Esta semana, un ejecutivo de Goldman Sachs hizo lo que secretamente sueñan con hacer millones de empleados resentidos de todo el mundo: renunciar, pero renunciar de una forma tan espectacular que compita con Sansón, con columnas cayendo, lluvias de azufre, ciudades incendiándose, eunucos corriendo despavoridos y aristócratas babilónicos ahogándose en su propia sangre. Haciendo honor al ejemplo de Don Draper, Greg Smith eligió la página editorial del New York Times para notificar su renuncia. La idea básica de su texto es que hace doce años, cuando Smith se incorporó a la firma, Goldman Sachs cumplía con los ideales de servir ante todo a los clientes. Este principio quedó consagrado en los famosos catorce principios de Sidney Weinberg, el legendario padre del Goldman Sachs moderno. Estos principios básicamente se reducen a afirmar que la mejor forma de triunfar es servir ante todo los intereses del cliente. «Codicioso, pero codicioso a largo plazo» es un cliché que se escucha con frecuencia en Wall Street. La tesis es que ese compromiso con estos ideales se ha venido abajo durante el mandato del consejero delegado actual, Lloyd Blankfein.
La renuncia de Smith es impactante. No cabe duda de que el gesto es dramático.
Después de casi 12 años en la firma —primero como becario veraniego mientras estaba en Stanford, posteriormente en Nueva York por 10 años, y ahora en Londres— considero que he trabajado aquí lo suficiente como para entender la trayectoria de su cultura, su gente y su identidad… Goldman Sachs es uno de los bancos de inversión más grandes e importantes del mundo y es demasiado importante para el sistema financiero mundial como para seguir comportándose de este modo.
Pese a los múltiples escándalos financieros de la última década en los que salieron a la luz mensajes electrónicos en los que banqueros se reían cruelmente de sus clientes, Smith menciona con asombro que ha visto mensajes usando una colorida terminología financiera:
Ripping your eyeballs out: literalmente, “arrancarte los globos oculares”. Es una forma de decir que cuando un cliente quiera salirse de una operación que salió mal, le vas a cobrar una comisión tan alta que se sentirá como si lo hubieras torturado.
Muppets: escuché la traducción «marioneta» esta mañana en Business TV. Se trata, por supuesto, de los famosos títeres creados por Jim Henson (en España se conocen como los Teleñecos). Es un término despectivo utilizado para los clientes. Como insulto, yo solo había escuchado muppets en Inglaterra, que es donde trabajaba Smith cuando renunció. Es un término despectivo más del slang británico que no tiene nada inmediatamente relacionado con las finanzas o los clientes. Sospecho también que de ahora en adelante el término se universalizará y, aunque nadie lo escriba en sus correos electrónicos, la palabra muppet se escuchará entre risitas cuando dos banqueros discutan un cliente particularmente bruto.
El problema es que la reputación de Goldman ha caído tan bajo que incluso un tránsfuga recibirá poca simpatía. El mismo día que Smith publicó su renuncia ya había aparecido una parodia en la que Darth Vader presentaba su propia renuncia al Imperio:
Después de casi diez años en el Imperio, primero como becario veraniego, posteriormente en la Estrella de la Muerte y ahora en Londres, creo que he trabajado aquí lo suficiente como para comprender la trayectoria de su cultura, su gente y sus masivas máquinas espaciales de genocidio… El Imperio es uno de los regímenes opresivos más importantes de la galaxia y es demasiado importante para el asesinato galáctico como para seguir comportándose de esta forma.
Pero volviendo a Smith, había algo que me causaba extrañeza. Primero, no es un veterano de treinta años de las finanzas. Comenzó su carrera hace apenas doce años. Es dudoso que la Edad de Inocencia fuera en 2000 y terminara en 2006. Suena un poco ingenuo. Creo que quizás esa era la idea exaltada que a Smith le vendieron cuando era un aspirante a ejecutivo y que fue desengañándose de esa imagen a medida que ascendía en la jerarquía.
También hay un grano de verdad en lo que escribe el novel desempleado. Debido a que los bancos de inversión cada vez más invierten su propio capital en los mercados (lo que se conoce en la terminología financiera como proprietary trading), se suelen suscitar más conflictos de interés que en el pasado. Si operas con tu propio dinero, siempre existirá la tentación de vender las partes menos atractivas de tu cartera a un cliente un poco lento. Asimismo, si tienes que ganar dinero operando con valores y sabes que tu cliente comprará cierto activo, sabes de antemano cómo se comportará un mercado, una información invalorable. Si la aprovechas (cosa que es ilegal), empeoras las condiciones de compra o venta para tu cliente.
En la verdadera Edad de Oro (es decir, en los años sesenta, no en los noventa), un banco como Goldman no invertía su propio dinero. El banquero de inversión era un caballero elegantísimo salido de Mad Men que entraba con un traje de tres piezas impecable y te asesoraba sobre la forma de evitar que la Empresa Norteamericana Muy, Muy Grande engullera tu diminuta Aseguradora Crimson. Esa relación era mucho más sencilla y menos lastrada por conflictos de interés.
Pero incluso en esa época cabía la duda sobre la calidad de ese asesoramiento, igual que siempre ha habido dudas sobre los abogados. Cincuenta años antes de que Michael Lewis escribiera sus memorias sobre Salomon Brothers (Liar’s Poker), un libro satírico muy similar apareció durante la Gran Depresión llamado Where Are the Customers’ Yachts? La anécdota que le da el título versa sobre unos asociados de un banco de inversión que le dan a un empleado recién contratado un paseo por la zona de Wall Street. Al llegar a la orilla del río Hudson, uno de los asociados señala su yate en la lejanía. Los demás asociados a su vez señalan sus respectivos yates. El joven recién contratado hace una pregunta ingenua: ¿Y dónde están los yates de los clientes? Pregunta seguida por un silencio incómodo.
Acerca de Miguel Llorens
Soy un traductor financiero autónomo especializado en documentos financieros, renta variable, renta fija e informes anuales. He trabajado como traductor de plantilla para Goldman Sachs, RGFT (ahora CLS Communications), H.B.O. y el Open Source Center. Para conocer más sobre mis servicios, visite traductor-financiero.com. También estoy en Twitter y LinkedIn.
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