Cuando le preguntas a un inglés cuál es la diferencia entre Gran Bretaña y el Reino Unido, responde como un soldadito bien entrenado que Gran Bretaña es la isla donde se encuentran Inglaterra, Escocia y Gales, mientras que el Reino Unido, en contraste, es la entidad política que reúne a Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte. Esta distinción queda reflejada en una advertencia emitida por la Fundéu hace algunas semanas:
Términos que no deben emplearse indistintamente.
Recuérdese que Gran Bretaña está formada por Inglaterra, Escocia y el País de Gales; y el Reino Unido por Gran Bretaña e Irlanda del Norte.
Por tanto, Gran Bretaña no es sinónimo de Reino Unido, puesto que se deja fuera a Irlanda del Norte y que tampoco lo es Inglaterra, que solo es una parte del país, como lo son Gales, Escocia e Irlanda del Norte.
Ahora bien, esto es técnicamente correcto, por cuanto corresponde con el concepto estricto que se emplea para hablar de este país. El problema es que la regla según la cual «Gran Bretaña» no coincide con el «Reino Unido» no se respeta en muchos usos de estos términos por parte de los mismos británicos. Si se escucha a un inglés hablar de «Britain» e incluso «Great Britain» y se le pregunta si está excluyendo explícitamente de su afirmación a Irlanda del Norte, en el 99% de los casos te dirá que no, que estaba usando estos términos en sentido laxo. Gran sorpresa: el uso lingüístico se desvía con frecuencia de la norma y el concepto. Por eso, traducir sus afirmaciones al español como «Gran Bretaña» en lugar del «Reino Unido» sería incorrecto. En este caso, «Great Britain» es el «Reino Unido», en contradicción directa de la advertencia de Fundéu. Dicho de otro modo, el traductor o revisor que imagina que el término «Britain» en muchos de sus textos se debe traducir como Gran Bretaña se está equivocando rotundamente. En muchos casos, debe traducir este término usando «Reino Unido», porque el hablante no está excluyendo a Irlanda del Norte de su afirmación. Lo que quisiera ilustrar es que afincarse excesivamente sobre las definiciones lexicográficas sin tener en cuenta el contexto del uso te llevaría a cometer errores de traducción. Y lo que distinguirá a un buen traductor de un gran traductor es tener esa sabiduría que no está en los libros. Es importante saber apartarse de nuestros doctos diccionarios y normas cuando así lo dicten el sentido común y el respeto por las idiosincrasias del uso.
Me parece un ejemplo perfecto de los errores en los que podemos incurrir al creer que hay una correspondencia unívoca entre nuestros conceptos, nuestras palabras y nuestra realidad. Y creo que esta es una de las principales flaquezas de la normatividad a ultranza de ciertas instituciones lingüísticas: creer que la definición del diccionario tiene alguna clase de precedencia sobre el uso, o que incluso refleja tanto el uso como el concepto exhaustivamente. Un diccionario no es una autoridad, ni una descripción del uso, ni una descripción completa de nuestros conceptos. Es un poco de todas estas cosas a la vez y ninguna. Y por eso debemos aprender a utilizarlo como una herramienta y no como una recopilación de leyes. Desconfía de todo aquel que bese el libro después de cerrarlo.
Aprender reglas es fácil. Los chimpancés son tan buenos como los seres humanos para eso. Es muchísimo más difícil prestar atención a las sutilezas del uso y las trampas conceptuales del lenguaje. Una de estas dos habilidades es la que distingue a un profesional realmente útil. Adivina tú cuál es cuál.
Acerca de Miguel Llorens
Soy un traductor financiero autónomo especializado en documentos financieros, renta variable, renta fija e informes anuales. He trabajado como traductor de plantilla para Goldman Sachs, RGFT (ahora CLS Communications), H.B.O. y el Open Source Center. Para conocer más sobre mis servicios, visite traductor-financiero.com. También estoy en Twitter y LinkedIn.

Eso está muy bien si tienes suficiente contexto o si puedes preguntar al emisor si está excluyendo Irlanda del Norte o no. Cuando no se puede, que yo diría es la mayoría de casos, hay que seguir la regla, que para eso está. Es como con el billion: entiendo que si hablan en inglés (sean nativos o no, de este lado del charco o del otro), se refieren al millardo a no ser que tenga excelentes razones para sospechar que quieren decir billón.
No estoy de acuerdo. Incluso cuando no puedas interrogar al hablante o no tengas acceso al autor, ceñirse a la regla te llevaría a equivocarte. En el 99% de los casos, cuando Cameron dice “Britain”, se refiere al Reino Unido.
Lo que digo es que si no tengo razones para sospechar, ni puedo consultar con el emisor, sigo la regla. Ya sé que a muchos británicos les gusta decir “Britain” en lugar de “United Kingdom”, es como los yanquis cuando dicen “America” y se refieren a los EE. UU. o cuando yo digo yanquis y me refiero a todos los estadounidenses, estén al norte o al sur de la línea Mason-Dixon.
Tu regla suena sensata, pero en la abrumadora mayoría de los casos te estarías equivocando. El 99% de los usos de “Britain” se deben traducir como “Reino Unido”. La regla más bien debería ser la siguiente: “Britain” es “Reino Unido” a menos que el contexto me haga sospechar lo contrario.
Estoy de acuerdo con Jordi. El hecho de que el emisor utilice como sinónimos Reino Unido y Gran Bretaña no significa que nosotros tengamos que enmendarle la plana.
No es que traducir sus afirmaciones al español como «Gran Bretaña» en lugar del «Reino Unido» sea incorrecto. Lo que es incorrecto es la propiedad en el habla del emisor y, desde el punto de vista de un servidor, dicha impropiedad también debe reflejarse en la traducción.
Allí, allí mismo está el problema de prescriptivismo: “Lo que es incorrrecto es la propiedad en el habla del emisor”. ¿Entonces el emisor tiene que ceñirse al concepto en una lengua extranjera? Es un poco absurdo. Es como enseñarles a las aves a volar. Yo no traduzco errores ni usos irracionales. Porque no es un error. Es simplemente el uso, que no tiene nada de malo y no crea ninguna clase de inconveniencia dentro del milieu homogéneo británico. Yo lo que hago es transmitir un mensaje en otro idioma, sin juzgar lo que considero correcto ni incorrecto.
Miguel, aunque estoy de acuerdo en el fondo del artículo, esto es, el de separarnos en ocasiones de las normas, en mi humilde opinión estás mezclando dos cosas diferentes. La Fundéu nos advierte que, en español, no deben utilizarse indistintamente «Gran Bretaña», «Reino Unido» o «Inglaterra» porque no hacen referencia a lo mismo. Será labor del traductor determinar a cuál de estos conceptos equivale una y otra designación en inglés, para lo cual, como bien dices, en ocasiones tendrá que ir más allá del significado propiamente dicho del término.
Por consiguiente, no veo contradicción alguna con la advertencia de la Fundéu. En un caso hablamos de uso correcto del idioma y en el otro, de traducción.
Un saludo y enhorabuena por el blog.
Creo que comprendo lo que dices, Borja. El problema es que los dictámenes de la Fundéu tienen mucho prestigio entre los traductores. Aunque están dirigidos a periodistas, su influencia se siente mucho más allá de este sector. Al trasladar esta advertencia a la traducción, se cometen errores.
Con el debido respeto para los discrepantes de la tesis que Miguel propone, yo también creo que corregir posibles impropiedades semánticas (o de otro tipo) del emisor distingue a un traductor excelente de un simple buen traductor. No hay que olvidar que en la mayoría de las ocasiones el emisor no es un profesional de la lengua, y lo normal es que se exprese con incorrecciones (aunque esto iría más allá del tema, que es la dualidad uso-norma). Solo añadiría que adaptar el texto final a la intención del emisor tiene riesgos: para empezar hay que ser consciente de dichas disonancias, y el uso es obviamente algo dinámico, lo que exige al traductor estar al cabo de la calle en lo que a ello se refiere. Gracias por hacernos pensar, Miguel.