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1 de septiembre: informe de análisis confidencial de Goldman Sachs aconseja apostar contra la banca europea


El análisis financiero viene en diferentes sabores. Gran parte del mismo es público, otro es semipúblico y otro es tan controvertido que puede tener tan solo cien o doscientos lectores. El banco originador protege estos informes contra los ojos inquisitivos de los medios de comunicación y el público como un marido celoso que enfunda a su mujer en un burka. Esta mañana, el velo de confidencialidad que normalmente oculta estas piezas contra el corrosivo brillo de la publicidad se levantó brevemente cuando el Wall Street Journal publicó los detalles de un informe escrito por un analista que trabaja en la mesa de operaciones de Goldman Sachs. Esta clase de pieza es bastante distinta a los informes de renta variable y renta fija que generalmente se transmiten a los medios de comunicación. Cuando un banco de inversión sube o baja su recomendación sobre una empresa o la deuda de un país, este análisis generalmente no suele ser objeto de polémica; por el contrario, la publicidad aumenta su impacto y, por tanto, el prestigio del banco.

El presente caso es más delicado. El diario neoyorquino pone de relieve el hecho de que el informe, redactado por un analista llamado Alan Brazil, tiene un tono muy sombrío y aconseja adoptar posiciones bajistas sobre el euro y la banca europea (nota: todas las citas del artículo son traducciones mías):

En un informe de 54 páginas fechado el 16 de agosto que fue enviado a centenares de clientes institucionales, Alan Brazil —un estratega de Goldman que trabaja en la mesa de operaciones— argumenta que podría ser necesario hasta un billón de dólares en capital para apuntalar los bancos europeos; que las pequeñas empresas estadounidenses —que en el pasado han impulsado la creación de empleos— siguen estancadas; y que el crecimiento chino posiblemente no sea sostenible.

¿Qué tiene esto de novedoso? Realmente nada. Ninguna de estas opiniones por sí sola es particularmente controvertida. Y juntas tampoco son nada explosivo. El asunto es noticioso debido a la compleja red de intereses y clientelas que atiende un grupo del tamaño de Goldman. Y es que en este caso uno de los clientes mimados es nada más y nada menos que el Estado español, que se esfuerza por financiarse en medio de la actual turbulencia bursátil:

El informe se produce en un momento en que Goldman y sus principales rivales compiten por alzarse con contratos de banca y asesoramiento adjudicados por las mismas naciones europeas contra las que aconseja apostar. El miércoles, Goldman y dos otros bancos importantes organizaron una presentación en Londres en la que el secretario de Estado de Economía de España, José Manuel Campa, tenía previsto detallar las medidas de austeridad fiscal adoptadas por el Gobierno y presentar los argumentos a favor de invertir en el país, de acuerdo con una invitación vista por The Wall Street Journal. Goldman ocupa un sitial de preferencia entre los bancos que facilitan las ventas de deuda soberana española.

El diario incluso asoma la posibilidad de una situación similar a los conflictos de interés que condujeron a investigaciones judiciales y legislativas en Estados Unidos. Todo procede del Big Short (“Gran Posición en Corto”) sobre el mercado de la vivienda. Goldman percibió a mediados de la década de los 2000 que había una inmensa burbuja inmobiliaria y aconsejó a algunos de sus clientes que apostaran por un bajón en los precios de la vivienda (es decir, que adoptaran una posición en corto contra los precios de los hogares). El problema es que cualquier apuesta en contra necesita alguien del otro lado que apueste a favor de los precios de la vivienda. Y allí es donde empezaron los problemas, debido a que los persuasivos vendedores del banco debían vender las posiciones largas 1) sin revelar que la postura interna del banco era bajista y 2) sin revelar que el producto había sido hecho a la medida para clientes que estaban del “lado corto” y que sacarían gran provecho si el mercado inmobiliario colapsaba. Un clásico conflicto de interés. El WSJ acota, no obstante, que el presente caso no es tan atroz porque el banco de inversión no inventó los productos recomendados para apostar contra los bancos europeos. La operación se basa en productos ligeramente más exóticos que una acción o un bono pero que no son novedosos. Sin embargo, la situación moral es similar: mientras que la mano derecha recibe comisiones por vender bonos españoles, la mano izquierda susurra a los fondos de alto riesgo que algunos bancos son menos que sólidos debido a que han comprado esos mismísimos bonos.

Concretamente, el analista recomienda la siguiente operación a los inversores institucionales:

El Sr. Brazil enumera detalladamente los préstamos en los que han incurrido 77 instituciones financieras europeas e identifica algunas que ostentan niveles de apalancamiento particularmente elevados. Dichos detalles son muy valiosos para los inversores interesados en abrir posiciones bajistas a través de swaps de incumplimiento crediticio (CDS) sobre bancos europeos individuales, afirman gestores de hedge funds.

En el caso de los inversores que deseen hacer apuestas más amplias en contra de las instituciones financieras europeas, el Sr. Brazil sugiere comprar un CDS sobre un índice que refleja la deuda de varias empresas europeas. Aproximadamente un 20% de los integrantes del índice en cuestión, el “iTRaxx Europe series 9”, son bancos y empresas de seguros, acota el Sr. Brazil.

También sugiere una opción de venta a seis meses que les dé a los inversores el derecho de apostar contra el euro frente al franco suizo. Según reza el informe, el euro “podría debilitarse si los Gobiernos europeos aprueban paquetes adicionales de apoyo financiero o medidas de estímulo”.

En resumen, en las grandes organizaciones no solo la mano derecha no sabe lo que hace la izquierda sino que a veces no le conviene que lo sepa. El artículo del Journal permite una ojeada detrás de bambalinas al análisis para clientes institucionales: el analista se sienta junto a los operadores del banco y conoce las posiciones de los clientes (contrario a los departamentos de análisis normales y corrientes con los que estoy familiarizado, donde el analista está separado de esta información por la llamada “Muralla China” y las imposiciones regulatorias); el análisis está marcado con el nombre del cliente (para disuadir su diseminación); y el material legal al final del mismo incluso afirma que la pieza en cuestión ni siquiera es análisis (“este material no constituye asesoramiento independiente y no es un producto de Global Investment Research”, la división de análisis “común y corriente” de Goldman). Resulta fascinante este análisis que no es análisis.

Como decía un amigo andaluz: “Estos capullos…”

Ejercita tu escepticismo: historia falsa de tabloide inglés pone a temblar el sistema financiero mundial


La sesión del miércoles en las bolsas del mundo fue una de las más frenéticas dentro de lo que ha sido una semana frenética. El foco de gran parte de las bajas de ayer fueron los bancos franceses, y dentro de este sector el valor más castigado fue el de Société Générale. La especulación giraba en torno a pérdidas derivadas de la depreciación de sus tenencias de deuda griega. Todo esto coincidió con el regreso intempestivo de vacaciones del presidente Sarkozy y una reunión de emergencia del gabinete, presumiblemente para discutir la crisis financiera. El clima de tensión se vio alimentado por rumores sobre una rebaja del ráting de la deuda soberana francesa, lo que socavaría adicionalmente la calidad de los activos de la banca gala.

Gran parte de la especulación fue disparada por un artículo en el dominical inglés The Mail on Sunday. En la subsiguiente estampida de ventas, SocGen perdió un 22,5% de su valor y miles de millones de euros en valor de accionistas se esfumaron al Valhalla monetario.

Al día siguiente se supo que la historia era falsa. El diario inglés se retractó plenamente y la historia original fue eliminada de la web del rotativo. De hecho, la limpieza fue tan exhaustiva que resultó una hazaña encontrar esta versión del artículo en cuestión. En vista de lo que está en juego, no sorprende.

Y hoy viene a conocerse la deliciosa noticia, cortesía de Le Figaro, de que el Mail on Sunday basó su pieza en una historia ficticia publicada por Le Monde. Se trata de un folletín en doce capítulos sobre una supuesta crisis financiera en mayo de 2012:

El artículo de Watkins y Atkins no contiene citas que estén sacadas directamente de la serie de Le Monde, pero las acusaciones lanzadas contra SocGen y UniCredit, así como la mención de la intervención de Nicolas Sarkozy, se encuentran en ambos documentos.

Si bien el relato ficticio de Le Monde está estructurado como un artículo sobre eventos reales, Le Figaro acota que un periodista conocedor de la fuente debería haber podido advertir su naturaleza:

Incluso aunque se viera engañado por la precisión de las descripciones y la verosimilitud de las situaciones, el lector avisado comprendería plenamente que se trataba de una ficción. En agosto de 2011, Bruno Le Maire no es ministro de Finanzas sino de Agricultura, y el italiano Mario Draghi no se ha encargado aún del timón de BCE, que sigue en manos de Jean-Claude Trichet.

Resulta que el Mail on Sunday no es precisamente el Financial Times. Su portal de hoy está dedicado a estridentes reclamos de penas duras contra saqueadores, la herencia de la duquesa española, la boda de Kate Moss y las curvas de alguien llamada Lauren Goodger. (Si el precio de que los tabloides británicos ya no puedan invadir la privacidad ajena es que simplemente comenzarán a inventar historias basándose en la literatura folletinesca, quizás habría que repensar la legislación sobre la privacidad.) Lo cual plantea la duda de si los periodistas ingleses leyeron mal el relato francés o si hay algún bromista francés jugando a ser una versión financiera de Nuestro hombre en La Habana.

Cada vez se vuelve más aparente que la cantidad de cosas verosímiles es mucho mayor al conjunto de cosas que son ciertas. A medida que nos vemos expuestos a más información, tenemos que volvernos más escépticos. La semana pasada dio la vuelta al mundo un supuesto estudio que reveló que los usuarios de Internet Explorer tenían cocientes de inteligencia muy inferiores a los usuarios de Firefox y Chrome. Resulta que todo fue obra de un comunicado de prensa de una empresa de publicidad. Tim Harford reveló en su podcast de esta semana que la BBC llegó a consultar a dos expertos en estadística sobre el tema y ambos lo descartaron de plano como un estudio falso. No obstante los sendos baldazos de agua fría, la BBC de todos modos decidió publicar la pieza. El vacío informativo tiene que ser rellenado, poco importa si se trata de información falsa o veraz, incluso en las áreas más prestigiosas del periodismo.

Por otra parte, asombra lo frágiles que son los mercados en épocas de crisis. Una pieza mal reportada y sin respaldo en un diario de tercera categoría puede empujar a uno de los bancos más grandes del mundo al borde en menos de tres días y hacer temblar los fundamentos del sistema financiero mundial.

Acerca de Miguel Llorens

Soy un traductor financiero autónomo especializado en documentos financieros, renta variable, renta fija e informes anuales. He trabajado como traductor de plantilla para Goldman Sachs, RGFT (ahora CLS Communications), H.B.O. y el Open Source Center. Para conocer más sobre mis servicios, visite traductor-financiero.com