He estado leyendo el libro Globish de Robert McCrum y estoy jugando con la idea de tocar el tema del inglés como segundo idioma en una carta de marketing a clientes potenciales. El libro en sí no es muy recomendable. En primer lugar, lo que hace es reciclar gran parte del material incluido en la serie de siete episodios sobre la historia del inglés que el autor escribió hace un cuarto de siglo para la televisión pública de Estados Unidos (puedes ver la serie de documentales aquí; no tiene desperdicio, por cierto). En segundo lugar, lejos de tratar en su totalidad el tema del globish, realmente se trata de un libro que en su mayoría contiene una historia del inglés con un par de capítulos al final sobre el fenómeno actual del globish.
Sin embargo, más que el libro, lo que ha cautivado mi imaginación es el concepto del globés, porque toca directamente varios puntos neurálgicos de la traducción en la actualidad. No nos llamemos a engaños: el 80% de la industria de la traducción implica la traducción desde o hacia el inglés. El inglés como idioma puente además es bastante común. El inglés es nuestro esperanto. Excepto que realmente no lo es. Nuestro verdadero esperanto es el globish. (Cualquier comentario sobre el texto, tanto negativo como positivo, que tengan los hipotéticos lectores de este blog, les ruego añadirlos, sin ninguna clase de complejo o tapujo):
¿Sus documentos están traducidos al inglés o al globish?
En el mundo moderno, todos hablamos inglés. Es un requerimiento mínimo para el desempeño de prácticamente cualquier labor profesional. Pero cabe la pregunta: ¿sus documentos traducidos están escritos en inglés o en globish? El globish, o “globés”, es la versión simplificada del inglés que funciona como medio de comunicación de los negocios globalizados. El nombre fue inventado por un periodista francés cuando escuchó a un ejecutivo español comunicándose con un soldado indio en un aeropuerto árabe durante la década de los 90. Aunque ninguno de los dos interlocutores hablaba el inglés a la perfección, empleaban el idioma como un puente entre dos culturas radicalmente diferentes. El globish se parece al inglés, pero es una versión simplificada del mismo: el vocabulario es más reducido y sus hablantes pasan por alto las reglas cultas que rigen la lengua de Shakespeare. ¿Cuándo se usa who y cuándo se emplea whom? ¿Cuándo es correcto utilizar “you and me” y cuándo es apropiado “you and I”? ¿Cuál es la diferencia entre that y which? Estos son los detalles gramaticales que a diario les colocan pequeñas zancadillas a los hablantes del inglés y que distinguen al hablante culto del que lo habla como segundo idioma o del principiante. Los hablantes del globish, en contraste, pasan con desenfado por encima de estas dificultades y se comunican sin problemas.
El globish es adecuado para el correo electrónico, para el lenguaje hablado (tanto por teléfono como en persona) y para muchas interacciones cotidianas. Pero el globish escrito —en contraposición al hablado— no es apropiado para los documentos “críticos”, aquellos en los que usted y su organización invierten cantidades importantes de tiempo y dinero con el fin de cumplir su misión esencial. El globish escrito envía un cúmulo de mensajes negativos: falta de profesionalismo, incompetencia, baja calidad, poca fiabilidad… Precisamente las connotaciones que deseamos evitar a la hora de venderle un activo a un profesional de la inversión o a alguien que analiza diversas opciones para conservar el valor de sus ahorros en estos tiempos tan difíciles.
Su documento tiene que estar redactado en inglés de alta calidad. Y la única forma de asegurarse de ello es contratar a un traductor cuya lengua nativa sea el inglés. El inglés profesional le brindará una ventaja frente a sus competidores, que están inundando los buzones de clientes de toda Europa con documentos traducidos a un globish mediocre. La comunicación exitosa de un mensaje en un mundo donde miles de mensajes compiten por nuestra atención exige perfección formal. Un error ortográfico, una frase incomprensible, un solo error mínimo… y la atención del lector se esfuma en un instante. No permita que eso les suceda a sus documentos. Contrate a un traductor especializado que le dedique el mismo grado de atención a la traducción de sus documentos que usted invierte en redactarlos.
Y colorín, colorado, hasta aquí hemos llegado. Cualquier comentario será apreciado.
Acerca de Miguel Llorens
Soy un traductor financiero autónomo especializado en documentos financieros, renta variable, renta fija e informes anuales. He trabajado como traductor de plantilla para Goldman Sachs, RGFT (ahora CLS Communications), H.B.O. y el Open Source Center. Para conocer más sobre mis servicios, visite traductor-financiero.com





