendito diálogo que promueven actualmente las empresas dedicadas a la traducción automática suele transitar un poco por la siguiente vía (puramente imaginaria):

Sube el telón:

1.- Un ideólogo de la Baja Calidad dice con una infinita ternura que «somos conscientes de que el producto de la TA sigue siendo de calidad menos que óptima, pero el problema es que la calidad ha dejado de ser un requisito indispensable en el mercado actual…».

2.- Inevitablemente, siempre hay un traductor que se pone de pie y exclama: «Hombre, no es que el producto sea de “calidad menos que óptima”, ¡es que es una mierda! Y dedicarme a poseditar esta bazofia a un céntimo por palabra simplemente significa que trabajaré tres o cuatro horas más al día por un tercio menos del dinero.»

3.- El ideólogo de la Baja Calidad hace una discreta señal y el personal de seguridad del hotel donde se celebra el congreso de localización se encarga de expulsar al molesto refusenik.

Baja el telón.

Este intercambio se da decenas de veces al día en todo el mundo, en persona y por Internet. Sospecho que la mayoría de los espectadores de estos intercambios suele identificarse un poco con ambos de los interlocutores en liza. Pero la carta bajo la manga que tiene el ideólogo de la Baja Calidad es que todos pensamos inconscientemente que, «sí, claro, la TA es una cagada ahora, pero en 2013 o 2017 o 2021 estará a años luz de donde está ahora».

A lo cual se debe hacer una observación: no está del todo claro que el problema de la traducción automática se resolverá únicamente mediante la Ley de Moore (es decir, mediante fuerza computacional bruta derivada de mayor capacidad de procesamiento).

Y ahora la segunda observación que le haría al quietista confiado en el progreso tecnológico: el ejemplo de Apple sugiere que los avances tecnológicos no suceden de forma aislada de otras fuerzas igual de importantes. Algunos factores son obvios, como los niveles de inversión que dedicamos a la innovación. Pero otros son más intangibles, como las exigencias de un solo individuo poderoso como Jobs o una comunidad que mira el estado actual de una tecnología y dice de forma unánime: «Lo siento, Pérez, pero esto es un bodrio. Vuelva a empezar de nuevo y regrese cuando tenga algo mejor que este zurullo decorado con lentejuelas».

Porque la voluntad humana (la objeción fastidiosa del humanista que critica la calidad del producto) no se puede descartar como motor del progreso tecnológico. Permítanme un ejemplo un poco dilatado. Hace diez años, era evidente que la explosión continuada en la capacidad de almacenamiento de datos estaba llevándonos a pasar de los CD a los mp3. Es decir, mucho antes de que Apple lanzara el iPod. Pero al lanzar su reproductor de bolsillo, Jobs cambió el rumbo de la tecnología y de la cultura musical al brindarnos una versión megapotenciada del Walkman y el Discman de décadas anteriores. Yo tengo un iPod clásico con una capacidad de 160 gigabytes. Alberga 17.000 canciones (la totalidad de mi biblioteca musical, unos 125 gigabytes) y ha transformado mi vida. Estoy convencido de que ninguna otra empresa habría cambiado mi vida del mismo modo.

Sin Jobs, estoy seguro de que tendría que andar a cuestas con un dispositivo con la mitad del almacenamiento y el doble del tamaño. Para darnos una idea, comparen este mamotreto, el Wolverine ESP de 120 gigas, con la elegancia minimalista de un iPod Classic. Ahora fíjense en el peso: mientras que el Wolverine pesa la vulgaridad de 2 libras (0,9 kilogramos), mi iPod me regala 40 gigabytes más a un peso de cinco onzas (0,14 kilos). Las respectivas fechas de lanzamiento de los dos productos no son tan diferentes. Si una raza alienígena aterrizase en la Tierra y comparase los dos dispositivos, llegaría a la conclusión de que el Wolverine es un antecesor lejano del iPod (quizás de la antigua Grecia) o que fue diseñado por una cultura primitiva que carecía del fuego y aritmética, mientras que el otro es el producto de un país poblado por Leonardos y Einsteins.

Sin Jobs, viviríamos felices cargando con nuestros dispositivos de diálisis de 900 gramos, como mulas de carga al servicio de Microsoft, porque no sabríamos que hay otras formas de hacer las cosas, otras formas de avanzar tecnológicamente, otros modos de soñar el futuro.

Si se me permite la analogía, creo que vivimos en un mundo paralelo de tecnología traductoril donde nuestro Steve Jobs se quedó viviendo en la India durante su juventud, perdido en una nube de filosofía zen y LSD. En lugar de regresar a la universidad a diseñar una versión más elegante de Trados o un programa de traducción automática fácilmente adaptable a la medida del individuo, el Steve Jobs lingüístico decidió dejarles la vía libre a las empresas inferiores que ahora nos acosan con sus productos mediocres.

Por supuesto, ninguno de nosotros es Steve Jobs, ni en términos de poder ni de simple capacidad de liderazgo. Pero somos una comunidad de usuarios que está más o menos harta de programas pesadísimos y costosos que se vienen abajo cuando los golpea una brizna de paja. De modo que mi invitación es a ser tan arrogantes e implacables como Jobs al exigir mayor calidad y menores precios a nuestros proveedores de productos informáticos y TA.

La lección de Apple es doble: 1) los ingenieros siempre pueden brindar soluciones más elegantes y eficientes si se les aplica la presión suficiente (al principio refunfuñan y dicen que es imposible hacerlo de otro modo, pero la magia de Apple es lograr que innoven bajo presión); y 2) los productos tecnológicos que sirven a las humanidades deben estar informados por la perspectiva del artista, humanista y (¿por qué no?) el traductor que emplea estas herramientas.

Pero el complejo de inferioridad del traductor frente al ingeniero silencia de antemano cualquier queja contra los productos de baja calidad. ¿Cuántos avatares fueron necesarios antes de que Trados te permitiera retroceder de una unidad a la anterior? La verdad es que si Jobs nos viera, nos gritaría con desprecio: «¡Sois unos capullos!» Este paralizante complejo de inferioridad es la contrapartida tecnológica del «culto de la pobreza» denunciado por Chris Durban, que mantiene a tantos traductores excavando carbón a oscuras con una pica y un pala en las minas mileurísticas de nuestros tiempos, cuarenta años después de que el hombre llegó a la Luna.

Humildad tecnológica y escasa ambición financiera son las sombras proyectadas sobre el muro de esta versión traductoril de la Alegoría de la Caverna.

Para concluir, observemos de nuevo al Mago de Cupertino durante el desarrollo del iMac:

Jobs tuvo que contener las objeciones planteadas por los ingenieros de montaje apoyados por Rubinstein, que tendían a plantear los inconvenientes económicos cuando se enfrentaban a los deseos estéticos y los variados caprichos de diseño de [Jony] Ive [jefe de diseño de Apple]. «Cuando se lo llevamos a los ingenieros —comentó Jobs— ellos plantearon treinta y ocho razones por las que no podían fabricarlo, y yo les dije: “No, no, tenemos que hacerlo”. Ellos replicaron: “Pero ¿por qué?”. Y contesté: “Porque yo soy el consejero delegado y creo que puede hacerse”, así que acabaron por hacerlo a regañadientes». (p.441)

Nadie que escribe o lee esto es el consejero delegado de una megacorporación. Pero somos los consejeros delegados de nuestras carreras, y de nosotros depende que la tiranía de los ingenieros no ahogue la exigencia de un mundo mejor, con más belleza y menos fealdad, con más tiempo libre y menos fatiga. Somos los humanistas encargados de exigir que la tecnología se someta a nuestros fines y no al revés. La sabiduría no consiste en adaptarse a las aberraciones del algoritmo, sino en saber hasta dónde este es útil. Y, sobre todo, en saber a partir de qué punto la aplicación del algoritmo comienza a distorsionar la realidad con su simplicidad inhumana.

Un traductor escapado de la caverna está ubicado en esa intersección entre la calle de la Tecnología y la calle de las Humanidades. Y apenas estamos en la infancia de la Revolución Informática. ¿Qué rumbo elegirá este traductor? ¿Cómo será el futuro que ayudará a crear?

Steve Jobs tecnología de traducción

Acerca de Miguel Llorens

Soy un traductor financiero autónomo especializado en documentos financieros, renta variable, renta fija e informes anuales. He trabajado como traductor de plantilla para Goldman Sachs, RGFT (ahora CLS Communications), H.B.O. y el Open Source Center. Para conocer más sobre mis servicios, visite traductor-financiero.com. También estoy en Twitter y LinkedIn.

La localización a veces es sinónimo de mala traducción


La presentadora es una representante de ventas de una multinacional de traducción llamada Lionbridge (la agencia tiene una pésima reputación, pero debido a su metastasiado tamaño se apunta en todos los saraos de la industria). La joven ejecutiva habla con acento norteamericano. Probablemente es de origen latinoamericano, o “Hispanic”, como se dice en EE.UU. Tiene dos apellidos castellanos, lo que garantiza que algo sabrá del mundo fuera de su país de origen. Guapa. Sonrisa agradable. Buenas habilidades como presentadora.

Pero el contenido de la presentación… Dios mío.

Yo creo que la traducción es un negocio sencillo. Tomas un texto en un idioma y construyes otro texto equivalente en otro idioma. Lo demás, como decía un poeta francés, es literatura. Y qué de literatos hay en el mundo traductoril. Cuando lees el perfil de una agencia grande, necesitas un Ph.D. para extraer aunque sea una sílaba que tenga algún sentido. Por si la jerga como “localización”, “internacionalización” y “transcreación” no fuese suficiente para marear a los incautos, muchos insisten en emplear versiones abreviadas de estas palabras: l10n y i18n. La jerga, por supuesto, es un mal necesario en la economía ultraespecializada de esta época, pero a veces me pregunto si el oscurantismo traductoril es voluntario. Para engañar a tontos. O para hacer como esas aves que utilizan el plumaje para simular un tamaño mayor al real ante la presencia de un depredador. El secreto es que una agencia de traducción (con márgenes de beneficios anoréxicos) puede fingir que vale más si se disfraza de empresa tecnológica (un sector con márgenes gordísimos).

Volviendo a la presentación: es bastante mediocre. El mensaje es machacante. “La traducción humana persistirá más allá de la traducción automática”. “El crowdsourcing no es una panacea para la traducción barata”. “Los proyectos de movilización de turbas son costosos”. “El que busca traducciones gratuitas se llevará una amarga decepción”. Etc., etc.

Y la joven pasa a dar ejemplos concretos de la clase de conocimiento local que debe informar a la traducción. La “localización”, propiamente dicha. El primer ejemplo está tomado del español:

La palabra “debt” se dice “deuda” en castellano. Imagina que estás promocionando un producto de deuda. Si no cuentas con alguien ubicado en el mercado de destino, tal vez no te darías cuenta de que “deuda” en español puede tener una connotación negativa. Mucho más negativa que en inglés.

Si antes estaba adormilado, después de eso quedé perplejo. Y me perdí. ¿De qué diablos está hablando esta mujer? Consulté el RAE:

deuda. (Del lat. debĭta, pl. n. de debĭtum, débito).

1. f. Obligación que alguien tiene de pagar, satisfacer o reintegrar a otra persona algo, por lo común dinero.

2. f. Obligación moral contraída con alguien.

3. f. Pecado, culpa u ofensa. Y perdónanos nuestras deudas

¿Será que esta chica consultó la palabra en el diccionario y quedó impresionada por esta acepción de “deuda” y la cita del Padre nuestro? En todo caso, la acepción para mí es muy secundaria como para invalidar la traducción de “debt” como “deuda”. Además, compárese esto con la definición en el Merriam Webster:

debt

noun \ˈdet\

Definition of DEBT

1: sin, trespass

2: something owed : obligation

3: a state of owing

4: the common-law action for the recovery of money held to be due

http://www.merriam-webster.com/dictionary/debt

La primera acepción (el resaltado es mío) es nada más y nada menos que un calco de la tercera acepción en español: “pecado, transgresión”.

Entonces, ¿a qué viene todo este asunto? La verdad es que no lo sé. Quizás uno necesita un intérprete para comprender a un gurú de la localización. Por otra parte, la deuda monetaria –incluso en las culturas con actitudes más relajadas hacia el crédito (como las anglosajonas)– nunca tiene una connotación positiva. Los bancos norteamericanos o ingleses no venden sus tarjetas de crédito con eslóganes como “¡endéudate de por vida a tipos bajísimos!” o “¡empeña el futuro de tus bisnietos con deuda!” La publicidad siempre realza lo positivo y disimula lo negativo. El eslogan “no tiene precio” de Visa es una mentira hábil. Por supuesto que la vacación caribeña con tu novia tiene precio. Por supuesto que el regalo de Navidad de tus hijos tiene precio. No solo tiene precio: al comprarlo a crédito, permites que ese precio siga inflándose mes a mes. Y eso es tan válido en Londres como Madrid como Nueva York como Burundi. Nos gusta comprar, pero la onerosa carga mental de una deuda no es tan agradable. Y por eso, tanto en inglés como en español, la palabra “deuda” no figura en la publicidad.

Por eso a veces sospecho que gran parte del asesoramiento de localización se reduce a lo siguiente: una perogrullada baladí que no es inherente a ninguna cultura específica, en el mejor de los casos, o una mala interpretación producto de un error de traducción, en el peor.

http://www.youtube.com/watch?v=ZvJrfFj0eEc

Terminología de la crisis financiera: la traducción del “haircut” financiero al español


Los años 2011 y 2012 pasarán a la historia como una época dominada por posibles quiebras soberanas en Europa. Dentro de este contexto, la prensa financiera en inglés constantemente habla del “haircut” que se aplicará a la deuda griega y, por el contexto, es obvio que no se trata de un peinado ateniense de moda, sino más bien de una trasquilada pendiente.

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Traducción al español de extractos del artículo de Der Spiegel sobre posible impago griego


El día de ayer el semanario alemán Der Spiegel publicó un artículo sobre los preparativos para una suspensión de pagos en Grecia. Detrás de bambalinas, las autoridades alemanas y europeas  hacen planes para atenuar el impacto colateral sobre el resto de Europa. A continuación se presenta una traducción de los pasajes clave de la pieza (tomados de la versión en inglés divulgada por el mismo Der Spiegel):

“Ya basta”, afirma un funcionario público de alto nivel y añade que Berlín ha perdido la paciencia con los griegos. Combinando resignación con fatalismo, Merkel y Schäuble están afrontando lo inevitable y pensando lo anteriormente impensable: Grecia declarará la quiebra y ya ni siquiera se puede descartar su retiro de la unión monetaria.

***

Ya han comenzado a elaborarse los planes para el día crítico, tanto en departamentos del Ministerio de Finanzas en Berlín como en grupos de trabajo de la UE en Bruselas. Funcionarios del Ministerio de Finanzas alemán esperan que una quiebra griega sea manejable, siempre y cuando los políticos europeos conserven la calma y se incrementen los fondos de rescate de acuerdo con lo previsto.

El objetivo es enviar una señal, no solo a los asociados europeos de Berlín sino también a los políticos escépticos dentro de la coalición alemana. El mensaje es que Europa también cuenta con una alternativa aparte de la ayuda: de ser necesario, también puede retirar su asistencia.

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Aunque el impago parece inevitable, la pregunta sobre si Grecia permanecerá dentro del euro sigue en el aire. En una reunión entre los ministros de Finanzas de Alemania, Holanda y Finlandia:

Schäuble argumentó que los griegos deberían permanecer dentro de la unión monetaria, incluso después de que los tenedores de bonos asuman pérdidas. [El holandés] De Jager, sin embargo, no se opuso a que el país abandone la eurozona. Los asistentes expresaron su acuerdo con que las consecuencias finales deben ser decididas por los mismos griegos: los demás miembros de la eurozona no disponen de la opción de expulsarlos de la unión monetaria.

***

Básicamente hay dos posibilidades para una quiebra griega, [un enviado de Schäuble afirmó la semana pasada en Bruselas]: o bien el país se mantiene dentro de la unión monetaria o se retira.

Ambas opciones generarán pérdidas para los poseedores de bonos, lo cual implica que Grecia solo pagará una parte de su deuda (por ejemplo, un 50%). Esto significa que habrá pérdidas significativas para los acreedores de Atenas, incluidos: el Banco Central Europeo (BCE); los demás países y bancos de la Unión Europea; compañías de seguros; e instituciones financieras a lo largo de Europa. El enviado de Schäuble presentó a sus oyentes en Bruselas los resultados de simulaciones efectuadas por el Ministerio de Finanzas de Alemania y afirmó que el objetivo debería ser contener el daño ocasionado por estas pérdidas.

***

Específicamente, el plan de emergencia para una eventual quiebra griega consiste en lo siguiente:

Los planes alemanes están centrados en dos instrumentos. En primer lugar, el equipo de Schäuble propugna el empleo de líneas de crédito preventivas que consisten en que el EFSF (siglas del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera) emita préstamos temporales a países con posiciones financieras precarias. En segundo lugar, procura suministrar inyecciones financieras a los bancos para impedir que incurran en problemas.

Países enteros y la totalidad de sus industrias bancarias quedarían amparados por estos dos instrumentos, argumentó el asistente de Schäuble en Bruselas. Los préstamos ayudarían a Italia y España, pero también a países pequeños como Chipre que podrían verse incapacitados para pedir prestado dinero en los mercados después de una quiebra griega.

Los bancos en muchos países de la eurozona podrían terminar dependiendo de los miles de millones de Luxemburgo, porque tendrían que reconocer pérdidas sobre sus tenencias de bonos estatales griegos. Los bancos helénicos se verían mucho más afectados por una quiebra soberana. Por este motivo, los funcionarios alemanes argumentan que es bastante posible que los bancos griegos continúen recibiendo asistencia incluso después de que el Estado griego vea cortado su acceso a la ayuda del EFSF. La crisis financiera demostró que los bancos comparten estrechos vínculos que se extienden a través de las fronteras. Si un banco importante se viene abajo, puede arrastrar a otros al abismo.

***

Respecto a medidas de emergencia para evitar fugas de capital en Grecia:

Incluso aunque el Gobierno griego tome esta medida, los expertos oficiales opinan que las consecuencias serían manejables. Esta, sin embargo, no era la opinión a principios de mayo, cuando los ministros de Finanzas de los países grandes de la eurozona se congregaron en Luxemburgo para una reunión secreta con el encargado de las finanzas griegas y el presidente de Eurogrupo, [Jean-Claude] Juncker. Uno de los puntos de la agenda fue la posibilidad de que Grecia se retire de la unión monetaria.

Aunque en mayo los expertos aún advertían sobre las consecuencias de esta medida, en la actualidad los rescatistas del euro parecen más abiertos a la posibilidad. Incluso hallaron una solución para un problema que inquietaba a los funcionarios de Schäuble. Al contrario de lo que se presuponía anteriormente, las restricciones sobre el movimiento de capitales –que podrían invocarse para impedir que los ciudadanos griegos trasladen su dinero al exterior (poniendo así en entredicho a los bancos del país)– ahora se consideran compatibles con la legislación de la UE. El artículo 143 del Tratado sobre el Funcionamiento de la Unión Europea es la vía para sortear este obstáculo, por cuanto permite que algunos países “adopten medidas protectivas”.

***

Respecto a la posibilidad de que el escenario griego sea un ensayo que se aplicará a otros países:

Los países sureños, incluida Francia, se mostraron más reservados. Temen que si se interrumpe la financiación a Grecia, ellos podrían ser los siguientes en la fila.

Schäuble aspira a acallar estos temores. Argumenta que, al contrario de otros países golpeados por la crisis, el caso griego no tiene remedio. O, como declaró el ministro griego de Desarrollo y Competitividad Regional, Michalis Chrysohoidis, al diario alemán Tagesspiegel: “La economía griega se está muriendo”.

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Una quiebra griega se está volviendo cada vez más inminente en parte debido a que los demás países en problemas de Europa han logrado avances importantes en los últimos meses. Los funcionarios del Ministerio de Finanzas alemán afirman que esto atenúa el riesgo de contagio.

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Portugal incluso subió al peldaño número 45 en el Índice de Competitividad Global del Foro Económico Mundial para 2011-2012, divulgado la semana pasada.

España, por su parte, logró un salto un poco mayor en la lista, al pasar del puesto 42 en 2010-2011 al 36 en el ránking actual. Los españoles han puesto a la venta dos aeropuertos y aprobaron una reforma constitucional que fija un tope de deuda al déficit público, también conocida como “regla de oro”. La nueva norma, que no entrará en vigencia sino hasta 2020, estipula un límite del 0,4% del PIB para cualquier endeudamiento nuevo.

Acerca de Miguel Llorens

Soy un traductor financiero autónomo especializado en documentos financieros, renta variable, renta fija e informes anuales. He trabajado como traductor de plantilla para Goldman Sachs, RGFT (ahora CLS Communications), H.B.O. y el Open Source Center. Para conocer más sobre mis servicios, visite traductor-financiero.com