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Salida a Bolsa en inglés: ¿“IPO” o “flotation”?


Desde que publiqué dos entradas de bitácora sobre el debut en Bolsa de LinkedIn el mes pasado, recibo diez o doce visitas diarias de personas que al parecer buscan la traducción al inglés del término castellano “salida a Bolsa”. Supongo que las reglas de la hospitalidad me obligan a prestar un servicio a estos intrépidos internautas carentes de habilidades booleanas. Digo, como agradecimiento por haber llegado hasta aquí, aunque solo sea por un pequeño tropiezo.

La traducción al inglés allende el Atlántico es “IPO”, sigla de “initial public offering”, mientras que aquende el océano es “flotation”. En esto concuerdan las fuentes impresas: “IPO” es estadounidense y “offering” es británico.

Aunque no hay que ser dogmático. El norteamericano “IPO” lentamente se está haciendo un espacio en Gran Bretaña. Véanse los resultados del archivo del Guardian (que es gratuito y se extiende hasta la década de los noventa) para IPO y flotation, respectivamente. Podemos ver que “IPO” era un primo pobre en 2000 (142 menciones frente a las 855 del primo londinense “flotation”), pero que poco a poco se ha ido labrando un poco de espacio vital y podría terminar incluso dominando el mercado inglés.

¿Y viceversa? La palabra “flotation” no se usa nunca en Estados Unidos, al menos según los diccionarios bilingües. Sin embargo, el archivo del New York Times indica lo contrario: arroja 458 resultados solo para el último año (y dentro del ámbito financiero, que es lo importante). (Una nota curiosa y sin ninguna relación con lo presente: la palabra “flotation” alcanza 855 menciones en el Guardian en el año 2000, cuando la burbuja de las puntocom alcanzó sus alturas más dementes antes de estallar. Es un dato curioso para el economista interesado en estudiar las burbujas especulativas utilizando datos lingüísticos.)

La lenta convergencia entre “flotation” y “IPO” a ambos lados del Atlántico podría ser síntoma de globalización o de homogeneización entre las culturas financieras de Estados Unidos y Gran Bretaña. No lo sé. En todo caso, las explicaciones fáciles son sospechosas. La globalización no siempre es en un solo sentido. Palabras del slang británico a menudo aparecen en lugares muy americanos, de modo que la influencia también puede ser mutua. Hace quince años ningún estadounidense habría sabido lo que significa el polivalente “dodgy” británico.

Y si alguna duda cabe de mi generoso ofrecimiento de sabiduría colectiva, te remito a las siguientes fuentes:

http://www.inverpedia.com/diccionario/831-salida-a-bolsa.html

La economía en Internet, por supuesto, no funciona a base de dinero, y no lo solicitaré, pero si esta entrada te sirvió de algo, compénsame mediante una ciberlimosna: retuitea este post, sígueme en Twitter, echa un vistazo a mi web o visita mi blog en inglés.

¡Felices ciberviajes!

Acerca de Miguel Llorens

Soy un traductor financiero autónomo especializado en documentos financieros, renta variable, renta fija e informes anuales. He trabajado como traductor de plantilla para Goldman Sachs, RGFT (ahora CLS Communications), H.B.O. y el Open Source Center. Para conocer más sobre mis servicios, visite traductor-financiero.com

La salida a bolsa de LinkedIn: ¿burbuja o estafa?


Dos días después de la salida a bolsa de la red social LinkedIn, que muchos describen como el pistoletazo de salida de otra burbuja tecnológica, el columnista especializado en asuntos financieros del New York Times, Joe Nocera, adelanta otra perspectiva: el conocido fenómeno de la corrupción de las salidas a bolsa.

Los títulos de LinkedIn fueron tasados a $45 por parte de los asesores, Morgan Stanley y Merrill Lynch. Pero cerraron su primer día al doble. La diferencia entre el precio citado por los asesores de la salida y el precio final representa dinero que no ingresó a los cofres de LinkedIn sino en los bolsillos de los clientes de Morgan y Merrill a los que se asignaron lotes de acciones antes de que abriese el mercado:

El hecho de que la acción se duplicase en su primer día de cotización —cosa que los banqueros de inversión, que siguen de cerca el pulso del mercado, deben haber sabido con toda certeza que ocurriría— significa que miles de millones de dólares adicionales que deberían haber ido a LinkedIn terminaron en manos de inversores para los que Morgan Stanley y Merrill Lynch deseaban hacer favores. Puedo garantizar que la mayoría de esos inversores vendió esas acciones durante el repunte matutino. Es el dinero más fácil que se puede ganar en Wall Street.

Tal como escribió Eric Tilenius, director gerente de Zynga, en Facebook: “Un brinco inmenso en el primer día no es indicativo de una salida a bolsa exitosa sino de que hubo un error inmenso en la fijación del precio. Los banqueros están recompensando a sus amigos y a sí mismos en lugar de cumplir su deber fiduciario hacia sus clientes”.

Ahora bien, cabe acotar que los manejos turbios en las salidas a bolsa no son nada nuevo. Figuraron de forma prominente en la burbuja tecnológica de los 90. Las dos tesis (burbuja, corrupción) no son mutuamente excluyentes. Puede incluso que se fortalezcan mutuamente.

P.D. Para una descripción alternativa de por qué la discrepancia de precios no es tal, véase esta entrada de blog de un banquero de inversión anónimo.

Acerca de Miguel Llorens

Soy un traductor financiero autónomo especializado en documentos financieros, renta variable, renta fija e informes anuales. He trabajado como traductor de plantilla para Goldman Sachs, RGFT (ahora CLS Communications), H.B.O. y el Open Source Center. Para conocer más sobre mis servicios, visite traductor-financiero.com

La historia no se repite, pero a veces rima: la salida a bolsa de LinkedIn


“Las mejores mentes de mi generación están ideando formas para hacer que la gente haga clic en anuncios publicitarios,” afirma. “Eso apesta.”

“This Tech Bubble is Different”, Ashlee Vance

Una empresa tecnológica con poco recorrido sale a flote en el mercado neoyorquino. No genera muchos beneficios. Hay pocos antecedentes disponibles para valorar el negocio. Es parte de un boom centrado en empresas de Internet.

No obstante, es objeto de mucha publicidad y goza de muchos miembros online.

En su primera sesión, el precio de la acción se dispara un 100% y cierra con una valoración 40 veces superior a sus ventas anuales.

¿Estamos en 1999, en medio de la fiebre de las puntocom?

No, estamos en 2011. Específicamente, el 19 de mayo de 2011. La red social para profesionales conocida como LinkedIn hizo su aparición en bolsa esta tarde y su evolución fue reminiscente de la montaña rusa de finales de los 90. Los bancos de inversión que asesoraron a la empresa fijaron un precio de 45 dólares por acción, pero el título abrió a 83 dólares en la mañana y cerró la sesión a media tarde a 94 dólares después de alcanzar las vertiginosas alturas de 120 dólares intradía. En menos de 24 horas, los tenedores de acciones en la empresa lograron una rentabilidad de más del 100%, lo que le otorga a la empresa una capitalización de 9,1 mil millones de dólares. La cifra representa un valor superior a la capitalización bursátil de más del 40% de las empresas en el S&P 500, incluidas U.S. Steel, Tiffany, Hershey y NYSE Euronext.

Soy miembro de esta web (cualquiera que desee agregarse a mi red puede hacerlo con gusto), pero queda claro que no se trata del mismo fenómeno que Facebook.

Por tanto, lo de LinkedIn se trata menos de un boom en sí que de un pistoletazo de salida para lo que vendrá. Después del alza vertical de hoy, el mercado está menos interesado en LinkedIn que en lo que está por venir: empresas de medios sociales más grandes aún o con modelos de negocio más sólidos. Suenan Zynga, Groupon, Twitter, etc. Y el gorila de mil kilogramos, Facebook, que con 600 millones de miembros sería uno de los tres países más poblados del mundo.

La relamida de labios colectiva por parte de los inversores de Silicon Valley ha sido tan fuerte que se escuchó hasta en Nueva York. “Todos en Silicon Valley quieren que esto sea un éxito. Más éxito significa que habrá más inversiones en compañías nuevas”, declara un abogado de la zona al Wall Street Journal. “Si funciona, habrá mucha presión por parte de muchas empresas de medios sociales para tratar de salir antes de que lo haga Facebook. Porque una vez que salga Facebook, se volverá imposible captar la atención de ningún analista”. El frenesí es palpable: urgencia por sacar provecho a un modelo que está de moda y, ante todo, por hacerlo antes que los competidores.

Ahora bien, todo es igual pero con pequeñas diferencias.

Y es que después de dos burbujas en menos de diez años (la tecnológica y la del ladrillo), en medio del coro febril se escuchan dos o tres voces más escépticas. El inversor y bloguero Paul Kedrosky lleva ya varios meses bromeando sobre la burbuja de los medios sociales. Incluso ha llegado a pronosticar el día en que se quebrará: el 17 de junio de 2013, “aproximadamente a las 10:17 a.m., hora del Este”. Hay alguien que ha declarado la “Burbuja de las Magdalenas”. Hay incluso quien ha hablado de una “burbuja de burbujas”.

Si bien la euforia es real, también abunda el escepticismo. La mejor pieza en este género es un artículo largo de Ashlee Vance en Bloomberg BusinessWeek del mes pasado, que lleva por título “Esta burbuja tecnológica es diferente” (un guiño al libro “Esta vez es diferente” de los economistas Carmen M. Reinhart y Kenneth Rogoff sobre 700 años de crisis financieras). Vance aplica al fenómeno de los social media la tesis reciente de que los excesos inversores, aunque dolorosos, siempre dejan algo de valor en su estela: unas cuantas empresas viables en Internet; vivienda barata; infraestructura de telecomunicaciones, etc. La pieza argumenta que, por el contrario, la burbuja de los medios sociales se distinguirá por no dejar ningún valor después de estallar. Inmensas cantidades de capital humano y financiero se están invirtiendo en influenciar a los Internautas para que hagan clic en publicidad. Dicho de otro modo, se está creando menos valor que el dejado atrás por la inmensa hoguera de dinero encendida a en la última década del siglo veinte.

Como dice el dicho, la historia no se repite, pero a veces rima.

Acerca de Miguel Llorens

Soy un traductor financiero autónomo especializado en documentos financieros, renta variable, renta fija e informes anuales. He trabajado como traductor de plantilla para Goldman Sachs, RGFT (ahora CLS Communications), H.B.O. y el Open Source Center. Para conocer más sobre mis servicios, visite traductor-financiero.com