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La distinción traductor/intérprete ahora es parte de la jurisprudencia en EE.UU.


Confieso que no me gusta demasiado la distinción entre traductor, entendido como persona que se dedica a traducir textos escritos, e intérprete, persona que traduce textos orales. Tanto en español como en inglés, choca contra el uso del 80% de los hablantes, lo cual lo convierte en un cultismo que puede degenerar en lo pedante o una acepción técnica que alguien del público general no tiene por qué conocer. A mi modo de ver y basándome en el uso, no es incorrecto denominar traductor a un intérprete, aunque denominar intérprete a alguien que está traduciendo un documento sí es claramente incorrecto. Claro que en mi andar diario respeto la distinción escrupulosamente, pero tampoco miro mal a quien no la conoce.

Resulta que esta semana la Corte Suprema de Estados Unidos dictó sentencia en un caso que tiende a darle más claridad a esta distinción. Un jugador de béisbol se aloja en un hotel japonés de Saipán y se lesiona. El jugador demanda a la cadena de hoteles en los juzgados de Estados Unidos por daños y perjuicios. Pierde el caso. La cadena de hoteles exige que el jugador-demandante les resarza por los costes de traducción de documentos escritos en virtud de una ley que otorga el derecho al demandado victorioso a reclamar gastos de «interpretación». El beisbolista se negó a pagar los 5.000 dólares al alegar que la ley se refiere exclusivamente a servicios de interpretación y no a la traducción de documentos escritos. La Corte Suprema falló a favor del jugador lesionado. Estoy de acuerdo porque, como observé ene el párrafo anterior, llamar al traductor de un documento escrito un intérprete vacía a la palabra de cualquier significado.

Para llegar a esta conclusión, el tribunal supremo de Estados Unidos, en una decisión mayoritaria redactada por el magistrado Samuel Alito, se basó en un análisis de diccionarios publicados hacia 1978, fecha de promulgación del estatuto que ordenaba el reintegro de estos costes a los demandados por alegatos falsos. Cito la decisión mayoritaria:

It is telling that all the dictionaries cited above defined “interpreter” at the time of the statute’s enactment as including persons who translate orally, but only a handful defined the word broadly enough to encompass translators of written material. See supra, at 5–7. Although the Oxford English Dictionary, one of the most authoritative on the English language, recognized that “interpreter” can mean one who translates writings, it expressly designated that meaning as obsolete. See  supra, at 6. Were the meaning of “interpreter” that respondent advocates truly common or ordinary, we would expect to see more support for that meaning. We certainly would not expect to see it designated as obsolete in the Oxford English Dictionary. Any definition of a word that is absent from many dictionaries and is deemed obsolete in others is hardly a common or ordinary meaning.

La decisión minoritaria, redactada por la magistrada Ruth Bader Ginsburg, afirma lo siguiente:

In short, employing the word “interpreters” to include translators of written as well as oral speech, if not “the most common usage,” ante, at 8, is at least an “acceptable” usage, ibid. Moreover, the word “interpret” is generally understood to mean “to explain or tell the meaning of: translate into intelligible or familiar language or terms,” while “translate” commonly means “to turn into one’s own or another language.” Webster’s 1182, 2429. See also Random House Dictionary of the English Language 744, 1505 (1973) (defining the transitive verb “interpret” as, inter alia, “to translate,” and “translate” as “to turn (some­thing written or spoken) from one language into another”).

En general, me parece que al citar esta lectura de un solo diccionario, Ginsburg entra en territorio dudoso (más aún al conceder que el uso defendido no es el más común pero sí es aceptable). Más convincente me parecen las citas que proporciona de varias decisiones muy recientes donde se habla del intérprete como alguien que traduce o puede traducir textos escritos.

Obviamente, los hechos y nuestras interpretaciones, tanto en lo legal como lo lingüístico, no son blancos ni negros. Es bueno tenerlo en cuenta a la hora de desenfundar nuestras espadas por este o aquel uso de una palabra.

Acerca de Miguel Llorens

Soy un traductor financiero autónomo especializado en documentos financieros, renta variable, renta fija e informes anuales. He trabajado como traductor de plantilla para Goldman Sachs, RGFT (ahora CLS Communications), H.B.O. y el Open Source Center. Para conocer más sobre mis servicios, visite traductor-financiero.com. También estoy en Twitter y LinkedIn.

Sopa de letras, sopa de caos


Tenía clavada la idea de que fue Dámaso Alonso el que dijo que vivíamos en el “siglo de las siglas”. Al consultar la frase en Google, veo indicios (solo indicios, internet nunca brinda certeza) de que Alonso solo popularizó la frase al atribuírsela a Pedro Salinas. En todo caso, Alonso o Salinas se equivocó: el “siglo de las siglas”, al contrario del fenecido siglo veinte, aún no ha terminado y quizás la tiranía de las siglas se prolongue por varios decenios más.

Hace una semana, los líderes europeos estaban discutiendo frenéticamente la idea de apalancar el fondo de rescate bancario para poner fin a la crisis. Por supuesto, ya eso parece historia antigua porque ahora el continente está centrado en un proyecto de recapitalización bancaria. Mientras estaba en boga la penúltima idea, Nouriel Roubini, el economista iraní americano de moda, realizó el siguiente tuit:

The EFSF-EIB levered option to create a bazooka-sized LOLR for PIIGS is a SIV on top of an existing SIV. So it is a CDO-squared monster!

Se trata de un metachiste bastante sofisticado para un economista. Roubini nos está diciendo que “sí, ya sé que usamos una jerga incomprensible, pero al menos cuando yo la uso, sé que se trata de una jerga incomprensible”.

Gracias a Google, hoy día las siglas se descifran con bastante rapidez. Pero de todos modos el lego requeriría seis consultas para traducir el brevísimo mensaje de 140 caracteres a lenguaje llano:

EFSF – European Financial Stability Facility (también Fund). Traducción: Fondo/Instrumento/Mecanismo Europeo de Estabilización Financiera. Es el fondo de donde saldrá el dinero para recapitalizar los bancos o comprar deuda soberana.

EIB – European Investment Bank. Banco Europeo de Inversiones.

LOLR – “Lender of Last Resort”. El “prestamista de última instancia” suele ser el banco central. De hecho, es su principal razón de ser. En un pánico bancario, cuando nadie quiere prestar dinero a nadie debido a la desconfianza, el banco central entra a desempeñar este rol para aliviar el pánico. En este caso, como los alemanes no quieren que el Banco Central Europeo se ensucie las manos con la expansión de la oferta monetaria, se está creando un LOLR “alternativo”.

PIIGS – siglas de “Portugal, Ireland, Italy, Greece and Spain”. El inglés financiero adora las siglas, y si tienen un doble sentido, mejor (véase QE2).

SIV – structured investment vehicle o special investment vehicle. Instrumentos o vehículos de inversión estructurados o especiales. También conocidos a veces como “special purpose vehicles”. Se trata de entidades empleadas por los bancos para alojar activos que no desean reportar en sus balances auditados. En este caso, el banco es un banco central, pero el mismo principio es aplicable (los trapos sucios se lavan detrás de la casa).

CDO – collateralised debt obligation. Obligación de deuda garantizada. Se trata de instrumentos divididos en tramos que funcionan como bonos. Cada tramo/bono tiene un nivel de riesgo diferente, una calificación diferente y un tipo de interés diferente. A mayor riesgo, menor rentabilidad y a la inversa. Su respaldo (collateral) son obligaciones como hipotecas, préstamos estudiantiles, créditos para comprar coches y tarjetas de crédito. Son los grandes protagonistas de la debacle financiera.

CDO squared – CDO al cuadrado. Se trata de una CDO compuesta de otras CDO. Y si esto te parece una monstruosidad —como acota Roubini— estás comenzando a comprender por qué a los bancos se les aproxima el Día del Apocalipsis.

Acerca de Miguel Llorens

Soy un traductor financiero autónomo especializado en documentos financieros, renta variable, renta fija e informes anuales. He trabajado como traductor de plantilla para Goldman Sachs, RGFT (ahora CLS Communications), H.B.O. y el Open Source Center. Para conocer más sobre mis servicios, visite traductor-financiero.com

Terminología de la crisis financiera: la traducción del “haircut” financiero al español


Los años 2011 y 2012 pasarán a la historia como una época dominada por posibles quiebras soberanas en Europa. Dentro de este contexto, la prensa financiera en inglés constantemente habla del “haircut” que se aplicará a la deuda griega y, por el contexto, es obvio que no se trata de un peinado ateniense de moda, sino más bien de una trasquilada pendiente.

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“Op Twist”: estrella en ciernes de la terminología financiera


Es una perogrullada de licenciado en Letras observar que el lenguaje está en perpetua evolución. Esta observación nada original, no obstante, es incluso más certera en el caso de la jerga en el mundo de la economía. Sigue leyendo

1 de septiembre: informe de análisis confidencial de Goldman Sachs aconseja apostar contra la banca europea


El análisis financiero viene en diferentes sabores. Gran parte del mismo es público, otro es semipúblico y otro es tan controvertido que puede tener tan solo cien o doscientos lectores. El banco originador protege estos informes contra los ojos inquisitivos de los medios de comunicación y el público como un marido celoso que enfunda a su mujer en un burka. Esta mañana, el velo de confidencialidad que normalmente oculta estas piezas contra el corrosivo brillo de la publicidad se levantó brevemente cuando el Wall Street Journal publicó los detalles de un informe escrito por un analista que trabaja en la mesa de operaciones de Goldman Sachs. Esta clase de pieza es bastante distinta a los informes de renta variable y renta fija que generalmente se transmiten a los medios de comunicación. Cuando un banco de inversión sube o baja su recomendación sobre una empresa o la deuda de un país, este análisis generalmente no suele ser objeto de polémica; por el contrario, la publicidad aumenta su impacto y, por tanto, el prestigio del banco.

El presente caso es más delicado. El diario neoyorquino pone de relieve el hecho de que el informe, redactado por un analista llamado Alan Brazil, tiene un tono muy sombrío y aconseja adoptar posiciones bajistas sobre el euro y la banca europea (nota: todas las citas del artículo son traducciones mías):

En un informe de 54 páginas fechado el 16 de agosto que fue enviado a centenares de clientes institucionales, Alan Brazil —un estratega de Goldman que trabaja en la mesa de operaciones— argumenta que podría ser necesario hasta un billón de dólares en capital para apuntalar los bancos europeos; que las pequeñas empresas estadounidenses —que en el pasado han impulsado la creación de empleos— siguen estancadas; y que el crecimiento chino posiblemente no sea sostenible.

¿Qué tiene esto de novedoso? Realmente nada. Ninguna de estas opiniones por sí sola es particularmente controvertida. Y juntas tampoco son nada explosivo. El asunto es noticioso debido a la compleja red de intereses y clientelas que atiende un grupo del tamaño de Goldman. Y es que en este caso uno de los clientes mimados es nada más y nada menos que el Estado español, que se esfuerza por financiarse en medio de la actual turbulencia bursátil:

El informe se produce en un momento en que Goldman y sus principales rivales compiten por alzarse con contratos de banca y asesoramiento adjudicados por las mismas naciones europeas contra las que aconseja apostar. El miércoles, Goldman y dos otros bancos importantes organizaron una presentación en Londres en la que el secretario de Estado de Economía de España, José Manuel Campa, tenía previsto detallar las medidas de austeridad fiscal adoptadas por el Gobierno y presentar los argumentos a favor de invertir en el país, de acuerdo con una invitación vista por The Wall Street Journal. Goldman ocupa un sitial de preferencia entre los bancos que facilitan las ventas de deuda soberana española.

El diario incluso asoma la posibilidad de una situación similar a los conflictos de interés que condujeron a investigaciones judiciales y legislativas en Estados Unidos. Todo procede del Big Short (“Gran Posición en Corto”) sobre el mercado de la vivienda. Goldman percibió a mediados de la década de los 2000 que había una inmensa burbuja inmobiliaria y aconsejó a algunos de sus clientes que apostaran por un bajón en los precios de la vivienda (es decir, que adoptaran una posición en corto contra los precios de los hogares). El problema es que cualquier apuesta en contra necesita alguien del otro lado que apueste a favor de los precios de la vivienda. Y allí es donde empezaron los problemas, debido a que los persuasivos vendedores del banco debían vender las posiciones largas 1) sin revelar que la postura interna del banco era bajista y 2) sin revelar que el producto había sido hecho a la medida para clientes que estaban del “lado corto” y que sacarían gran provecho si el mercado inmobiliario colapsaba. Un clásico conflicto de interés. El WSJ acota, no obstante, que el presente caso no es tan atroz porque el banco de inversión no inventó los productos recomendados para apostar contra los bancos europeos. La operación se basa en productos ligeramente más exóticos que una acción o un bono pero que no son novedosos. Sin embargo, la situación moral es similar: mientras que la mano derecha recibe comisiones por vender bonos españoles, la mano izquierda susurra a los fondos de alto riesgo que algunos bancos son menos que sólidos debido a que han comprado esos mismísimos bonos.

Concretamente, el analista recomienda la siguiente operación a los inversores institucionales:

El Sr. Brazil enumera detalladamente los préstamos en los que han incurrido 77 instituciones financieras europeas e identifica algunas que ostentan niveles de apalancamiento particularmente elevados. Dichos detalles son muy valiosos para los inversores interesados en abrir posiciones bajistas a través de swaps de incumplimiento crediticio (CDS) sobre bancos europeos individuales, afirman gestores de hedge funds.

En el caso de los inversores que deseen hacer apuestas más amplias en contra de las instituciones financieras europeas, el Sr. Brazil sugiere comprar un CDS sobre un índice que refleja la deuda de varias empresas europeas. Aproximadamente un 20% de los integrantes del índice en cuestión, el “iTRaxx Europe series 9”, son bancos y empresas de seguros, acota el Sr. Brazil.

También sugiere una opción de venta a seis meses que les dé a los inversores el derecho de apostar contra el euro frente al franco suizo. Según reza el informe, el euro “podría debilitarse si los Gobiernos europeos aprueban paquetes adicionales de apoyo financiero o medidas de estímulo”.

En resumen, en las grandes organizaciones no solo la mano derecha no sabe lo que hace la izquierda sino que a veces no le conviene que lo sepa. El artículo del Journal permite una ojeada detrás de bambalinas al análisis para clientes institucionales: el analista se sienta junto a los operadores del banco y conoce las posiciones de los clientes (contrario a los departamentos de análisis normales y corrientes con los que estoy familiarizado, donde el analista está separado de esta información por la llamada “Muralla China” y las imposiciones regulatorias); el análisis está marcado con el nombre del cliente (para disuadir su diseminación); y el material legal al final del mismo incluso afirma que la pieza en cuestión ni siquiera es análisis (“este material no constituye asesoramiento independiente y no es un producto de Global Investment Research”, la división de análisis “común y corriente” de Goldman). Resulta fascinante este análisis que no es análisis.

Como decía un amigo andaluz: “Estos capullos…”

La prima de riesgo desbanca momentáneamente a Justin Bieber


No es un buen síntoma que un término financiero se convierta en trending topic en Twitter (o, como recomienda Fundéu, “tema del momento”). Hay una terrible correspondencia entre la frecuencia con que “CDO” y “subprime” estaban en boca de legos y hasta de comediantes estadounidenses en 2008 y la velocidad con la que su economía se estaba yendo al sumidero. Hoy le toca a la “prima de riesgo” en castellano, cuya traducción al inglés es risk premium, el diferencial o spread entre los bonos alemanes y los del resto de la UE.  Cuanto mayor es el diferencial entre la rentabilidad de estos, mayor es el riesgo percibido por el mercado.

Por supuesto, su popularidad se debe principalmente a los juegos de palabra:

@theibericpost The Iberic Post

Esta buena, sí. Es promiscua, sí. Te sonríe sospechosamente, sí. Pero por ese camino sólo hay hijos retrasados. #primaderiesgo

@tanbanal Ego Dixit

Yo también tengo una #primaderiesgo Se llama Paca y está muy loca

@javmallo Javier Mallo

INQUIETUDES POLIGLÚTEAS: La prima de Riesgo debe de ser una mujer dura de pelar, después de hacerte pasar por caja… ahora se relaja…

@saulphil

como traductor financiero me encanta que #primaderiesgo esté en twitter, pero nadie habla de la #madrequeleparioalriesgo

Y mi propia modesta contribución al género:

@miguelllorens financial-translator

No le temo a la #primaderiesgo, pero sí a la #madredetodoslosimpagos

Me encantaría ver el gráfico en una base de datos que mida la frecuencia con que aparecen palabras en medios impresos, pero lamentablemente el Ngram Viewer de Google solo es aplicable a libros, y eso solo hasta el año 2008.

De modo que tuve que improvisar un Ngram para pobres al consultar la cantidad de ocurrencias de la frase “prima de riesgo” entre comillas en diarios publicados:

En enero de 2001, la consulta arroja un solo mísero resultado.

En enero de 2010, la consulta nos da 95 modestos resultados.

En enero de 2011, después de que las crisis griega, portuguesa e irlandesa hubiesen explotado, ya tenemos un resultado más angustiante: 2.990 resultados para “prima de riesgo”.

Y como colofón, veamos las ocurrencias de este término financiero —que hace una década era exclusiva propiedad de medios especializados— tan solo en los primeros doce días del presente mes de julio: 4.810 resultados. Ufff.

Solo Dios sabe cómo terminará la crisis, pero si la frecuencia disminuye en agosto, quizás podamos respirar más tranquilos.

Acerca de Miguel Llorens

Soy un traductor financiero autónomo especializado en documentos financieros, renta variable, renta fija e informes anuales. He trabajado como traductor de plantilla para Goldman Sachs, RGFT (ahora CLS Communications), H.B.O. y el Open Source Center. Para conocer más sobre mis servicios, visite traductor-financiero.com

Salida a Bolsa en inglés: ¿“IPO” o “flotation”?


Desde que publiqué dos entradas de bitácora sobre el debut en Bolsa de LinkedIn el mes pasado, recibo diez o doce visitas diarias de personas que al parecer buscan la traducción al inglés del término castellano “salida a Bolsa”. Supongo que las reglas de la hospitalidad me obligan a prestar un servicio a estos intrépidos internautas carentes de habilidades booleanas. Digo, como agradecimiento por haber llegado hasta aquí, aunque solo sea por un pequeño tropiezo.

La traducción al inglés allende el Atlántico es “IPO”, sigla de “initial public offering”, mientras que aquende el océano es “flotation”. En esto concuerdan las fuentes impresas: “IPO” es estadounidense y “offering” es británico.

Aunque no hay que ser dogmático. El norteamericano “IPO” lentamente se está haciendo un espacio en Gran Bretaña. Véanse los resultados del archivo del Guardian (que es gratuito y se extiende hasta la década de los noventa) para IPO y flotation, respectivamente. Podemos ver que “IPO” era un primo pobre en 2000 (142 menciones frente a las 855 del primo londinense “flotation”), pero que poco a poco se ha ido labrando un poco de espacio vital y podría terminar incluso dominando el mercado inglés.

¿Y viceversa? La palabra “flotation” no se usa nunca en Estados Unidos, al menos según los diccionarios bilingües. Sin embargo, el archivo del New York Times indica lo contrario: arroja 458 resultados solo para el último año (y dentro del ámbito financiero, que es lo importante). (Una nota curiosa y sin ninguna relación con lo presente: la palabra “flotation” alcanza 855 menciones en el Guardian en el año 2000, cuando la burbuja de las puntocom alcanzó sus alturas más dementes antes de estallar. Es un dato curioso para el economista interesado en estudiar las burbujas especulativas utilizando datos lingüísticos.)

La lenta convergencia entre “flotation” y “IPO” a ambos lados del Atlántico podría ser síntoma de globalización o de homogeneización entre las culturas financieras de Estados Unidos y Gran Bretaña. No lo sé. En todo caso, las explicaciones fáciles son sospechosas. La globalización no siempre es en un solo sentido. Palabras del slang británico a menudo aparecen en lugares muy americanos, de modo que la influencia también puede ser mutua. Hace quince años ningún estadounidense habría sabido lo que significa el polivalente “dodgy” británico.

Y si alguna duda cabe de mi generoso ofrecimiento de sabiduría colectiva, te remito a las siguientes fuentes:

http://www.inverpedia.com/diccionario/831-salida-a-bolsa.html

La economía en Internet, por supuesto, no funciona a base de dinero, y no lo solicitaré, pero si esta entrada te sirvió de algo, compénsame mediante una ciberlimosna: retuitea este post, sígueme en Twitter, echa un vistazo a mi web o visita mi blog en inglés.

¡Felices ciberviajes!

Acerca de Miguel Llorens

Soy un traductor financiero autónomo especializado en documentos financieros, renta variable, renta fija e informes anuales. He trabajado como traductor de plantilla para Goldman Sachs, RGFT (ahora CLS Communications), H.B.O. y el Open Source Center. Para conocer más sobre mis servicios, visite traductor-financiero.com

“Short sale” y por qué los diccionarios bilingües no sirven para nada


La marca de un traductor financiero experimentado es el escepticismo. Particularmente en el área de las finanzas. Hasta se podría denominar “paranoia metódica”. Si encuentras una palabra en un diccionario, cógela con pinzas y échala en tantas bases de datos online como sea posible, entre comillas, con operadores booleanos, al derecho, al revés, con el original, con la palabra “diccionario”, “glosario”, sola, acompañada, como sea. Solo después de pasar tu candidato por tantos tamices como sea posible puedes atreverte a insertar el término propuesto en la traducción.

Sobre todo, hay que inocularse contra lo que podría llamarse el realismo ingenuo. El traductor inexperto en el tema financiero toma un libro que ostenta orgullosamente el título Diccionario de finanzas y economía o algo por el estilo y presupone que puede fiarse de él como un bastón para suplir un currículo anémico.

Y es que las personas que redactan estos diccionarios no necesariamente tienen una experiencia amplia en los mercados. Un ejemplo recurrente de esto es un término relativamente común. Me refiero a las “short sales”, que se producen cuando una persona que no posee una acción en una empresa toma prestada esa acción a otra persona. El que pide la acción prestada se da la vuelta y vende esta acción (de la que no es dueño) bajo la idea de que la cotización de esta acción bajará. Una vez verificada la baja en la cotización después de un periodo dado, vuelve a comprarla (a un precio inferior) y la devuelve a su dueño original. La ganancia del short seller consiste en la diferencia entre el precio de venta y el precio de recompra (menos la comisión que debe pagar al verdadero dueño de la acción por el privilegio de hacer su jugadita con la propiedad ajena).

El problema es que el traductor poco familiarizado con el tema acude a los diccionarios especializados en busca de un equivalente en castellano y encuentra lo siguiente:

short sale venta f en or al descubierto (p. 255)

Harrap’s business dictionary: English-Spanish

short selling: venta en descubierto (p. 336)

Glosario internacional para el traductor

short sale/selling (MERC FINANC/PROD/DINER venta en/al descubierto; venta corta; venta de valores, divisas, productos o contratos de futuros por quien no los posee aunque espera obtenerlos a un precio más bajo, en un mercado bajista —bear market— antes del día pactado para la entrega…)

Alcaraz Varó y Hughes, Diccionario de términos económicos, financieros y comerciales

Evidentemente la última opción es la más útil y completa de todas: ofrece dos candidatos y, en tercer lugar, ofrece una explicación detallada de la operación (cosa poco frecuente en los diccionarios bilingües, que en realidad no suelen ser más que glosarios glorificados).

El problema es que Alcaraz y Hughes colocan en primer lugar la omnipresente “venta en o al descubierto”, lo que inclinará a la mayoría de los traductores a decantarse por esta opción. El problema es que esta opción sería incorrecta para un texto utilizado por los profesionales que trabajan en los mercados. Al encontrar “venta en descubierto”, fruncirán el ceño y preguntarán “¿qué diablos es eso?”

Y es que el término técnico preferido en el ámbito financiero español es la “venta corta”, que a los ojos del traductor suena a una herejía, una traducción literal y que hace sonar al texto como si el traductor no hizo el esfuerzo de consultar fuentes especializadas.

Consúltese el diario financiero Expansión: “ventas en corto” arroja 100 resultados de su archivo y la traductoril opción “en/al descubierto” solo 28 menciones y principalmente en traducciones de notas de los servicios cablegráficos.

Son los pequeños detalles que distinguen al especialista del generalista. No quita que “venta al descubierto” sea una opción más elegante y descriptiva: pinta de forma elocuente el meollo del asunto. Uno está vendiendo algo que no posee. Y, efectivamente, si uno vende una acción en una venta corta pero esta sube, debe tratar de recomprarla para limitar las pérdidas, cosa que a veces no resulta posible cuando estos títulos escasean (el llamado short squeeze). Así que, en cierto modo, el especulador está “al descubierto”, expuesto a los bruscos vaivenes de la Bolsa.

En todo caso, si se está traduciendo el texto para una agencia no especializada, se debe optar por “al descubierto”, porque no sobrevivirá el proceso del corrector que utiliza estos diccionarios para juramentos solemnes. Pero si el texto va dirigido a individuos que se ganan el pan en los mercados, hay que optar por la literal y humilde “venta corta”.

Acerca de Miguel Llorens

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Terminología financiera en las noticias: la palabra “reprofiling”


Un fantasma recorre Europa… Apenas apareció el lunes de la semana pasada y poco a poco ha hecho el recorrido desde Berlín hasta Barcelona y desde Milán hasta Madrid. Hombres adultos temen pronunciar su nombre en voz baja. Las mujeres se persignan al escucharlo. Pero se ha insinuado en la mente de todos.

El término financiero del mes tiene que ser reprofiling. El traductor financiero que trabaja del inglés al español no encontrará este término en los diccionarios, pues entró en boga apenas hace una semana como forma para edulcorar el amargo trago de un país europeo que se declara incapaz de hacer frente a su deuda. Se trata de la posibilidad de “reperfilar” esta deuda (lo cual podría implicar varias cosas, desde un impago parcial hasta una extensión de la duración de los bonos griegos). Traducido al español, se trata de la reestructuración de la deuda de un país que se balancea sobre el abismo de la insolvencia.

¿Por qué tenemos que apelar al eufemismo cuando hay tantas palabras útiles para describir el proceso en castellano, como la mentada “reestructuración”, declaración de mora, insolvencia, moratoria de deuda, impago soberano o el anglicismo default?

Porque el neologismo es una forma de suavizar algo que, de ocurrir, pondría a temblar los sistemas financieros del continente y el mundo.

La traducción al español más extendida es reperfilar. Resulta interesante que el archivo de El País solo revela tres instancias de la palabra y la primera data apenas del domingo:

La UE ya ha comenzado a trabajar en esa reestructuración suave -con el ya habitual neologismo: los burócratas de Bruselas hablan de reperfilar la deuda

http://www.elpais.com/articulo/economia/Europa/afronta/momento/verdad/elpepieco/20110522elpepieco_1/Tes

Nótense las itálicas. La palabra suena lo suficientemente a Eurospeak que los medios la traten con pinzas. Fuentes como El Diario financiero optan por unas comillas muy asépticas (“…Europa debería considerar “reperfilar” las maduraciones de bonos de Grecia…”), opción imitada por Mercado (“…el primer ministro luxemburgués Jean-Claude Juncker (Eurogrupo) plantea “reperfilar” los vencimientos de bonos…”).

Sin embargo, los altos funcionarios que dirimen el desenvolvimiento de la tragedia y que están opuestos al impago griego se atragantan con el eufemismo. Como dijo Christine Lagarde con brutal franqueza gala:

Lo que seguro que no queremos es una quiebra, una suspensión de pagos de un país europeo. Pueden usarse muchas palabras (reperfilar, reestructurar, lo que sea), pero no vamos a tolerar una situación así en Grecia.

http://www.elpais.com/articulo/economia/Espana/sufre/mercados/crisis/griega/resaca/electoral/elpepieco/20110524elpepieco_2/Tes

“Quiebra, reperfilar, reestructurar, lo que sea…”

Vendrá un largo y ardiente verano.

Acerca de Miguel Llorens

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De la joroba de Trichet al pico de la inflación: anatomía de un error de traducción inglés-español español-inglés


En la sesión de este viernes, 13 de mayo, el euro se desplomó debido a la percepción de que el presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, no veía problemas con la inflación debido a que la misma había alcanzado “un pico”. Esto sugería que no habría aumentos de tipos durante el futuro previsible. No obstante, el blog MarketBeat del Wall Street Journal advirtió que el bajón se debió a un error de traducción. ¿Qué hay de cierto en la afirmación de los blogueros?

El encargado de la política monetaria europea hizo el comentario durante una entrevista de 10 minutos con Televisión Española (la afirmación de la discordia se produce aproximadamente el minuto 9:00). El intérprete español reprodujo sus declaraciones del siguiente modo: “Como ya sabe, hasta ahora hemos conseguido la estabilidad de precios. Ya lo había dicho. Desde el comienzo del euro, somos creíbles. Por supuesto, estamos en un periodo en el que tenemos un pico en el índice de precios al consumo”.

Sin embargo, el verdadero comentario de Trichet fue un poco menos tajante respecto a la inflación. Las palabras originales en inglés del banquero central son: “We have delivered price stability since the inception of the euro. And of course, in the European Union we have a hump in the consumer price index”. La palabra clave es “hump”, que literalmente es una “joroba” y en sentido figurativo puede ser un obstáculo o una etapa difícil (a difficult, trying, or critical phase or obstacle —often used in the phrase over the hump). Traducirla como “pico” se presta a malentendidos debido a que la palabra española significa que lo peor ya ha quedado en el pasado.

Hasta ahora, no había pasado gran cosa: una mera imprecisión lingüística. Simplemente un hump inglés que pasó a ser pico en español. El lío mayor se produjo cuando Reuters tomó las palabras de Trichet y las devolvió a su idioma original pero muy transformadas: “European Central Bank President Jean-Claude Trichet did most of the damage to the euro when he said inflation was at a peak in an interview with Spanish TV, suggesting uncertainty about the pace of future rate hikes in the euro zone” (Mi traducción: “El presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, infligió la mayor parte del daño al euro al afirmar en una entrevista con la televisión española que la inflación había alcanzado un pico, lo que generó incertidumbre sobre el ritmo de futuras alzas de tipos en la zona euro”).

Este paso adelante para volver atrás fue lo que arrastró a la baja la divisa europea. Reuters, apoyándose en la traducción de TVE, creó la impresión de que Trichet había relegado los temores inflacionistas al basurero de la historia.

Pero si analizamos la forma en que Trichet usa la palabra, queda claro que no la emplea en el sentido de que el alza de la inflación sea cuestión del pasado. Efectivamente, ha utilizado la palabra “hump” anteriormente como indicativa de un alza del IPC que podría ser temporal o no, dependiendo del grado de vigilancia de la autoridad monetaria. Hace dos semanas utilizó la bendita palabra en el siguiente contexto: “’It is a hump in the CPI’, Trichet said. “We have no direct impact on the price of oil. But we have to care for the medium run. It depends on us that it would be transitory”. Que traducido significa: “Se trata de un alza en el IPC”, afirmó Trichet. “No tenemos ningún impacto directo sobre el precio del petróleo. Pero debemos estar atentos al medio plazo. Depende de nosotros de que sea transitorio”.

En todo caso, en descargo del intérprete, la palabra empleada por Trichet no es muy afortunada. ¿Querría decir más bien “bump”, que se puede transmitir como un alza? Como indica el diccionario citado arriba, la frase estar “over the hump” significa que ya ha pasado lo peor, la razón más probable por la que el intérprete apeló a “pico”.

En todo caso, estaríamos mejor servidos si el Sr. Trichet utilizase una palabra menos creativa, como por ejemplo “spike” (alza), para referirse a las travesuras de la inflación. Tampoco se debe olvidar que los banqueros centrales son intencionalmente vagos. Los arabescos lingüísticos de Alan Greenspan son legendarios. Lo que pocos saben es que no se trata de una idiosincrasia particular de este o aquel funcionario sino un arma intencional desplegada por los encargados de la política monetaria. En sus memorias, Greenspan recuerda su iniciación en el lenguaje abstruso de la Reserva Federal de Estados Unidos, conocido como “Fedspeak”:

El comité también tenía su propio idioma, al que debía aprender a acostumbrarme. Por ejemplo cuando el FOMC quería autorizar al presidente [de la Reserva Federal] para que elevara el tipo de fondos federales antes de la siguiente reunión regular, no decía “Puede subir los tipos si decide que es necesario”, sino que votaba a favor de “una directiva asimétrica hacia la restricción monetaria”. Greenspan, The Age of Turbulence (p. 102)

En fin, esta comedia de errores es típica de las comunicaciones modernas y, específicamente, de las comunicaciones dentro del complejo entramado político y lingüístico de la Unión Europea: un banquero central francófono concede una entrevista en inglés a una periodista española; los comentarios se traducen al español; la historia es recogida por Reuters, que vierte las palabras de nuevo al inglés y crea la impresión errónea de que el jefe de del BCE está menos atento a la amenaza inflacionista de lo que sugieren sus palabras originales. Si a esto se añade la velocidad con la que viaja la información en los medios contemporáneos y la rapidez con la que los mercados reaccionan a cualquier trozo de información, está servida la mesa para un episodio como el de hoy.

Acerca de Miguel Llorens

Soy un traductor financiero autónomo especializado en documentos financieros, renta variable, renta fija e informes anuales. He trabajado como traductor de plantilla para Goldman Sachs, RGFT (ahora CLS Communications), H.B.O. y el Open Source Center. Para conocer más sobre mis servicios, visite traductor-financiero.com