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¿Sus documentos están traducidos al inglés o al globés?


He estado leyendo el libro Globish de Robert McCrum y estoy jugando con la idea de tocar el tema del inglés como segundo idioma en una carta de marketing a clientes potenciales. El libro en sí no es muy recomendable. En primer lugar, lo que hace es reciclar gran parte del material incluido en la serie de siete episodios sobre la historia del inglés que el autor escribió hace un cuarto de siglo para la televisión pública de Estados Unidos (puedes ver la serie de documentales aquí; no tiene desperdicio, por cierto). En segundo lugar, lejos de tratar en su totalidad el tema del globish, realmente se trata de un libro que en su mayoría contiene una historia del inglés con un par de capítulos al final sobre el fenómeno actual del globish.

Sin embargo, más que el libro, lo que ha cautivado mi imaginación es el concepto del globés, porque toca directamente varios puntos neurálgicos de la traducción en la actualidad. No nos llamemos a engaños: el 80% de la industria de la traducción implica la traducción desde o hacia el inglés. El inglés como idioma puente además es bastante común. El inglés es nuestro esperanto. Excepto que realmente no lo es. Nuestro verdadero esperanto es el globish. (Cualquier comentario sobre el texto, tanto negativo como positivo, que tengan los hipotéticos lectores de este blog, les ruego añadirlos, sin ninguna clase de complejo o tapujo):

¿Sus documentos están traducidos al inglés o al globish?

En el mundo moderno, todos hablamos inglés. Es un requerimiento mínimo para el desempeño de prácticamente cualquier labor profesional. Pero cabe la pregunta: ¿sus documentos traducidos están escritos en inglés o en globish? El globish, o “globés”, es la versión simplificada del inglés que funciona como medio de comunicación de los negocios globalizados. El nombre fue inventado por un periodista francés cuando escuchó a un ejecutivo español comunicándose con un soldado indio en un aeropuerto árabe durante la década de los 90. Aunque ninguno de los dos interlocutores hablaba el inglés a la perfección, empleaban el idioma como un puente entre dos culturas radicalmente diferentes. El globish se parece al inglés, pero es una versión simplificada del mismo: el vocabulario es más reducido y sus hablantes pasan por alto las reglas cultas que rigen la lengua de Shakespeare. ¿Cuándo se usa who y cuándo se emplea whom? ¿Cuándo es correcto utilizar “you and me” y cuándo es apropiado “you and I”? ¿Cuál es la diferencia entre that y which? Estos son los detalles gramaticales que a diario les colocan pequeñas zancadillas a los hablantes del inglés y que distinguen al hablante culto del que lo habla como segundo idioma o del principiante. Los hablantes del globish, en contraste, pasan con desenfado por encima de estas dificultades y se comunican sin problemas.

El globish es adecuado para el correo electrónico, para el lenguaje hablado (tanto por teléfono como en persona) y para muchas interacciones cotidianas. Pero el globish escrito —en contraposición al hablado— no es apropiado para los documentos “críticos”, aquellos en los que usted y su organización invierten cantidades importantes de tiempo y dinero con el fin de cumplir su misión esencial. El globish escrito envía un cúmulo de mensajes negativos: falta de profesionalismo, incompetencia, baja calidad, poca fiabilidad… Precisamente las connotaciones que deseamos evitar a la hora de venderle un activo a un profesional de la inversión o a alguien que analiza diversas opciones para conservar el valor de sus ahorros en estos tiempos tan difíciles.

Su documento tiene que estar redactado en inglés de alta calidad. Y la única forma de asegurarse de ello es contratar a un traductor cuya lengua nativa sea el inglés. El inglés profesional le brindará una ventaja frente a sus competidores, que están inundando los buzones de clientes de toda Europa con documentos traducidos a un globish mediocre. La comunicación exitosa de un mensaje en un mundo donde miles de mensajes compiten por nuestra atención exige perfección formal. Un error ortográfico, una frase incomprensible, un solo error mínimo… y la atención del lector se esfuma en un instante. No permita que eso les suceda a sus documentos. Contrate a un traductor especializado que le dedique el mismo grado de atención a la traducción de sus documentos que usted invierte en redactarlos.

Y colorín, colorado, hasta aquí hemos llegado. Cualquier comentario será apreciado.

Acerca de Miguel Llorens

Soy un traductor financiero autónomo especializado en documentos financieros, renta variable, renta fija e informes anuales. He trabajado como traductor de plantilla para Goldman Sachs, RGFT (ahora CLS Communications), H.B.O. y el Open Source Center. Para conocer más sobre mis servicios, visite traductor-financiero.com

“Op Twist”: estrella en ciernes de la terminología financiera


Es una perogrullada de licenciado en Letras observar que el lenguaje está en perpetua evolución. Esta observación nada original, no obstante, es incluso más certera en el caso de la jerga en el mundo de la economía. Sigue leyendo

Donde los ángeles no osan pisar…


Igual que muchos traductores especializados, los periodistas por lo general no tienen estudios formales en las áreas que cubren. Y a veces recibimos recordatorios abruptos de ello. Los doctores en economía perseguirán carreras como economistas académicos o funcionarios del Estado. Muy pocos se dedicarán al periodismo o a la traducción. Lo que significa que estas áreas relacionadas son ejercidas por aficionados apasionados pero quizás con algunas lagunas en su conocimiento. Estas carencias por lo general están ocultas, pero a veces esos cuerpos lacustres se abren ante nuestra vista para revelar una extensiones bastantes masivas.

Una ocasión semejante se presentó durante el Aspen Ideas Festival. Chrystia Freeland es una periodista de Reuters muy respetada. Se ha especializado en el estudio de la emergente clase de los superrricos y aparece entrevistada por televisión con gran frecuencia. Durante este evento, Freeland entrevistó a Justin Wolfers, un joven economista australiano que está muy de moda porque estudia el problema de la felicidad, tema muy en boga gracias a políticos como David Cameron. En el vídeo, Wolfers aparece con una melena rubia y unas gafas oscuras que lo hacen parecen un surfista californiano perdido en un mar de economistas y superestrellas de las finanzas.

En la entrevista, Wolfers menciona el estancamiento del ingreso de la familia estadounidense mediana. El intercambio es el siguiente:

Wolfers: Si quieres ser pesimista —y yo no soy tan pesimista— el ingreso de la familia mediana disminuyó durante la era Bush. Esto significa que si eres la familia mediana, ya has atravesado una década perdida.

Freeland: De modo que si eres la familia estadounidense media, no solo te has estancado sino que tus ingresos han disminuido.

Wolfers: La mediana, no la media…

Freeland (impaciente): La mediana es una especie de media, Justin.

Wolfers: No, una media es una especie de media. La mediana es la que está en el medio… Es la típica. ¿Te suena mejor así?

Freeland: La familia estadounidense típica…

Wolfers: A mí me pagan para que preste mucha atención a estas sutiles distinciones.

Wolfers es muy diplomático, aunque sus ojos traicionan un poco de la sorpresa al tener que explicar que una media es una media y la mediana es otra cosa. Porque la distinción no es nada sutil. Los conceptos en sí son muy sencillos. Según Wikipedia, la mediana “es el valor de la variable que deja el mismo número de datos antes y después que él, una vez ordenados estos”. Y la media es el producto de la suma de todos los valores en un conjunto dividido por el número de estos valores. La media y la mediana no siempre coinciden.

Quizás no sea justo criticar a Freeland. Al fin y al cabo, ella no es una especialista (aunque los conceptos en cuestión son un poco pedestres). Lo que sí criticaría es que ella insiste en su error al verse corregida: “Una mediana es una especie de media, Justin”. Sirva de recordatorio para que seamos humildes cuando estemos incursionando en el área de experiencia de nuestros colegas o clientes. “Fools rush in where angels fear to tread” (Donde los ángeles no osan pisar, los tontos entran a trompicones).

Acerca de Miguel Llorens

Soy un traductor financiero autónomo especializado en documentos financieros, renta variable, renta fija e informes anuales. He trabajado como traductor de plantilla para Goldman Sachs, RGFT (ahora CLS Communications), H.B.O. y el Open Source Center. Para conocer más sobre mis servicios, visite traductor-financiero.com

Una póliza de seguro contra el fin del mundo


It’s the end of the world as we know it / and I feel fine.

R.E.M., “The End of the World as We Know It”

Estamos al borde del abismo financiero. Igual que en 2008. Y en 2001 después del 11 de septiembre. Y 1998, cuando el default ruso.  Y en 1997, cuando Tailandia anunció una depreciación relámpago de su moneda. Y 1996, cuando el “efecto tequila”. Y en la década de los 80, cada vez que un país latinoamericano estornudaba. Si uno lee los títulos de las memorias de los titanes de las finanzas, creería que esta ha sido la época más inestable desde que Gengis Kan amenazaba con arrasar el mundo civilizado. Robert Rubin, ex consejero delegado de Goldman Sachs y secretario del Tesoro bajo Clinton, denominó su libro In an Uncertain World (“En un mundo incierto”). Su sucesor en Goldman y luego en la secretaría del Tesoro de Bush intituló su libro sobre su época como apagafuegos mundial On the Brink, es decir, “Al borde” (entiéndase: del precipicio). Y no menos alarmista fue el expresidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, cuyas memorias llevan el poco reconfortante título de The Age of Turbulence, o “La edad de la turbulencia”. (No me cuadra mucho la alusión a la novela de Edith Wharton filmada por Scorsese, en la que unos aristócratas neoyorquinos del siglo diecinueve se debaten entre las exigencias de la libido, por un lado, y la posible pérdida de su sitial en la jerarquía social, por otro. A menos que  el punto que une los dos libros sea la fragilidad denunciada por Nassim Nicholas Taleb. Si en el Nueva York de la belle époque un divorcio indiscreto corría el riesgo de destruir el bienestar de decenas  de personas de un solo plumazo, los préstamos mal distribuidos en nuestro siglo corren el riesgo de dar al traste con el estatus social de miles de millones.)

El año pasado, Jamie Dimon, consejero delegado de JP Morgan y actualmente el banquero más poderoso del mundo, bromeó ante un interrogatorio en el Congreso que al preguntarle su hija qué era una crisis financiera, él respondió que se trataba de “algo que sucede cada cinco años”. Me imagino la risa un poco nerviosa y hueca de los legisladores.

Esta semana, apenas completado el enésimo capítulo de la crisis de deuda europea tras la cumbre del jueves, el foco inmediatamente se volvió a posar en Washington, donde los republicanos están tratando de utilizar el plazo de vencimiento del techo de la deuda como palanca para obtener recortes feroces al gasto fiscal. Con poco más de una semana antes de que venza el plazo, las partes siguen irreconciliables, intercambiando insultos indirectos en conferencias de prensa en lugar de propuestas en salas de negociación.

potada The Economist

El reconfortante arte de The Economist

No es poca cosa lo que está en juego. Un impago —por más técnico que sea— por parte de Estados Unidos sería el equivalente a 1.000 accidentes como Fukushima sucediendo el mismo día. Se trata de cosas que ni siquiera merece la pena considerar… hasta el día que hay que considerarlas.

El problema es que  nuestra “edad de la turbulencia” nos ha hecho chocar de bruces cada tres o cuatro años con el fin del mundo. Tanto así que se están abandonando los modelos de mercados eficientes a favor de conceptos como el “tail risk”, que se puede traducir al español como “riesgo de suceso extremo” o “riesgo de evento catastrófico”. En un mundo donde los mercados son eficientes, las crisis extremas son una probabilidad meramente estadística, pero no son frecuentes porque los mercados siempre tienden al equilibrio. Pero no vivimos en un mundo de árboles de chupachup, castillos de caramelo o mercados eficientes, sino uno donde los mercados tienden a extremos peligrosos con más frecuencia de la que quisiéramos.

Ya está empezando a aparecer toda la parafernalia que acompaña a los eventos catastróficos. Los relojes con cuentas regresivas en los canales estadounidenses de finanzas. Entradas de bitácora como esta, donde un reportero de PBS, la televisión pública americana, responde a un lector ansioso que pregunta si hay que abastecerse de efectivo ante el inminente vencimiento del plazo de la deuda pública (la respuesta es negativa, porque los bancos solo estarán en riesgo si el impago técnico se prolonga por semanas o meses).

cuenta regresiva

¡Uyuyuy!

Frente a toda esta tensión gran guiñolesca, compárese la situación en el mercado de deuda del gobierno estadounidense. Reina la placidez más absoluta. Calma chicha. “Se avecina el fin del mundo tal y como lo conocemos / y nosotros nos sentimos perfectamente bien”, parecen corear los inversores en renta fija con R.E.M. Igual que Lenny Bruce en la canción, no tienen miedo. El mercado no solo no ha sentido pánico por el inminente derrumbe sino que estos bonos, que podrían entrar en impago técnico dentro de una semana (!), incluso han subido de precio (!!). Lo que lleva a los economistas neokeynesianos como Paul Krugman a señalar muy satisfechos que no hay necesidad de una contracción fiscal anticíclica para evitar una supuesta crisis en los mercados de renta fija. Según esta perspectiva, la estabilidad de los bonos públicos estadounidenses es prueba de que los mercados están más que felices de prestarle dinero a Washington a pesar de los déficit y la creciente deuda.

Si bien la situación ciertamente no es tan grave como para cavar un refugio antiaéreo y almacenar comida enlatada, un impago técnico sí podría tener consecuencias imprevistas y esto es precisamente lo que mantiene en vilo a los encargados de formular políticas económicas.  Esa fue la amarga lección de Lehman Brothers en 2008. Se suponía que el mercado había tenido varios meses para prepararse para la posibilidad de esta quiebra. Pero la súbita desaparición de Lehman hizo que los poseedores de pólizas antiquiebra suscritas por AIG corrieran a esta aseguradora a exigir indemnizaciones, arrastrándola a su vez a la quiebra. También resultó que los fondos de mercado monetario —que muchos se habían acostumbrado a considerar como casi tan seguros como depósitos bancarios— habían invertido cantidades absurdas en bonos de Lehman. Al anunciar estos fondos que incurrirían en pérdidas, el sistema de banca minorista —que es el que nosotros empleamos en nuestra vida cotidiana— comenzó a tambalearse. Lo crucial es que la semana antes de Lehman, nadie había pensado en estas consecuencias. En nuestro mundo ultracomputarizado y sofisticado, incluso los reguladores, financistas y políticos más poderosos carecen de una imagen clara sobre todas las complicadas interrelaciones entre las instituciones y mercados. O mejor dicho, carecen de esa hoja de ruta hasta el día que todos los dominós comienzan a temblar y el sistema queda al desnudo como un gigantesco castillo de naipes.

Ahora bien, si perdemos el sueño por estos riesgos ignotos (los célebres “desconocidos desconocidos” de Donald Rumsfeld), ¿hay alguna forma de comprar cobertura contra el Apocalipsis? Primero: es poco probable que jamás exista un producto de este tipo al alcance de un inversor particular, por muy acaudalado que se sea. Segundo: cualquier producto que asegure contra el “riesgo de cola” es difícil de diseñar. Cualquier contrato semejante tendría que cuantificar el riesgo y ¿cómo hace uno para cuantificar el riesgo de una crisis financiera extrema?

Como escribe el bloguero Felix Salmon:

Si uno está comprando un seguro, necesita contar con la certeza de que su aseguradora estará en capacidad para pagar la indemnización en la eventualidad de una catástrofe. Pero en los mercados, su aseguradora es precisamente la clase de institución que probablemente entrará en quiebra debido a un evento extremo imprevisto.

Dicho de otro modo, ¿de qué sirve tener una póliza de seguro contra el Armagedón si tu empresa de seguros también sucumbirá?

Acerca de Miguel Llorens

Soy un traductor financiero autónomo especializado en documentos financieros, renta variable, renta fija e informes anuales. He trabajado como traductor de plantilla para Goldman Sachs, RGFT (ahora CLS Communications), H.B.O. y el Open Source Center. Para conocer más sobre mis servicios, visite traductor-financiero.com

Consejos de ortotipografía y una observación sobre el empleo de las comillas


Por Twitter pude ver una presentación muy bien diseñada: “Microconsejos de estilo y ortotipografía para el traductor desprevenido”. Contiene un repaso muy útil de varias dudas y dificultades ortográficas y estilísticas con que el traductor se topa a diario. No tiene desperdicio. Fue elaborada por Ney Fernandes, cuya web es www.filigranatraducciones.com.

Se puede consultar en la siguiente dirección:

http://prezi.com/rraoupl93rvr/microconsejos-de-estilo-y-ortotipografia-para-el-traductor-desprevenido/

Ni tan calvo ni con dos comillas

El único punto en el que discrepo con el autor es en la siguiente regla:

Nos hemos acostumbrado a las comillas inglesas (“”), pero la jerarquía de las comillas en español es la siguiente:

  • comillas latinas: «» (alt+174 y alt+175)
  • comillas inglesas: “”
  • comillas simples: ‘’

Ejemplo de la RAE: Antonio me dijo: «Antonio me dijo: “Vaya ‘cacharro’ que se ha comprado Julián”».

Esta regla me tomó un poco por sorpresa debido a que confieso que las comillas angulares (también conocidas como inglesas, españolas o latinas) nunca las he usado. Incluso me tomé la molestia de tratar de reproducir los comandos enumerados en la diapositiva citada arriba para insertarlas en un documento de Word 2010, pero no resultó. Tuve que modificar los hotkeys para no tener que tomarme la molestia de hacer clic hasta el menú de caracteres especiales y bajar las benditas comillas canónicas a mi texto. Ahora bien, hasta ahora me había defendido bastante bien por la vida con mis comillas inglesas y simples. Echar por la borda este “anglicanismo” para plegarme a la Santa Iglesia Académica me produce un poco de fastidio. Decidí investigar un poco más, debido a que esta jerarquía se me antojaba como un poco anticuada.

Efectivamente, las reglas que invoca el autor de la presentación corresponden a las recetas de la Real Academia Española (consúltelas aquí).

Sin embargo, una ojeada a los diarios más importantes de España revela que hay mucha más heterodoxa promiscuidad en el uso práctico.

El País, El Periódico, Expansión y Cinco Días utilizan comillas inglesas tanto en sus títulos como en las citas dentro del texto:

Título: Miles de personas despiden a Cabral en Buenos Aires al grito de “chau, chau, Facundo”

Texto: Chau era una de las canciones de Cabral, en la que decía “chau, nos volveremos a ver”, “yo soy tu amigo porque soñaste el mismo mundo con el que sueño” y “Dios nos pone cada cosa en su lugar: por eso le da un Reagan a EE UU, pero un Gandhi a la India”.

http://www.elpais.com/articulo/cultura/Miles/personas/despiden/Cabral/Buenos/Aires/grito/chau/chau/Facundo/elpepucul/20110713elpepucul_6/Tes

El Mundo emplea comillas simples para títulos y comillas inglesas para los textos:

Título: Sergio Agüero: ‘No vuelvo al Atlético’

Texto: Sergio Agüero reiteró que no regresará al Atlético de Madrid porque necesita “cambiar de aires” y aseguró que mantiene la misma opinión que ya transmitió al club y a los aficionados justo antes de desplazarse a Argentina para disputar la Copa América.

http://www.elmundo.es/elmundodeporte/2011/07/13/futbol/1310572479.html

ABC es el único diario que se pliega al pie de la letra a la recomendación de la RAE:

Título: El exministro Piqué respalda a Zapatero: «La actitud de Alemania es preocupante»

Texto: Para ello, recalcó, «sería necesaria la cesión de competencias en materia fiscal y laboral» por parte de todos los estados de la zona euro, algo que consideró «difícil».

http://www.abc.es/20110713/economia/abcm-ministro-pique-respalda-zapatero-201107131824.html

La atención a las rectas normas para hablar y escribir es importante, pero la obsesión por introducir uniformidad incluso en los aspectos más nimios de la expresión escrita me parece un poco excesiva. Afortunadamente no todas las instituciones llevan la búsqueda de la uniformidad hasta extremos innecesarios.

Acerca de Miguel Llorens

Soy un traductor financiero autónomo especializado en documentos financieros, renta variable, renta fija e informes anuales. He trabajado como traductor de plantilla para Goldman Sachs, RGFT (ahora CLS Communications), H.B.O. y el Open Source Center. Para conocer más sobre mis servicios, visite traductor-financiero.com

La prima de riesgo desbanca momentáneamente a Justin Bieber


No es un buen síntoma que un término financiero se convierta en trending topic en Twitter (o, como recomienda Fundéu, “tema del momento”). Hay una terrible correspondencia entre la frecuencia con que “CDO” y “subprime” estaban en boca de legos y hasta de comediantes estadounidenses en 2008 y la velocidad con la que su economía se estaba yendo al sumidero. Hoy le toca a la “prima de riesgo” en castellano, cuya traducción al inglés es risk premium, el diferencial o spread entre los bonos alemanes y los del resto de la UE.  Cuanto mayor es el diferencial entre la rentabilidad de estos, mayor es el riesgo percibido por el mercado.

Por supuesto, su popularidad se debe principalmente a los juegos de palabra:

@theibericpost The Iberic Post

Esta buena, sí. Es promiscua, sí. Te sonríe sospechosamente, sí. Pero por ese camino sólo hay hijos retrasados. #primaderiesgo

@tanbanal Ego Dixit

Yo también tengo una #primaderiesgo Se llama Paca y está muy loca

@javmallo Javier Mallo

INQUIETUDES POLIGLÚTEAS: La prima de Riesgo debe de ser una mujer dura de pelar, después de hacerte pasar por caja… ahora se relaja…

@saulphil

como traductor financiero me encanta que #primaderiesgo esté en twitter, pero nadie habla de la #madrequeleparioalriesgo

Y mi propia modesta contribución al género:

@miguelllorens financial-translator

No le temo a la #primaderiesgo, pero sí a la #madredetodoslosimpagos

Me encantaría ver el gráfico en una base de datos que mida la frecuencia con que aparecen palabras en medios impresos, pero lamentablemente el Ngram Viewer de Google solo es aplicable a libros, y eso solo hasta el año 2008.

De modo que tuve que improvisar un Ngram para pobres al consultar la cantidad de ocurrencias de la frase “prima de riesgo” entre comillas en diarios publicados:

En enero de 2001, la consulta arroja un solo mísero resultado.

En enero de 2010, la consulta nos da 95 modestos resultados.

En enero de 2011, después de que las crisis griega, portuguesa e irlandesa hubiesen explotado, ya tenemos un resultado más angustiante: 2.990 resultados para “prima de riesgo”.

Y como colofón, veamos las ocurrencias de este término financiero —que hace una década era exclusiva propiedad de medios especializados— tan solo en los primeros doce días del presente mes de julio: 4.810 resultados. Ufff.

Solo Dios sabe cómo terminará la crisis, pero si la frecuencia disminuye en agosto, quizás podamos respirar más tranquilos.

Acerca de Miguel Llorens

Soy un traductor financiero autónomo especializado en documentos financieros, renta variable, renta fija e informes anuales. He trabajado como traductor de plantilla para Goldman Sachs, RGFT (ahora CLS Communications), H.B.O. y el Open Source Center. Para conocer más sobre mis servicios, visite traductor-financiero.com

QE2 llega a buen puerto (repetición de un post del año pasado)


Todo parece indicar que este mes la Reserva Federal pondrá fin a su controvertido programa de expansión cuantitativa, conocido en inglés como QE2. Aunque no ha tenido todo el éxito anticipado, el cambio de tono político en el Congreso y el auge de la derecha libertaria pro-patrón oro ha inducido a Bernanke y sus colegas a no introducir un QE3, aunque el espectro de más expansión heterodoxa estará vigente mientras dure el estancamiento actual. Aprovecho para volver a publicar esta entrada de bitácora, de noviembre de 2010) debido a que veo a muchos internautas perdidos buscando la recta traducción de esta enigmática sigla:

El término financiero del día, del mes y quizás del año es “QE2″. Una consulta de Google debería revelar con relativa rapidez que se trata del quantitative easing 2, es decir, el aumento de la oferta monetaria para mantener deprimidos los tipos de interés, estimular la inflación y evitar el aterrorizante espectro de la deflación.

¿Por qué el número 2? Porque la medida anunciada esta tarde por la Reserva Federal de EE.UU. consiste en la segunda campaña para estimular la economía mediante el empleo de resortes puramente monetarios. La primera ronda de QE se produjo aproximadamente entre principios de 2008 y principios de 2009, el periodo más álgido de la crisis financiera. Durante esa fase, el banco central estadounidense, aliado con sus pares del resto del mundo, recortó tipos hasta llevarlos a cero o casi cero e inyectó billones a la economía mediante la compra de cualquier valor impreso en papel excepto billetes de lotería.

¿Por qué la sigla? Es un chiste débil. Coincide con las siglas del crucero Queen Elizabeth II (ya sé, no muy gracioso, pero ¿qué va usted a hacerle? Estamos en crisis).QE2 traducción financiera

¿Cómo se traduce? La palabra easing en el sentido de “rebajar tipos” ya está bastante establecida. Los glosarios sugieren “relajación” o “flexibilización” como traducción. El problema es que estas opciones suenan como un contrasentido: ¿cómo hace uno para “relajar” la oferta monetaria? La dificultad proviene de que el término inglés ease para reducir tipos surge como el antónimo de tighten para “elevar tipos” y ninguno de los dos pares de esta antinomia ha hecho una transición feliz al castellano. No obstante, algunas publicaciones en castellano optan por esta versión:

El euro avanza por encima de los 1,413 dólares después de conocerse la noticia del día: la Reserva Federal ha hecho un anuncio de relajamiento monetario (quantitative easing) con la recompra de bonos por valor de entre 850.000 y 900.000 millones de dólares, más de lo estimado por los analistas. http://www.cotizalia.com/noticias/aproxima-maximos-enero-20101103-60488.html

Otras fuentes periodísticas en castellano han preferido una opción más acertada para ease: expandir. Es una versión resumida de “expandir la oferta monetaria”, que es un sinónimo de la reducción de tipos. Cuando un banco central recorta tipos, expande la oferta monetaria. Más personas solicitan crédito, el coste del dinero disminuye, circula con mayor rapidez y hay más actividad económica.

Al aplicar esta solución de “expandir” por ease al célebre quantitative easing, se produce la siguiente opción: expansión cuantitativa.

En la práctica, esta iniciativa de la Fed, que se denomina “expansión cuantitativa” (Quantitative Easing), supondrá que la Fed imprimirá 600.000 millones de dólares para adquirir deuda pública, con el objeto de bajar los tipos a largo plazo para que la gente consuma más, y las empresas puedan endeudarse y contratar.

http://www.google.com/hostednews/epa/article/ALeqM5ibFf6H6f2-piUy9giGIFvhNLvAmg?docId=1398441

Conocido en la jerga financiera como quantitative easing (expansión monetaria cuantitativa), el plan contó con el respaldo de nueve de los 10 miembros con derecho a voto que conforman el Comité de Mercado Abierto. http://www.elperiodico.com/es/noticias/economia/20101104/fed-lanza-plan-estimulo-monetario-425000-millones/576168.shtml

El QE2 es el término abreviado que se utiliza en Wall Street para referirse a la segunda ronda de quantitative easing, o expansión monetaria cuantitativa, nada que ver con el flamante crucero de lujo Queen Elizabeth 2.

Lo cual es absurdo. ¿”Expansión cuantitativa”? ¿Qué otra clase de expansión podría haber? ¿Cualitativa? “Expansión monetaria cuantitativa” es un intento desesperado por salvar este escollo, pero en última instancia fracasa. Sólo por añadir “monetario” no deja de ser un pleonasmo.

Debido a esta disonancia, muchos autores optan por la elipsis o la explicación reducida sin la traducción directa del término:

La quantitative easing o QE, no es otra cosa que imprimir billetes y poner[l]os a circular.

http://eleconomista.com.mx/columnas/columna-especial-valores/2010/11/03/expansion-cuantitativa

La recaída del empleo y del mercado inmobiliario son factores que han llevado a la Reserva Federal a plantear la posibilidad de ampliar la intensidad de su estímulo monetario por la vía de adquisición de activos (quantitative easing), lo único que se puede hacer cuando los tipos están ya al 0%.

http://www.elpais.com/articulo/economia/global/Dilemas/crecimiento/monetarios/elpepueconeg/20101031elpnegeco_4/Tes

Conclusión: la versión más establecida es “expansión cuantitativa”. En mi opinión, sin embargo, tiene el defecto de ser mentalmente dolorosa. Regresemos al término original. ¿Por qué se denomina quantitative en inglés? Es para distinguir este método de expansión de la oferta monetaria del procedimiento más acostumbrado, que consiste simplemente en recortar tipos. ¿Sería descabellado llamarla expansión heterodoxa? ¿Expansión no monetaria (en contraposición a la expansión regular)? Sólo es una sugerencia…

Acerca de Miguel Llorens

Soy un traductor financiero autónomo especializado en documentos financieros, renta variable, renta fija e informes anuales. He trabajado como traductor de plantilla para Goldman Sachs, RGFT (ahora CLS Communications), H.B.O. y el Open Source Center. Para conocer más sobre mis servicios, visite traductor-financiero.com

El pintoresco lenguaje de Wall Street: cómo atrapar un cuchillo en caída libre


Go and catch a falling star, / Get with child a mandrake root…

John Donne

El otro día estaba contemplando la debacle bursátil de Lionbridge, una de las empresas de traducción más grandes del mundo. Hice un comentario sarcástico en Twitter sobre su rendimiento en bolsa: pese a tener una cartera de clientes inmejorable y tarifas de extorsión, León-Puente ha perdido un 27,5% de su valor en tres meses, un 15% en las últimas cinco sesiones y un 5% apenas en un día (el lunes de la semana pasada). Uno de mis compañeros de Twitter hizo un comentario por el estilo de “ahora que están bajitas, quizás valga la pena comprarlas”. Dos días después pensé en el intercambio y me vino a la mente una frase que siempre usan los traders: “Never catch a falling knife”. O sea, nunca trates de coger al vuelo un cuchillo en caída libre.

La sabiduría popular de Wall Street es muy gráfica y su lenguaje es colorido, directo y deliciosamente cruel. Solo porque una acción se ha desplomado desde el Everest no significa que ofrezca valor. De hecho, generalmente significa que aún le falta más trecho por caer. De allí la conseja. No trates de coger al vuelo ese cuchillo, porque podrías terminar hecho jirones.

De la joroba de Trichet al pico de la inflación: anatomía de un error de traducción inglés-español español-inglés


En la sesión de este viernes, 13 de mayo, el euro se desplomó debido a la percepción de que el presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, no veía problemas con la inflación debido a que la misma había alcanzado “un pico”. Esto sugería que no habría aumentos de tipos durante el futuro previsible. No obstante, el blog MarketBeat del Wall Street Journal advirtió que el bajón se debió a un error de traducción. ¿Qué hay de cierto en la afirmación de los blogueros?

El encargado de la política monetaria europea hizo el comentario durante una entrevista de 10 minutos con Televisión Española (la afirmación de la discordia se produce aproximadamente el minuto 9:00). El intérprete español reprodujo sus declaraciones del siguiente modo: “Como ya sabe, hasta ahora hemos conseguido la estabilidad de precios. Ya lo había dicho. Desde el comienzo del euro, somos creíbles. Por supuesto, estamos en un periodo en el que tenemos un pico en el índice de precios al consumo”.

Sin embargo, el verdadero comentario de Trichet fue un poco menos tajante respecto a la inflación. Las palabras originales en inglés del banquero central son: “We have delivered price stability since the inception of the euro. And of course, in the European Union we have a hump in the consumer price index”. La palabra clave es “hump”, que literalmente es una “joroba” y en sentido figurativo puede ser un obstáculo o una etapa difícil (a difficult, trying, or critical phase or obstacle —often used in the phrase over the hump). Traducirla como “pico” se presta a malentendidos debido a que la palabra española significa que lo peor ya ha quedado en el pasado.

Hasta ahora, no había pasado gran cosa: una mera imprecisión lingüística. Simplemente un hump inglés que pasó a ser pico en español. El lío mayor se produjo cuando Reuters tomó las palabras de Trichet y las devolvió a su idioma original pero muy transformadas: “European Central Bank President Jean-Claude Trichet did most of the damage to the euro when he said inflation was at a peak in an interview with Spanish TV, suggesting uncertainty about the pace of future rate hikes in the euro zone” (Mi traducción: “El presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, infligió la mayor parte del daño al euro al afirmar en una entrevista con la televisión española que la inflación había alcanzado un pico, lo que generó incertidumbre sobre el ritmo de futuras alzas de tipos en la zona euro”).

Este paso adelante para volver atrás fue lo que arrastró a la baja la divisa europea. Reuters, apoyándose en la traducción de TVE, creó la impresión de que Trichet había relegado los temores inflacionistas al basurero de la historia.

Pero si analizamos la forma en que Trichet usa la palabra, queda claro que no la emplea en el sentido de que el alza de la inflación sea cuestión del pasado. Efectivamente, ha utilizado la palabra “hump” anteriormente como indicativa de un alza del IPC que podría ser temporal o no, dependiendo del grado de vigilancia de la autoridad monetaria. Hace dos semanas utilizó la bendita palabra en el siguiente contexto: “’It is a hump in the CPI’, Trichet said. “We have no direct impact on the price of oil. But we have to care for the medium run. It depends on us that it would be transitory”. Que traducido significa: “Se trata de un alza en el IPC”, afirmó Trichet. “No tenemos ningún impacto directo sobre el precio del petróleo. Pero debemos estar atentos al medio plazo. Depende de nosotros de que sea transitorio”.

En todo caso, en descargo del intérprete, la palabra empleada por Trichet no es muy afortunada. ¿Querría decir más bien “bump”, que se puede transmitir como un alza? Como indica el diccionario citado arriba, la frase estar “over the hump” significa que ya ha pasado lo peor, la razón más probable por la que el intérprete apeló a “pico”.

En todo caso, estaríamos mejor servidos si el Sr. Trichet utilizase una palabra menos creativa, como por ejemplo “spike” (alza), para referirse a las travesuras de la inflación. Tampoco se debe olvidar que los banqueros centrales son intencionalmente vagos. Los arabescos lingüísticos de Alan Greenspan son legendarios. Lo que pocos saben es que no se trata de una idiosincrasia particular de este o aquel funcionario sino un arma intencional desplegada por los encargados de la política monetaria. En sus memorias, Greenspan recuerda su iniciación en el lenguaje abstruso de la Reserva Federal de Estados Unidos, conocido como “Fedspeak”:

El comité también tenía su propio idioma, al que debía aprender a acostumbrarme. Por ejemplo cuando el FOMC quería autorizar al presidente [de la Reserva Federal] para que elevara el tipo de fondos federales antes de la siguiente reunión regular, no decía “Puede subir los tipos si decide que es necesario”, sino que votaba a favor de “una directiva asimétrica hacia la restricción monetaria”. Greenspan, The Age of Turbulence (p. 102)

En fin, esta comedia de errores es típica de las comunicaciones modernas y, específicamente, de las comunicaciones dentro del complejo entramado político y lingüístico de la Unión Europea: un banquero central francófono concede una entrevista en inglés a una periodista española; los comentarios se traducen al español; la historia es recogida por Reuters, que vierte las palabras de nuevo al inglés y crea la impresión errónea de que el jefe de del BCE está menos atento a la amenaza inflacionista de lo que sugieren sus palabras originales. Si a esto se añade la velocidad con la que viaja la información en los medios contemporáneos y la rapidez con la que los mercados reaccionan a cualquier trozo de información, está servida la mesa para un episodio como el de hoy.

Acerca de Miguel Llorens

Soy un traductor financiero autónomo especializado en documentos financieros, renta variable, renta fija e informes anuales. He trabajado como traductor de plantilla para Goldman Sachs, RGFT (ahora CLS Communications), H.B.O. y el Open Source Center. Para conocer más sobre mis servicios, visite traductor-financiero.com


Mentiras, malditas mentiras y estadísticas


Las cifras de paro son aparentemente inescrutables. Esta tarde se divulgó en Estados Unidos la tasa de desempleo para el mes que acaba de terminar y resulta que aunque la economía añadió 244.000 puestos, la tasa de paro aumentó del 8,8% al 9,0%. Ajá, pensé yo, debe ser porque más personas ingresaron a la fuerza laboral (las cifras de desempleo no representan el porcentaje de la población adulta que no tiene empleo sino el porcentaje de la población adulta que activamente busca empleo). En esos casos, un aumento en la tasa de desempleo puede ser ligeramente positivo porque indica que más personas están buscando empleo activamente debido a una mejora de las perspectivas.

Sin embargo, nada de esto sucedió. La tasa de paro americana aumentó debido a una discrepancia entre dos sondeos distintos utilizados en la elaboración de la cifra general. Uno es el household survey, que mide cuántas personas reportan estar desempleadas. (Ojo, household survey no es una encuesta de viviendas sino una encuesta de hogares o familias.) Otro es el establishment survey, que mide cuántos empleos las empresas reportan haber creado. ¿Por qué no coinciden las dos medidas? Misterios de la ciencia patética. Para mí, es un recordatorio de que no se deben tomar las cifras estadísticas como reflejos nítidos de la realidad.

Afortunadamente para los legos como yo, los periodistas de Planet Money consultaron a un economista sobre la discrepancia y obtuvieron la siguiente respuesta: “a lo largo del tiempo, los dos indicadores retratan las mismas tendencias subyacentes, pero la encuesta de hogares es mucho más volátil a lo largo de periodos cortos”. Aunque los dos sondeos suelen coincidir bastante, a veces surgen diferencias, lo cual creó el resultado bipolar de hoy, que permitió a la Casa Blanca apuntar a la sólida creación de un cuarto de millón de plazas y a los republicanos invocar el aumento en la tasa general.

Lo cual me trajo a mente un dato curioso sobre los datos de desempleo. El País reportó este fin de semana sobre el desempleo juvenil: “La EPA cifra el desempleo entre los menores de 25 años en el 45%, más de 860.000 jóvenes. A finales de 2007, cuando comenzó la crisis, el paro juvenil era inferior al 18%”. Sin embargo, un podcast reciente del “economista encubierto” Tim Harford pone de relieve el hecho de que la tasa de paro juvenil incluye a los estudiantes. Es decir, los jóvenes entre 18 y 25 que acuden a la universidad se consideran desempleados. Hay buenas razones a favor y en contra para ello y, por supuesto, incluso restando a los estudiantes de la cifra de paro, el problema de la juventud sigue siendo terrible. Solo que las estadísticas a veces dicen más de lo que realmente deberían.

Acerca de Miguel Llorens

Soy un traductor financiero autónomo especializado en documentos financieros, renta variable, renta fija e informes anuales. He trabajado como traductor de plantilla para Goldman Sachs, RGFT (ahora CLS Communications), H.B.O. y el Open Source Center. Para conocer más sobre mis servicios, visite traductor-financiero.com