El análisis financiero viene en diferentes sabores. Gran parte del mismo es público, otro es semipúblico y otro es tan controvertido que puede tener tan solo cien o doscientos lectores. El banco originador protege estos informes contra los ojos inquisitivos de los medios de comunicación y el público como un marido celoso que enfunda a su mujer en un burka. Esta mañana, el velo de confidencialidad que normalmente oculta estas piezas contra el corrosivo brillo de la publicidad se levantó brevemente cuando el Wall Street Journal publicó los detalles de un informe escrito por un analista que trabaja en la mesa de operaciones de Goldman Sachs. Esta clase de pieza es bastante distinta a los informes de renta variable y renta fija que generalmente se transmiten a los medios de comunicación. Cuando un banco de inversión sube o baja su recomendación sobre una empresa o la deuda de un país, este análisis generalmente no suele ser objeto de polémica; por el contrario, la publicidad aumenta su impacto y, por tanto, el prestigio del banco.
El presente caso es más delicado. El diario neoyorquino pone de relieve el hecho de que el informe, redactado por un analista llamado Alan Brazil, tiene un tono muy sombrío y aconseja adoptar posiciones bajistas sobre el euro y la banca europea (nota: todas las citas del artículo son traducciones mías):
En un informe de 54 páginas fechado el 16 de agosto que fue enviado a centenares de clientes institucionales, Alan Brazil —un estratega de Goldman que trabaja en la mesa de operaciones— argumenta que podría ser necesario hasta un billón de dólares en capital para apuntalar los bancos europeos; que las pequeñas empresas estadounidenses —que en el pasado han impulsado la creación de empleos— siguen estancadas; y que el crecimiento chino posiblemente no sea sostenible.
¿Qué tiene esto de novedoso? Realmente nada. Ninguna de estas opiniones por sí sola es particularmente controvertida. Y juntas tampoco son nada explosivo. El asunto es noticioso debido a la compleja red de intereses y clientelas que atiende un grupo del tamaño de Goldman. Y es que en este caso uno de los clientes mimados es nada más y nada menos que el Estado español, que se esfuerza por financiarse en medio de la actual turbulencia bursátil:
El informe se produce en un momento en que Goldman y sus principales rivales compiten por alzarse con contratos de banca y asesoramiento adjudicados por las mismas naciones europeas contra las que aconseja apostar. El miércoles, Goldman y dos otros bancos importantes organizaron una presentación en Londres en la que el secretario de Estado de Economía de España, José Manuel Campa, tenía previsto detallar las medidas de austeridad fiscal adoptadas por el Gobierno y presentar los argumentos a favor de invertir en el país, de acuerdo con una invitación vista por The Wall Street Journal. Goldman ocupa un sitial de preferencia entre los bancos que facilitan las ventas de deuda soberana española.
El diario incluso asoma la posibilidad de una situación similar a los conflictos de interés que condujeron a investigaciones judiciales y legislativas en Estados Unidos. Todo procede del Big Short (“Gran Posición en Corto”) sobre el mercado de la vivienda. Goldman percibió a mediados de la década de los 2000 que había una inmensa burbuja inmobiliaria y aconsejó a algunos de sus clientes que apostaran por un bajón en los precios de la vivienda (es decir, que adoptaran una posición en corto contra los precios de los hogares). El problema es que cualquier apuesta en contra necesita alguien del otro lado que apueste a favor de los precios de la vivienda. Y allí es donde empezaron los problemas, debido a que los persuasivos vendedores del banco debían vender las posiciones largas 1) sin revelar que la postura interna del banco era bajista y 2) sin revelar que el producto había sido hecho a la medida para clientes que estaban del “lado corto” y que sacarían gran provecho si el mercado inmobiliario colapsaba. Un clásico conflicto de interés. El WSJ acota, no obstante, que el presente caso no es tan atroz porque el banco de inversión no inventó los productos recomendados para apostar contra los bancos europeos. La operación se basa en productos ligeramente más exóticos que una acción o un bono pero que no son novedosos. Sin embargo, la situación moral es similar: mientras que la mano derecha recibe comisiones por vender bonos españoles, la mano izquierda susurra a los fondos de alto riesgo que algunos bancos son menos que sólidos debido a que han comprado esos mismísimos bonos.
Concretamente, el analista recomienda la siguiente operación a los inversores institucionales:
El Sr. Brazil enumera detalladamente los préstamos en los que han incurrido 77 instituciones financieras europeas e identifica algunas que ostentan niveles de apalancamiento particularmente elevados. Dichos detalles son muy valiosos para los inversores interesados en abrir posiciones bajistas a través de swaps de incumplimiento crediticio (CDS) sobre bancos europeos individuales, afirman gestores de hedge funds.
En el caso de los inversores que deseen hacer apuestas más amplias en contra de las instituciones financieras europeas, el Sr. Brazil sugiere comprar un CDS sobre un índice que refleja la deuda de varias empresas europeas. Aproximadamente un 20% de los integrantes del índice en cuestión, el “iTRaxx Europe series 9”, son bancos y empresas de seguros, acota el Sr. Brazil.
También sugiere una opción de venta a seis meses que les dé a los inversores el derecho de apostar contra el euro frente al franco suizo. Según reza el informe, el euro “podría debilitarse si los Gobiernos europeos aprueban paquetes adicionales de apoyo financiero o medidas de estímulo”.
En resumen, en las grandes organizaciones no solo la mano derecha no sabe lo que hace la izquierda sino que a veces no le conviene que lo sepa. El artículo del Journal permite una ojeada detrás de bambalinas al análisis para clientes institucionales: el analista se sienta junto a los operadores del banco y conoce las posiciones de los clientes (contrario a los departamentos de análisis normales y corrientes con los que estoy familiarizado, donde el analista está separado de esta información por la llamada “Muralla China” y las imposiciones regulatorias); el análisis está marcado con el nombre del cliente (para disuadir su diseminación); y el material legal al final del mismo incluso afirma que la pieza en cuestión ni siquiera es análisis (“este material no constituye asesoramiento independiente y no es un producto de Global Investment Research”, la división de análisis “común y corriente” de Goldman). Resulta fascinante este análisis que no es análisis.
Como decía un amigo andaluz: “Estos capullos…”
