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«Breaking Bad» y «Casa de mi padre»: ¿el español conquista Estados Unidos?


Una de las cosas que más me divierte de la cruzada contra el anglicismo en el mundo hispanohablante es su contrapartida —igual de histérica— en Estados Unidos: la lucha contra la creciente influencia del español debido a las oleadas de inmigración tanto legal como ilegal desde el sur del río Grande. La semana pasada, el candidato presidencial republicano Rick Santorum, al ser interrogado sobre la posible incorporación de Puerto Rico como estado, expresó su apoyo, aunque con la salvedad de que se respete la ley federal y adopte el inglés como lengua oficial. Nadie ha acusado a Santorum de ser un intelectual, mucho menos de ser un experto constitucionalista. Pero una de las cosas más simpáticas de Estados Unidos es que no tiene idioma oficial. A los padres de la patria norteamericana —viviendo en la feliz etapa previa al romanticismo y el nacionalismo— ni siquiera se les pasó por la cabeza la necesidad de indicar en su Constitución que el idioma inglés tendría que ser la lengua oficial del gobierno que estaban fundando. Pese a lo candente que siempre es el tema de la identidad cultural, el movimiento de consagrar oficialmente el anglosajón moderno como idioma legal no ha hecho demasiados avances.

¿Hasta dónde llega el grado de influencia del español en la patria de Noah Webster? Creo que la evidencia es mixta. Tomemos dos ejemplos, uno de la televisión y otro del cine.

El primero es el empleo de larguísimas escenas en español pero sin ninguna clase de subtítulo al principio de varios capítulos de la serie Breaking Bad. He visto dos o tres comentarios sugiriendo que la ausencia de subtítulos se debe al creciente bilingüismo de Estados Unidos. Pero esto es una forma errónea de interpretar estas escenas.

Breaking Bad se ha caracterizado desde el principio por la presentación al principio de cada capítulo de una imagen incomprensible, a menudo surrealista, que carece de cualquier contexto. Esta imagen se olvida inmediatamente y luego surge de nuevo, de forma inesperada, en el momento más álgido del capítulo. La técnica me recuerda bastante los comienzos de Dos metros bajo tierra, que comenzaba siempre con la muerte de la persona que sería velada durante ese capítulo en las pompas fúnebres de los hermanos Fisher. Aunque tangencialmente relacionada con el resto del capítulo, lo importante es que esta escena funcionaba como una forma a la vez brutal de recordarnos nuestra mortalidad (el tema de la serie) y un modo impactante de comenzar cada episodio.

Breaking Bad lleva esta misma técnica un paso más allá y la elabora de forma mucho más audaz. Un capítulo, por ejemplo, comienza con una imagen de un conejo de peluche con un ojo faltante que flota en una piscina. Esta imagen se queda en el aire hasta que, 40 minutos más tarde, el espectador comprende que el peluche es parte de los restos macabros de una colisión entre dos aviones.

Las largas escenas en español son realmente herramientas dramáticas para provocar este mismo efecto del extrañamiento. Se trata de quebrar las convenciones realistas para crear un tipo de experiencia estética más compleja, de segundo nivel, «meta» y posmoderna. Breaking Bad experimenta más con los límites de la ficción que la mayor parte de la televisión que jamás se haya hecho. Por eso creo que esas escenas no tienen nada que ver con la creciente influencia del español. Igual podrían haberse filmado en silencio o en sueco. La apuesta de los realizadores es lograr seguir contando una historia a un público angloparlante incluso aunque se supriman elementos tan esenciales como el diálogo.

Pasemos a otro caso. Esta semana se estrenó una comedia llamada Casa de mi padre, protagonizada por Will Ferrell. Tengo entendido que se trata de una parodia del género de la telenovela y está hablada principalmente en español (esta vez con subtítulos). Hablando en el Daily Show, Ferrell contó que no aprendió español sino que simplemente recitó el guion fonéticamente (cosa evidente para cualquier hispanohablante). Ferrrell también se presentó en el programa de Jimmy Kimmel, donde mantuvo una larga entrevista en español puramente fonético y subtítulos en inglés con el anfitrión. (Juzguen ustedes si la entrevista da una idea sobre la calidad de la película. A mí, personalmente, Will Ferrell nunca me ha hecho reír, a pesar de que soy devoto de Saturday Night Live desde que tenía diez años. Pertenece más a la tradición del clown que al del comediante stand-up.)

Sin embargo, más que evidencia de la potencia del español, creo que indica la fuerza de la cultura latina. Lo primero que uno tiene que preguntarse es cómo un público angloparlante que no ve telenovelas latinoamericanas en ningún idioma va a reírse con una parodia de este género. La respuesta es que muchos norteamericanos han visto telenovelas en español igual que muchos de nosotros, mientras surfeamos los canales de cable. Y aunque yo no he visto muchas, conozco sus convenciones. Pero si la película triunfa (y hay pocos motivos para esperar que sea un éxito, porque las críticas son uniformemente negativas), es porque incluso el angloparlante monolingüe comprende la gestualidad exagerada y las técnicas granguiñolescas de la telenovela sudamericana: entiende que la pareja se está peleando; entiende que el villano es villano porque la música tenebrosa se lo indica; comprende que la madre y la hija están compartiendo un momento de nostalgia porque el violín se lo dice de forma nada sutil.

Más que bilingüe o plurilingüe, mi impresión es que Estados Unidos se está volviendo un país pluricultural, con una mayoría firmemente angloparlante y monolingüe que sin embargo está conectada, o al menos yuxtapuesta, con muchas culturas procedentes del resto del mundo.

Acerca de Miguel Llorens

Soy un traductor financiero autónomo especializado en documentos financieros, renta variable, renta fija e informes anuales. He trabajado como traductor de plantilla para Goldman Sachs, RGFT (ahora CLS Communications), H.B.O. y el Open Source Center. Para conocer más sobre mis servicios, visite traductor-financiero.com. También estoy en Twitter y LinkedIn.

 

La gira financiera de Michael Lewis pasa por Alemania y culmina en California


Vanity Fair ha publicado el último capítulo de la gira mundial por desastres financieros que llevó al escritor Michael Lewis a visitar Islandia, Irlanda, Grecia y Alemania. El grand tour termina en California, donde Lewis adelanta la tesis de que la crisis financiera en Estados Unidos se desarrollará principalmente a nivel de los gobiernos municipales, a diferencia de Europa, donde la crisis y la austeridad serán temas de discusión a nivel nacional y supranacional.

El mes pasado le tocó el turno a Alemania. ¿Por qué Alemania, se preguntará alguien, en vista de que su economía ha conservado su robustez en medio de la crisis mundial? El capítulo alemán desarrolla la tesis de que el sistema financiero alemán subvencionó la locura financiera de terceros a la vez que se mantenía a una distancia prudente de los excesos más demenciales. Un ejemplo directo: un banco alemán llamado IKB fue uno de los principales compradores de títulos basados en hipotecas basura emitidas en Estados Unidos. Para ampliar la tesis sobre Alemania como participante indirecto en la euforia financiera de la década pasada, el autor se explaya sobre temas dudosos de psicología nacional y estereotipos más o menos facilones. De hecho, toda la serie de artículos se basa sobre estereotipos bastante gruesos. Si Lewis hubiese escrito sobre España, no cabe duda de que el flamenco, los toros y Hemingway habrían hecho más de una aparición. En el caso de Alemania, los nazis y el humor escatológico figuran de forma prominente. La recepción crítica en la blogósfera fue bastante negativa, pero incluso los detractores más enconados destacaron el siguiente párrafo como una observación particularmente aguda:

Lo que los alemanes hicieron con el dinero entre 2003 y 2008 nunca habría sido posible en Alemania, debido a que no había nadie capaz de actuar como contraparte en las numerosas transacciones que celebraron pero que carecían completamente de sentido. Sostuvieron pérdidas masivas en todo lo que tocaron. De hecho, una forma de entender la crisis de la deuda europea —que se escucha con bastante frecuencia en Grecia— es que todo se reduce a una complicada maniobra por parte del Gobierno alemán, actuando en nombre de sus bancos, para recuperar el dinero de los mismos sin llamar la atención. El Gobierno alemán le da dinero al fondo de rescate de la Unión Europea para que este le dé dinero al Gobierno irlandés, el cual a su vez se lo da a los bancos irlandeses para que estos salden sus deudas con los bancos alemanes. “Están jugando billar”, afirma [el economista alemán Henrik Enderlein]. “La solución más sencilla sería entregar dinero alemán a los bancos alemanes y permitir que quiebren los bancos irlandeses”. Por qué no terminan por hacer esto es una pregunta que merecería la pena hacerse.

(***)

[Los alemanes] prestaron dinero a acreedores hipotecarios subprime, a promotores inmobiliarios irlandeses, a potentados financieros islandeses para hacer cosas que ningún alemán haría jamás. Aún no se sabe a cuánto ascienden las pérdidas alemanas, pero hasta hace poco eran 21 mil millones de dólares de mano de los bancos islandeses, 100 mil millones a causa de bancos irlandeses, 60 mil millones en diversos bonos estadounidenses respaldados por hipotecas basura y una suma que aún falta por definir en bonos griegos. El único desastre financiero de la última década que los banqueros alemanes esquivaron fue invertir dinero con Bernie Madoff.

Aunque estos dos últimos capítulos no me parecen ni tan divertidos ni tan iluminadores como las visitas a Irlanda y Grecia, siempre hay una oración que merece la pena guardar en el disco duro y varias que te hacen reír en voz alta. La imagen dominante de la serie de artículos (que este mes apareció en forma de libro con el título de Búmeran: andanzas en el nuevo Tercer Mundo) es que la crisis financiera tuvo un origen similar (el dinero barato) en todo el mundo, pero se desarrolló de forma diferente en cada país.  Cada país fue dejado a solas en una habitación a oscuras con una pila de dinero barato y cada cual hizo algo distinto pero igualmente desastroso. La siguiente cita es del artículo sobre Grecia:

El crédito no era simplemente dinero: era una tentación. Ofreció a sociedades enteras la oportunidad de sacar a la luz del día aspectos ignotos de sus personalidades que normalmente no podrían darse el lujo de complacer. A cada país se le dijo: “Las luces están apagadas, puedes hacer lo que quieras y nadie jamás lo sabrá”. Lo que optaron por hacer con el dinero en la oscuridad presentó variaciones de un país a otro. El deseo de los estadounidenses fue comprar hogares mucho más grandes de los que podían costear y permitir que los fuertes explotasen a los débiles. El deseo de los islandeses fue dejar de pescar, convertirse en banqueros de inversión y permitir que sus machos alfa diesen rienda suelta a una megalomanía que hasta entonces había estado suprimida. El deseo de los alemanes fue volverse más alemanes; el de los irlandeses fue dejar de ser irlandeses.

El párrafo que extiende el leitmotiv y lo aplica a los líos presupuestarios de California reza del siguiente modo:

El problema es que la gente toma dinero simplemente porque puede, sin tomar en cuenta las consecuencias sociales más amplias. No es una coincidencia que las deudas de los municipios y estados se salieron fuera de control al mismo tiempo que las deudas de los ciudadanos particulares de Estados Unidos. A solas en una habitación oscura con una pila de dinero, los americanos sabían exactamente lo que deseaban hacer, desde la cima de la sociedad hasta el estrato más bajo. Habían sido condicionados para coger tanto dinero como pudiesen sin pensar en las consecuencias a largo plazo. Posteriormente, las personas en Wall Street criticarían en privado la falta de honradez de las personas que dejaban de pagar sus hipotecas subprime, mientras que el pueblo norteamericano expresaría su indignación hacia los integrantes de Wall Street que se pagaron a sí mismos una fortuna para diseñar estos préstamos.

Podrá uno discrepar del análisis de Lewis, pero sería muy difícil dar una descripción más concisa del actual impasse político estadounidense, tanto a nivel federal como local.

Terminología de la crisis financiera: la traducción del “haircut” financiero al español


Los años 2011 y 2012 pasarán a la historia como una época dominada por posibles quiebras soberanas en Europa. Dentro de este contexto, la prensa financiera en inglés constantemente habla del “haircut” que se aplicará a la deuda griega y, por el contexto, es obvio que no se trata de un peinado ateniense de moda, sino más bien de una trasquilada pendiente.

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“Op Twist”: estrella en ciernes de la terminología financiera


Es una perogrullada de licenciado en Letras observar que el lenguaje está en perpetua evolución. Esta observación nada original, no obstante, es incluso más certera en el caso de la jerga en el mundo de la economía. Sigue leyendo

Traducción al español de extractos del artículo de Der Spiegel sobre posible impago griego


El día de ayer el semanario alemán Der Spiegel publicó un artículo sobre los preparativos para una suspensión de pagos en Grecia. Detrás de bambalinas, las autoridades alemanas y europeas  hacen planes para atenuar el impacto colateral sobre el resto de Europa. A continuación se presenta una traducción de los pasajes clave de la pieza (tomados de la versión en inglés divulgada por el mismo Der Spiegel):

“Ya basta”, afirma un funcionario público de alto nivel y añade que Berlín ha perdido la paciencia con los griegos. Combinando resignación con fatalismo, Merkel y Schäuble están afrontando lo inevitable y pensando lo anteriormente impensable: Grecia declarará la quiebra y ya ni siquiera se puede descartar su retiro de la unión monetaria.

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Ya han comenzado a elaborarse los planes para el día crítico, tanto en departamentos del Ministerio de Finanzas en Berlín como en grupos de trabajo de la UE en Bruselas. Funcionarios del Ministerio de Finanzas alemán esperan que una quiebra griega sea manejable, siempre y cuando los políticos europeos conserven la calma y se incrementen los fondos de rescate de acuerdo con lo previsto.

El objetivo es enviar una señal, no solo a los asociados europeos de Berlín sino también a los políticos escépticos dentro de la coalición alemana. El mensaje es que Europa también cuenta con una alternativa aparte de la ayuda: de ser necesario, también puede retirar su asistencia.

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Aunque el impago parece inevitable, la pregunta sobre si Grecia permanecerá dentro del euro sigue en el aire. En una reunión entre los ministros de Finanzas de Alemania, Holanda y Finlandia:

Schäuble argumentó que los griegos deberían permanecer dentro de la unión monetaria, incluso después de que los tenedores de bonos asuman pérdidas. [El holandés] De Jager, sin embargo, no se opuso a que el país abandone la eurozona. Los asistentes expresaron su acuerdo con que las consecuencias finales deben ser decididas por los mismos griegos: los demás miembros de la eurozona no disponen de la opción de expulsarlos de la unión monetaria.

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Básicamente hay dos posibilidades para una quiebra griega, [un enviado de Schäuble afirmó la semana pasada en Bruselas]: o bien el país se mantiene dentro de la unión monetaria o se retira.

Ambas opciones generarán pérdidas para los poseedores de bonos, lo cual implica que Grecia solo pagará una parte de su deuda (por ejemplo, un 50%). Esto significa que habrá pérdidas significativas para los acreedores de Atenas, incluidos: el Banco Central Europeo (BCE); los demás países y bancos de la Unión Europea; compañías de seguros; e instituciones financieras a lo largo de Europa. El enviado de Schäuble presentó a sus oyentes en Bruselas los resultados de simulaciones efectuadas por el Ministerio de Finanzas de Alemania y afirmó que el objetivo debería ser contener el daño ocasionado por estas pérdidas.

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Específicamente, el plan de emergencia para una eventual quiebra griega consiste en lo siguiente:

Los planes alemanes están centrados en dos instrumentos. En primer lugar, el equipo de Schäuble propugna el empleo de líneas de crédito preventivas que consisten en que el EFSF (siglas del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera) emita préstamos temporales a países con posiciones financieras precarias. En segundo lugar, procura suministrar inyecciones financieras a los bancos para impedir que incurran en problemas.

Países enteros y la totalidad de sus industrias bancarias quedarían amparados por estos dos instrumentos, argumentó el asistente de Schäuble en Bruselas. Los préstamos ayudarían a Italia y España, pero también a países pequeños como Chipre que podrían verse incapacitados para pedir prestado dinero en los mercados después de una quiebra griega.

Los bancos en muchos países de la eurozona podrían terminar dependiendo de los miles de millones de Luxemburgo, porque tendrían que reconocer pérdidas sobre sus tenencias de bonos estatales griegos. Los bancos helénicos se verían mucho más afectados por una quiebra soberana. Por este motivo, los funcionarios alemanes argumentan que es bastante posible que los bancos griegos continúen recibiendo asistencia incluso después de que el Estado griego vea cortado su acceso a la ayuda del EFSF. La crisis financiera demostró que los bancos comparten estrechos vínculos que se extienden a través de las fronteras. Si un banco importante se viene abajo, puede arrastrar a otros al abismo.

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Respecto a medidas de emergencia para evitar fugas de capital en Grecia:

Incluso aunque el Gobierno griego tome esta medida, los expertos oficiales opinan que las consecuencias serían manejables. Esta, sin embargo, no era la opinión a principios de mayo, cuando los ministros de Finanzas de los países grandes de la eurozona se congregaron en Luxemburgo para una reunión secreta con el encargado de las finanzas griegas y el presidente de Eurogrupo, [Jean-Claude] Juncker. Uno de los puntos de la agenda fue la posibilidad de que Grecia se retire de la unión monetaria.

Aunque en mayo los expertos aún advertían sobre las consecuencias de esta medida, en la actualidad los rescatistas del euro parecen más abiertos a la posibilidad. Incluso hallaron una solución para un problema que inquietaba a los funcionarios de Schäuble. Al contrario de lo que se presuponía anteriormente, las restricciones sobre el movimiento de capitales –que podrían invocarse para impedir que los ciudadanos griegos trasladen su dinero al exterior (poniendo así en entredicho a los bancos del país)– ahora se consideran compatibles con la legislación de la UE. El artículo 143 del Tratado sobre el Funcionamiento de la Unión Europea es la vía para sortear este obstáculo, por cuanto permite que algunos países “adopten medidas protectivas”.

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Respecto a la posibilidad de que el escenario griego sea un ensayo que se aplicará a otros países:

Los países sureños, incluida Francia, se mostraron más reservados. Temen que si se interrumpe la financiación a Grecia, ellos podrían ser los siguientes en la fila.

Schäuble aspira a acallar estos temores. Argumenta que, al contrario de otros países golpeados por la crisis, el caso griego no tiene remedio. O, como declaró el ministro griego de Desarrollo y Competitividad Regional, Michalis Chrysohoidis, al diario alemán Tagesspiegel: “La economía griega se está muriendo”.

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Una quiebra griega se está volviendo cada vez más inminente en parte debido a que los demás países en problemas de Europa han logrado avances importantes en los últimos meses. Los funcionarios del Ministerio de Finanzas alemán afirman que esto atenúa el riesgo de contagio.

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Portugal incluso subió al peldaño número 45 en el Índice de Competitividad Global del Foro Económico Mundial para 2011-2012, divulgado la semana pasada.

España, por su parte, logró un salto un poco mayor en la lista, al pasar del puesto 42 en 2010-2011 al 36 en el ránking actual. Los españoles han puesto a la venta dos aeropuertos y aprobaron una reforma constitucional que fija un tope de deuda al déficit público, también conocida como “regla de oro”. La nueva norma, que no entrará en vigencia sino hasta 2020, estipula un límite del 0,4% del PIB para cualquier endeudamiento nuevo.

Acerca de Miguel Llorens

Soy un traductor financiero autónomo especializado en documentos financieros, renta variable, renta fija e informes anuales. He trabajado como traductor de plantilla para Goldman Sachs, RGFT (ahora CLS Communications), H.B.O. y el Open Source Center. Para conocer más sobre mis servicios, visite traductor-financiero.com

¿Arde Londres? #londonriots: Twitter como motor de la historia


Estoy viendo las imágenes de incendios y disturbios en Londres en un día marcado por otro desplome en las bolsas mundiales y un paso tentativo del BCE hacia la compra masiva de bonos españoles e italianos. Más allá de la imagen generalizada de caos mundial en el mes teóricamente más aburrido, ya se comienzan a escuchar los primeros murmullos de que los medios sociales han contribuido a potenciar la creciente ola de saqueos en la capital británica. Supongo que era inevitable. El dedo acusador hacia Twitter y Facebook fue esgrimido primero por un portavoz de Scotland Yard, y se reporta que Blackberry ha indicado su disposición a colaborar con cualquier investigación. El World Service de la BBC, por su puerta, está martilleando con insistencia sobre este ángulo.

El año en curso podría pasar a la historia como el año de Twitter. La red de microblogueros es invocada como causante de fenómenos tan diversos como el Levantamiento Árabe que ha puesto a tambalear gobiernos desde Marruecos hasta Siria; el movimiento de los indignados en España; las protestas sociales en Israel; y ahora los saqueos londinenses. Y aún quedan cinco meses de 2011.

Que Facebook y Twitter hayan desempeñado un rol en todos estos movimientos es innegable. Donde fracasa el análisis superficial del periodismo es en la distinción entre causas necesarias y suficientes. La identificación de esta clase de causas para los eventos históricos es un problema más difícil de lo que se podría creer. Dado un evento histórico cualquiera, hay tantas causas como historiadores que participan en el debate. Gran Bretaña cuenta con las instituciones políticas más antiguas y estables del planeta. Pero también goza de una rica historia de disturbios que va desde el gran levantamiento campesino de 1381 hasta los Poll Tax Riots de principios de los noventa, cuando el moribundo gobierno de Thatcher intentó imponer a trancas y barrancas una reforma mal concebida de los impuestos locales. El disturbio civil es un fenómeno complejo que se asemeja en cierto modo a los pánicos bancarios y las epidemias. Para usar una palabra a la moda, se trata de un hecho viral. Ciertas emociones se transmiten a una velocidad estremecedora de una forma que desafía la descripción simplista, independientemente del medio que se utilice. ¿Acaso cree alguien que Wat Tyler y sus decenas de miles seguidores tenían algún medio de comunicación aparte de la palabra hablada en el siglo catorce? Como acota Gladwell, las masivas manifestaciones en Leipzig en contra del régimen de Honecker se organizaron de forma casi instantánea con apenas el uso del teléfono. Yo, personalmente, he vivido dos disturbios en Venezuela (el “Caracazo” de 1989 y las “guarimbas” de 2004) y en ambos casos puedo dar fe de que la chispa que enciende una de estas hogueras es imprevisible, difícil de planificar y dura de diagnosticar incluso a posteriori. La BBC esta noche machaca que el asesinato por parte de la policía de Mark Duggan el jueves no es justificación ni causa de los subsiguientes hechos de violencia. Por supuesto, lo dice en tono de condena moral. No obstante, hay una verdad subyacente más profunda: a veces buscamos causas donde no las hay. Nuestros cerebros, dice Nassim Nicholas Taleb, son máquinas de formulación de hipótesis causales. Y por eso nos apresuramos para asignar causas a estos disturbios: los recortes de los tories, Twitter, el asesinato de un joven, la brutalidad policial, el calor de agosto, etc. Pero según Taleb, la historia no repta sino que salta, y a veces los saltos son espeluznantes, como se está viendo esta noche en Londres.

La pretensión de tomar una fotografía instantánea de cualquiera de los dramáticos eventos de este año y exclamar “¡Eureka! Twitter y Facebook son los catalizadores” resulta poco menos que aventurada. Pero estamos viviendo una burbuja de los medios sociales y, por otra parte, el determinismo tecnológico es nuestra religión laica. Las voces discordantes son pocas: el citado Gladwell ha realzado la superficialidad de cierto activismo (slacktivism, o “activismo flojo”) que cree que con hacer clic en una petición o unirse a un grupo de Facebook se está transformando el mundo (“La revolución no será tuiteada”). Pero la crítica más completa de la idea de Twitter como el motor de la historia ha sido planteada por el pensador bielorruso Evgeny Morozov, que publicó a principios de este año The Net Delusion: The Dark Side of Internet Freedom (El espejismo de la Red: el lado oscuro de la libertad en Internet).

Morozov, un activista en pro de la democracia, lanza una crítica feroz de la ingenua creencia —adoptada como artículo de fe por los empresarios de Silicon Valley y el Departamento de Estado de Hillary Clinton— de que la tecnología comunicativa por sí sola es capaz de tener un impacto liberador o revolucionario. La escritora británica Zadie Smith ha diagnosticado de forma muy certera este espejismo de creer que la conectividad es un fin en sí:

Lo llamativo del verdadero Zuckerberg, tanto en vídeo como en medios impresos, es la relativa banalidad de su concepción de la razón de ser de Facebook. Emplea la palabra “conectarse” como los creyentes emplean la palabra “Jesús”, como si fuera sagrada en y por sí misma: “De modo que la idea es que, uhm, el sitio ayuda a que todos se conecten con personas y compartan información con la personas con las que quieren mantenerse conectados…” La conexión es la finalidad. La calidad de esa conexión, la calidad de la información que pasa a través de ella, la calidad de las relaciones que esa conexión permite: nada de esto resulta importante.

Basándose en su experiencia de organizar a activistas antiautoritarios en Europa del este, el autor llega a la conclusión de que la panoplia de herramientas comunicativas de la Red 2.0 (blogs, microblogs, redes sociales, móviles inteligentes, etc.) no son por sí solas lo suficientemente poderosas como para desbancar a los atrincherados regímenes antidemocráticos en Belarús, Rusia, Irán, China o Venezuela. Según Morozov, la apuesta masiva del Departamento de Estado por esta vía es un enorme error táctico que corre el riesgo de debilitar el progreso hacia la democracia universal.

La otra vertiente de argumentación del libro de Morozov consiste en realzar un hecho innegable: las herramientas de comunicación cibernética más recientes son susceptibles de ser manipuladas por los regímenes autoritarios. Y esta manipulación se da en dos sentidos principales, ambos igual de escalofriantes. El primero es para vigilar a los disidentes al crear otra forma de infiltrar los movimientos de protesta, fenómeno ampliamente documentado en libro. El segundo sentido es que muchos gobiernos autoritarios o parademocráticos han lanzado experimentos exitosos para manipular la realidad transmitida por los medios sociales. Ya hace varios años que vengo escuchando del llamado “Ejército de 50 centavos”. Se trata de un programa de las autoridades chinas mediante el cual pagan medio dólar a blogueros para que inunden el ciberespacio con miles de entradas y comentarios alabando al Gobierno, contradiciendo información circulada en medios disidentes o lanzando infamias contra figuras opositoras. Morozov analiza este ejemplo y muchos más como prueba de que los gobiernos se están volviendo cada vez más sofisticados en su aprovechamiento de las herramientas comunicacionales de avanzada para ejercer su tradicional control sobre la percepción de la realidad. Al comparar los manifestantes de ahora con los disidentes que luchaban contra el comunismo, acota lo siguiente:

Las similitudes entre Internet y las tecnologías utilizadas para el samizdat [literatura disidente soviética] —máquinas de fax y fotocopiadoras— son menores de las que uno podría imaginar. Una pieza de literatura samizdat reproducida en una fotocopiadora solo tenía dos usos: podía ser leída o ser transferida a otra persona. Internet, en cambio, es por definición un medio mucho más complejo que puede cumplir una infinitud de funciones. Sí, se puede emplear para transmitir información antigubernamental, pero también se puede emplear para espiar a los ciudadanos, satisfacer sus necesidades de entretenimiento, someterlos a propaganda estatal sutil e incluso lanzar ciberataques contra el Pentágono.

Entronizar a Twitter como el motor de la historia contemporánea equivale a olvidar que ninguna tecnología por sí sola tiene un impacto moral o una efectividad histórica. La tecnología es amoral y su impacto depende del modo en que se utilice. Como dicen los foucaultianos, cualquier herramienta de liberación también es una potencial herramienta de control social. El proceso de efectuar transformaciones sociales o políticas sigue pasando por herramientas más antiguas y primitivas, pero menos glamorosas (mítines, contactos personales, proselitismo, manifestaciones). Se trata del tedioso y minucioso trabajo político de convencer uno por uno a los conciudadanos de que un cambio político es necesario. Y esto vale tanto para la derecha como la izquierda. Tanto Lenin como Vaclav Havel se reirían a carcajadas de la idea de que un régimen se puede tumbar mediante blogs anónimos. Y si no estás convencido, pregúntales a los manifestantes sirios qué tácticas resultan más eficaces a la hora de colocar a al-Asad contra la pared: Twitter o una buena barricada.

Tanto en el mundo de la política como en el mundo de la traducción está de moda el crowdsourcing para hacer de todo, desde el análisis de montañas de datos hasta la traducción de manuales de software. Pero no me sorprendería que después de algunos años la sociedad llegue a la conclusión de que un grupo pequeño pero organizado generalmente será más eficaz que una masa indiferenciada de cliqueadores compulsivos. Mientras tanto, la policía londinense desperdiciará valiosos recursos en busca del oscuro tuiteador sin rostro que desencadenó los disturbios de esta semana.

Acerca de Miguel Llorens

Soy un traductor financiero autónomo especializado en documentos financieros, renta variable, renta fija e informes anuales. He trabajado como traductor de plantilla para Goldman Sachs, RGFT (ahora CLS Communications), H.B.O. y el Open Source Center. Para conocer más sobre mis servicios, visite traductor-financiero.com

“Too Big to Fail” de HBO: demasiado superficial para filmar


Jamie Dimon: Somebody dropped the ball…

Lloyd Blankfein: Somebody dropped the ball, kicked the coach in the nuts

and took a crap in the quaterback’s mouth.

Too Big to Fail (2011)

Me encuentro en Venezuela, inmerso en diversos menesteres tributarios e identificativos. Aparte de lidiar con la burocracia, un resfriado me ha permitido ver mucha televisión. Logré captar la versión subtitulada de la peli “Too Big to Fail” de HBO.

Primero, la película como película no es muy buena. Y esto no sorprende. Es difícil sacar una narrativa coherente de unos hechos tan caóticos y técnicos como la crisis financiera de 2008. Al fin y al cabo, es una larga serie de reuniones entre hombres blancos en traje y corbata. Si se quiere dar una narrativa desde el punto de vista de la haute finance a la crisis, el libro Too Big to Fail de Andrew Ross Sorkin es el punto ideal para comenzar, porque es una obra increíblemente superficial. Reduce toda la crisis a una serie de reuniones y llamadas telefónicas entre banqueros. Es una telenovela para Wall Street pero sin bailarinas exóticas. Sorkin es un periodista del New York Times que tiene relaciones muy estrechas con los grandes jefes de la banca. Una de las sorpresas del libro es lo francos que fueron algunos de los magnates de Wall Street al hablar con él. Aunque Sorkin no cita las fuentes, en muchos casos resulta obvio de dónde vienen algunas versiones de determinadas escenas. Recientemente, Sorkin armó un miniescándalo al sugerir en una columna que el “Big Short”, la Gran Posición Corta de Goldman (que incluyó apuestas contra sus propios clientes y llevó a que el banco fuese públicamente investigado por el Congreso), al fin y al cabo no era tan grande. Un incómodo detalle es que Goldman es un patrocinador corporativo de la columna, lo que pone un poco en entredicho su ética periodística.

Pero el libro es superficial no porque le haga carantoñas a este o aquel banquero, sino porque reduce un problema complejo a una serie de choques entre personalidades. Hank y Dick no se llevan bien. Ben y Tim son amigotes. La crisis, al fin y al cabo, se debió a un fallo sistémico que abrió grietas traumáticas en múltiples niveles de la sociedad estadounidense: en lo financiero, económico, político, social y hasta cultural. Y en sus 800 páginas, Sorkin no asoma ni el más mínimo indicio de cómo sucedió un desastre de proporciones tan faraónicas. Contrástese con el sobrio libro que escribió su colega del New York Times Joe Nocera con Bethany McLean (All the Devils Are Here), donde se cuenta la lastimosa y triste historia que va desde los intentos por ampliar el acceso a las hipotecas a los más pobres mediante la invención del subprime, pasando por la titulización hasta llegar a las monstruosidades como el CDO sintético cúbico.

En descargo de la película, hace un mayor esfuerzo que el libro homónimo en explicar la crisis al lego. Hay una escena muy artificial en la que la agregada de prensa (la actriz pelirroja que interpretaba a Miranda en Sex and the City) le dice al equipo de Paulson que tiene que explicar la crisis en términos sencillos a los periodistas. Así que Paulson, Neel Kashkari y Jim Wilkinson se turnan para iluminar la complicada trama que va desde las hipotecas del Lumpenproletariat hasta el declive de Occidente. Y hasta allí llega el servicio público que HBO hace al esclarecimiento de lo que Jon Stewart denominó Clusterf*ck to the Poorhouse.

Una vez escogido el libraco de Sorkin, el director estructura la trama alrededor de Paulson, el antiguo consejero delegado de otra empresa en la que trabajé, Goldman Sachs. Como secretario del Tesoro de Bush, fue el timonel que guió la nave del Estado por la crisis financiera hasta su eventual semirresolución en una reunión en octubre de 2008 en la que el Gobierno y la Reserva Federal obligaron a los nueve bancos más importantes del país a aceptar inyecciones de capital a cambio de acciones preferentes. La única escena que a mi modo de ver capta el dramatismo de los hechos es una en la que Paulson se pasea insomne por su casa a medianoche. Su esposa lo encuentra y discuten la creciente oleada de quiebras bancarias. En la escena, el actor William Hurt transmite hasta cierto punto la inmensidad de la responsabilidad que recae sobre un hombre en un momento semejante y, sobre todo, la avasallante impotencia de no poder hacer nada para controlar la avalancha de destrucción económica que se cernía sobre el mundo entero.

Hay otra escena en la que Tim Geithner, entonces presidente del Banco de la Reserva Federal de Nueva York y hoy secretario del Tesoro de Obama, está trotando por Wall Street en la mañana del rescate de AIG. Observa a una muchedumbre salir del metro. Piensa: “Ninguna de estas personas sabe lo que se avecina. No tienen ni idea”. Debería ser una escena dramática, pero resulta sosa.

Mucho más impactante es una escena muy similar en The Big Short de Michael Lewis. Sucede también durante la caótica semana en septiembre de 2008 que siguió a la quiebra de Lehman Brothers. Los agentes de un hedge fund que llevaba meses apostando contra el mercado de la vivienda de repente dejan de trabajar porque están sobrecogidos por la inmensidad del caos en los mercados. Salen de su oficina y terminan paseando hasta la Catedral de San Patricio y ven la muchedumbre de personas caminando por la Quinta Avenida:

Se quedaron sentados en las escaleras de la catedral durante una hora más o menos. “Estando sentados allí, nos sentíamos extrañamente tranquilos”, cuenta Danny. “Nos sentíamos aislados de toda la realidad del mercado. Era una experiencia extracorporal. Nos sentamos y observamos a la gente pasar y hablamos sobre lo que sucedería. ¿Cuántas de estas personas iban a perder sus empleos? ¿Quién iba a alquilar esos edificios una vez que todas las empresas de Wall Street colapsaran?”

Porter Collins pensaba que “era como si el tiempo se hubiese detenido. Mirábamos a estas personas y decíamos, ‘Estas personas están arruinadas o están a punto de quedar arruinadas’. Aparte de eso, nadie estaba muy preocupado en FrontPoint. Eso era lo que habían estado esperando: un colapso total”.

(…)

“Nuestra forma de interpretarlo, que no nos agradaba, era que al adoptar posiciones cortas en este mercado, estábamos creando la liquidez que haría que el mercado continuara funcionando”.

“Era como alimentar el monstruo”, afirmó Eisman. “Alimentamos el monstruo hasta que estalló”.

El monstruo estaba estallando. Pero en las calles de Manhattan no había ningún indicio de que estuviera sucediendo mayor cosa. La fuerza que afectaría todas las vidas de estas personas estaba oculta. Ese era el problema con el dinero: lo que la gente hace con él tiene consecuencias, pero están tan alejadas de las acciones originales que la mente nunca conecta unas con otras. Las hipotecas con tipos iniciales bajos que concedes a personas que no las pueden pagar no entran en mora de inmediato sino dentro de dos años. Los diversos bonos que creas con esos préstamos no entrarán en mora cuando estas personas dejen de pagar sus préstamos sino meses después. Después de muchos tediosos desahucios y quiebras y ventas forzosas. Los diversos CDO que creas con esos bonos no declararán el impago en ese mismo instante sino después de que algún fideicomisario decida si hay suficiente efectivo para realizar los pagos. Y en ese momento el propietario del CDO recibe una carta que dice “Estimado señor: lamentamos informarle que su bono ya no existe”. Pero el rezago más grande de todos estaba allí mismo, en las calles. ¿Cuánto tiempo pasaría antes de que las personas caminando delante de la Catedral de San Patricio se dieran cuenta de lo que les estaba sucediendo? (pp. 250-252)

Para mí, hay pocas páginas en la literatura norteamericana que condensen de una forma tan dramática un momento histórico tan decisivo. Realmente no creo que haya un paralelo en la literatura de la Gran Depresión (ojalá alguien esté tratando de convertir The Big Short en una película).

Sospecho que la escena de Geithner mirando a las personas anónimas salir del metro está calcada de esta escena, aunque no tiene ni la décima parte del patetismo de la versión de Lewis. Y esto es sintomático de la debilidad del proyecto. Habría sido mil veces más interesante centrarse en personajes extravagantes como los elegidos por Michael Lewis o buscar alguna otra cohorte de individualidades que hubiese participado en la absurda burbuja de la década pasada. Porque el lienzo de la crisis financiera de 2008 es tan amplio y variado como la sociedad norteamericana misma. Retratarla desde las salas de reuniones de Wall Street es, extrañamente, la forma más aburrida de hacerlo.

Acerca de Miguel Llorens

Soy un traductor financiero autónomo especializado en documentos financieros, renta variable, renta fija e informes anuales. He trabajado como traductor de plantilla para Goldman Sachs, RGFT (ahora CLS Communications), H.B.O. y el Open Source Center. Para conocer más sobre mis servicios, visite traductor-financiero.com

Terminología financiera en las noticias: la palabra “reprofiling”


Un fantasma recorre Europa… Apenas apareció el lunes de la semana pasada y poco a poco ha hecho el recorrido desde Berlín hasta Barcelona y desde Milán hasta Madrid. Hombres adultos temen pronunciar su nombre en voz baja. Las mujeres se persignan al escucharlo. Pero se ha insinuado en la mente de todos.

El término financiero del mes tiene que ser reprofiling. El traductor financiero que trabaja del inglés al español no encontrará este término en los diccionarios, pues entró en boga apenas hace una semana como forma para edulcorar el amargo trago de un país europeo que se declara incapaz de hacer frente a su deuda. Se trata de la posibilidad de “reperfilar” esta deuda (lo cual podría implicar varias cosas, desde un impago parcial hasta una extensión de la duración de los bonos griegos). Traducido al español, se trata de la reestructuración de la deuda de un país que se balancea sobre el abismo de la insolvencia.

¿Por qué tenemos que apelar al eufemismo cuando hay tantas palabras útiles para describir el proceso en castellano, como la mentada “reestructuración”, declaración de mora, insolvencia, moratoria de deuda, impago soberano o el anglicismo default?

Porque el neologismo es una forma de suavizar algo que, de ocurrir, pondría a temblar los sistemas financieros del continente y el mundo.

La traducción al español más extendida es reperfilar. Resulta interesante que el archivo de El País solo revela tres instancias de la palabra y la primera data apenas del domingo:

La UE ya ha comenzado a trabajar en esa reestructuración suave -con el ya habitual neologismo: los burócratas de Bruselas hablan de reperfilar la deuda

http://www.elpais.com/articulo/economia/Europa/afronta/momento/verdad/elpepieco/20110522elpepieco_1/Tes

Nótense las itálicas. La palabra suena lo suficientemente a Eurospeak que los medios la traten con pinzas. Fuentes como El Diario financiero optan por unas comillas muy asépticas (“…Europa debería considerar “reperfilar” las maduraciones de bonos de Grecia…”), opción imitada por Mercado (“…el primer ministro luxemburgués Jean-Claude Juncker (Eurogrupo) plantea “reperfilar” los vencimientos de bonos…”).

Sin embargo, los altos funcionarios que dirimen el desenvolvimiento de la tragedia y que están opuestos al impago griego se atragantan con el eufemismo. Como dijo Christine Lagarde con brutal franqueza gala:

Lo que seguro que no queremos es una quiebra, una suspensión de pagos de un país europeo. Pueden usarse muchas palabras (reperfilar, reestructurar, lo que sea), pero no vamos a tolerar una situación así en Grecia.

http://www.elpais.com/articulo/economia/Espana/sufre/mercados/crisis/griega/resaca/electoral/elpepieco/20110524elpepieco_2/Tes

“Quiebra, reperfilar, reestructurar, lo que sea…”

Vendrá un largo y ardiente verano.

Acerca de Miguel Llorens

Soy un traductor financiero autónomo especializado en documentos financieros, renta variable, renta fija e informes anuales. He trabajado como traductor de plantilla para Goldman Sachs, RGFT (ahora CLS Communications), H.B.O. y el Open Source Center. Para conocer más sobre mis servicios, visite traductor-financiero.com


Liverpool F.C. y la teoría de los mercados eficientes


Tessie, “Nuf Ced” McGreevey shouted
“We’re not here to mess around!”
Boston, you know we love you madly
Hear the crowd roar to your sound.
–“Tessie,” Dropkick Murphys

Recién comenzado el Año Nuevo se supo la noticia de que el Liverpool había despedido a su técnico, Roy Hodgson, después de que un pésimo comienzo de temporada dejara a los Reds a media tabla, un sitial mediocre para un club cinco veces ganador de la Copa de Europa. Aunque los titulares británicos estuvieron copados por el juego de adivinanzas de “¿saltará o lo empujarán?”, los seis meses de Hodgson (y quizá la temporada entera) serán apenas una nota a pie de página para los cultores del trend following, una técnica de inversión en mercados refinada por el flamante propietario del club, John W. Henry, también propietario de otro equipo con profundas raíces en la diáspora irlandesa: los Medias Rojas de Boston.

Para comprender el hilo que va de la teoría financiera moderna a Anfield Road, hay que retroceder a la aparición a mediados del siglo XX de la teoría del los mercados eficientes. Según esta escuela —que llegó a convertirse en la ortodoxia en las escuelas de gestión de empresas— resulta imposible (o prácticamente imposible) ganarle al mercado como inversor. O, mejor dicho, es posible, pero sólo será producto del azar, un resultado fortuito de haber caído en la mejor parte de la curva de probabilidades. La teoría fue popularizada por Burton Malkiel en A Random Walk Down Wall Street, (en español: http://www.casadellibro.com/libro-un-paseo-aleatorio-por-wall-street-la-estrategia-para-invertir-c-on-exito/1219064/2900001276304) donde el autor relata un experimento en el que unos chimpancés lanzaron dardos a una página del Wall Street Journal para seleccionar títulos que serían incluidos en una cartera. Resultó que las selecciones de los chimpancés batieron el rendimiento de las carteras elaboradas por los mejores gestores de inversión de la industria.

La teoría postula que un mercado es como un superordenador que refleja de forma inmediata las decisiones de inversión de miles o millones de actores racionales. Un solo individuo, por más inteligente que sea, no puede vencer esta máquina supercalculadora. De hecho, al invertir (es decir, al hacer su propia apuesta), este individuo simplemente está aumentando la eficiencia del mercado al aportar su propia opinión (un dato más) al mercado.

La audacia de la teoría, nacida en las torres de marfil despertó, por supuesto, el rechazo airado de la industria de gestión de inversiones. Sin embargo, explica ciertas realidades incómodas, como el hecho de que muy pocos fondos con buenos resultados logran vencer consistentemente sus índices de referencia. Un índice o promedio como el Dow Jones Industrial o el S&P 500, por definición, es en cierto modo arbitrario y similar a los dardos de los chimpancés. Se selecciona usando las 30 o las 100 o las 3.000 acciones de mayor capitalización o dentro de un rango dado. En su elaboración no interviene el criterio humano, simplemente el objetivo de reflejar el rendimiento de un sector del mercado, cierta industria específica o las empresas de una región. Los  equipos de analistas y gestores  despliegan sus recursos analíticos para elaborar selecciones conscientes de estos universos con el fin de superar estos índices. Aportan un conocimiento profundo y detallado de economía, la estadística y la geopolítica —aunado a familiaridad con los aspectos técnicos de cada industria individual— para brindarle una rentabilidad superior a sus clientes. Pero la realidad es que muy pocos de estos equipos logran batir los resultados del índice, que, recordemos, es un producto sordo, mudo y sin inteligencia. E incluso los equipos y gestores que lo logran sólo lo hacen por unos cuantos puntos porcentuales cada año. No obstante, venza o no al índice, la industria de gestión de inversiones cobra una pingüe tajada en comisiones por el servicio de gestionar nuestro dinero.

La intuición de la eficiencia de los mercados dio origen a la creación de fondos de inversión que simplemente imitan el rendimiento de un índice. El pionero en este campo fue John Bogle y los fondos Vanguard en la década de los 70. Al no intervenir el criterio de especialistas de la inversión, las comisiones son mínimas. Múltiples estudios demuestran que las inversiones gestionadas por piloto automático son mejores para el inversor individual una vez que se descuentan las comisiones y tarifas de gestión.

Las deficiencias de los mercados eficientes

Pese a sus revelaciones, la teoría también adolece de severas deficiencias. En su formulación extrema, indica que es imposible vencer al mercado incluso usando información privilegiada, lo que choca con una cosa incómoda llamada la realidad. Otro corolario (muy curioso) es que el mercado siempre tiene la razón, lo cual significa que no pueden existir las burbujas especulativas. Según esta forma de pensar, los precios de las acciones estadounidenses en 1929 eran racionales porque a la larga recuperaron el terreno cedido (aunque tardaron un cuarto de siglo en hacerlo). Ambas proposiciones son, para decir lo menos, difíciles de tragar.

Por ello, la teoría no es totalmente dominante. Dos estilos de inversión muy influyentes la rechazan. La primera es la inversión de valor, cuyo principal cultor es Warren Buffett. Otra es el llamado trend following, o seguimiento de tendencias. Aunque menos célebre que el Sabio de Omaha, uno de los inversores más exitosos de este método es John W. Henry, actual dueño de los Red Sox de Boston y Liverpool F.C.

De “Moneyball” a las Puertas de Shankly

Y es aquí donde la teoría financiera converge con el deporte profesional. El trend following tiene múltiples vertientes, pero el elemento que unifica a todas estas estrategias es la creencia en que, pese a su eficiencia, cualquier mercado adolece de un grado de ineficiencia que puede ser explotado sistemáticamente. Un ejemplo: si la teoría de los mercados eficientes fuera cierta, los movimientos de las cotizaciones serían completamente aleatorios. Es decir, en cada instante dado, las probabilidades de que un precio suba o baje deben ser las mismas. Sin embargo, se puede comprobar que las cotizaciones demuestran tendencias en sus fluctuaciones (y que son estadísticamente significativas), lo que contradice la eficiencia perfecta.

Ahora bien, del mismo modo que los “seguidores de tendencias” baten el mercado al explotar imperfecciones en su funcionamiento, hay quienes explotan omisiones o sesgos cognitivos (mejor llamados prejuicios) en otros terrenos. Si miramos la industria del béisbol norteamericano o el fútbol europeo, podríamos describir ambos ámbitos como mercados que se acercan a la perfección. Una prueba de ello es una regla férrea: hay una fuerte correlación entre la cantidad de dinero que un equipo paga a sus jugadores y los resultados que obtiene. Cuando el Real Madrid enfrentó al Almería este fin de semana, siempre era posible una sorpresa (en este caso, el empate). O la derrota del Hércules al Barcelona en el Camp Nou a principios de temporada. Pese a que estas hazañas son lo que dan vigor al deporte, si el Real Madrid enfrentase al Almería veinte veces en un año, ganaría 18, empataría una vez y perdería una vez. Esto es un ejemplo de eficiencia. Los salarios inflados de Cristiano Ronaldo, Özil y compañía pueden parecer extravagantes, pero condensan la sabiduría de miles de cazatalentos, periodistas, técnicos y ejecutivos que han identificado a estos once como superiores. Y el grado de acierto de esta sabiduría colectiva queda plasmado en los resultados superiores de los equipos más ricos en cualquier país. En el béisbol se da lo mismo. La hegemonía de los Yankees de Nueva York es un sencillo dato derivado de su multimillonaria plantilla.

Pero “una pequeña aldea resiste victoriosa al invasor”. Michael Lewis dedicó el libro Moneyball a los Atléticos de Oakland, un equipo que, pese a contar con una cuenta bancaria modesta, logra resultados estadísticamente superiores a lo que reza la implacable ley sueldo-resultado. (Por alguna razón insondable para quien no es  ejecutivo de Hollywood, el libro de Lewis, que carece de trama, pronto será convertido en una película —con Brad Pitt encarnando a Billy Bean, el general manager de los A’s. El libro aún no aparece en español, aunque la traducción quizás está en bambalinas aguardando el estreno.)

Un ejemplo del llamado “Sabermetrics” aplicado al béisbol es la apreciación por parte del equipo directivo de los A’s del on base percentage, o porcentaje de embasados, una medida novedosa. Un bateador pasa a primera base cuando el lanzador le lanza cuatro lanzamientos fuera del área de strikes. Tradicionalmente se creía (y muchos aún creen) que esto no es un mérito del bateador sino un error achacable al lanzador. Por ello, estas embasadas no cuentan para el promedio de bateo del jugador, la medida tradicional de su efectividad ofensiva. Contrario a esta sabiduría convencional, Bean y  su equipo consideran que las bases por bolas son una indicación de la capacidad de un bateador para desgastar la resistencia de un lanzador hasta el punto de exasperarlo y obtener o bien el lanzamiento deseado o la base por reglamento. Uno de sus grandes hallazgos fue Kevin Youkilis, a quien denominaban el “dios griego de las bases por bolas”. A pesar de no encajar en el canon convencional de un jugador estrella, se ha convertido en un jugador dominante en su posición.

No es coincidencia que el dios griego pasase a formar parte de las filas de los Red Sox de Boston, un equipo que tras un siglo de decepciones épicas, recuperó el campeonato mundial en 2004, venciendo así la “maldición del Bambino”, la sequía de títulos iniciado tras la venta de Babe Ruth a los archienemigos Yankees en 1919. Y es que en Boston se aplicó el modelo de los A’s y Bean, aunque con una chequera más generosa aportada por el citado John W. Henry, rey de los trend followers y explotador incansable de la ineficiencia de los mercados.

Un paseo no aleatorio por Anfield Road

Un libro que recoge muchas de las observaciones de Moneyball aplicadas al fútbol es Soccernomics, de Simon Kuper y Stefan Szymanski. (Traducido al español como El fútbol es así, título que prácticamente garantiza que nadie lo leerá; compárese con el título original en Gran Bretaña: Why England Lose, que casi garantizó que todo el mundo lo leería.) Una ineficiencia que mencionan los autores es que los delanteros centro están sobrevalorados por el mercado. Ejemplo que viene como anillo al dedo: el fichaje de Ibrahimovic por el Barcelona por 66 millones de euros en 2009 y su posterior cesión al Milan por 24 millones (un breve año después). Empeño repetido con David Villa. Lo cual no significa que no sean jugadores excelentes. Simplemente que fichajes inflados de este tipo quizás no sean eficientes. Del lado más eficiente, el Barcelona ha apostado por jugadores bajitos, contraviniendo la percepción convencional de que en el fútbol moderno pesará más la fuerza que la destreza con el balón. Explotar esta ineficiencia le ha permitido a la Masía producir a Messi, Xavi, Iniesta y Bojan.

Del mismo modo que el heterodoxo Billy Bean es el héroe de Moneyball, una figura queda entronizada por Kuper y Szymanski como el explotador por excelencia de las ineficiencias del fútbol: el economista-técnico Arsène Wenger. Como escriben:

El técnico del Arsenal es una de las pocas personas capaces de ver el juego desde afuera. Esto se debe en parte a que tiene un título en ciencias económicas de la Universidad de Estrasburgo en Francia. Gracias a su formación como economista, tiende a fiarse más de los datos que de la sabiduría convencional del juego. Wenger se da cuenta de que en el mercado de transferencias, los clubes tienden a sobrevalorar el rendimiento pasado de un jugador. Eso los impulsa a pagar fortunas por jugadores que acaban de pasar la cumbre de su carrera. Probablemente debido a que Wenger fue uno de los primeros técnicos en emplear estadísticas para evaluar el rendimiento de futbolistas, se dio cuenta de que los jugadores más viejos empiezan a declinar antes de lo que solía pensarse. (Soccernomics, p. 57)

Uno de los aspectos más sobresalientes del “método Wenger” es el empleo de jugadores más jóvenes. Un fruto de esta metodología fue la compra de Cesc Fàbregas por 500 mil libras y su estreno en el primer equipo a los 16 o 17 años. Siempre se trata de hacer menos con más al pasar por la criba centenares de miles de datos insignificantes.

Claro, el Sabermetrics no es una panacea: los A’s no han ganado un campeonato de Grandes Ligas desde 1989 y el Arsenal sufre una sequía desde la apabullante temporada 2003-2004. Nadie grita en el estadio “¡Mi equipo es el más eficiente!” Como acota un periodista inglés (http://soccernet.espn.go.com/columns/story?id=840417&sec=england&root=england&cc=5739): “[e]l método de Wenger ha traído la llegada de muchos jugadores excelentes, pero no del calibre suficiente para ganar trofeos”.

“You’ll Never Walk Inefficiently”

Y al final, Moneyball aterrizó en Liverpool. Una figura clave en la transformación de los Reds de Liverpool es amigo personal de Billy Bean y antiguo cazatalentos de Wenger. Se trata de Damien Comolli, el también economista instalado como director de estrategia futbolística en Anfield y responsable de trazar un nuevo rumbo para el histórico club. La deuda es explícita. Ha llegado a afirmar que “todo lo que he venido haciendo procede de lo que los A’s han hecho en cuanto a recopilación y empleo de datos” (The Sport Blog del Guardian).

¿Será el Liverpool al Arsenal lo que los Red Sox fueron para los A’s, es decir, los adoptadores de un modelo exitoso con una chequera más jugosa? El tiempo lo dirá. Mientras tanto, el Sturm und Drang periodístico gira alrededor del regreso de “King” Kenny Dalglish y el día a día de los traspiés en Anfield. Uno de los corolarios del estilo Bean es que le quita mucho protagonismo al técnico, lo cual choca con los requisitos del culebrón diario. La comidilla del día es el regreso al banquillo del ex jugador y técnico legendario, eternamente unido al recuerdo de la tragedia de Hillsborough. Pero quizás lo más interesante esté sucediendo en los ordenadores de los number crunchers en las oficinas administrativas. Lástima que esa sea una historia silenciosa cuyo desenlace requerirá varias temporadas. Y, desgraciadamente, no genera titulares.

Acerca de Miguel Llorens

Soy un traductor financiero autónomo especializado en documentos financieros, renta variable, renta fija e informes anuales. He trabajado como traductor de plantilla para Goldman Sachs, RGFT (ahora CLS Communications), H.B.O. y el Open Source Center. Para conocer más sobre mis servicios, visite traductor-financiero.com